Acerca de ‘Los precios del Avatar’

No hay hola.

Inicio esta sección de Inspiraciones hablando del segundo relato que escribo como Juan F. Valdivia. Me refiero a ‘Los precios del Avatar’, un relato surgido como parte de un juego propuesto por un sitio web que descubrí hace muy poco: Literautas. Las reglas del juego ya están indicadas en esa web, por lo que no me voy hablar en ellas.

Tampoco ése es el objetivo de esta entrada y de la categoría que con ella inauguro: tengo que hablar de la inspiración, de cómo llego a existir esa diminuta pieza titulada ‘Los precios del Avatar’.

Resumiré en pocas palabras el texto: el padre de un chaval que trabaja en los puertos de una ciudad imaginaria busca la ayuda de un político local para impedir que su hijo se someta a cierto importante y sangriento ritual. Si aun no lo habéis leído os invito a hacerlo antes de seguir leyendo esta entrada.

¿Ya habéis leído el microcuento? ¿No os habéis enterado de qué va el texto? No os preocupéis, dado que es lógico: la culpa la tiene esa condenada limitación de setecientas cincuenta palabras. Esa barrera me ha impedido unir a la historia una serie de descripciones que permitan introducir al lector en el entorno en que ocurre la acción: la ciudad de Efímera. Por desgracia, o por fortuna, el relato ‘Los precios del Avatar’ es el segundo que ambiento en ese lugar imaginario. ¿Debería describir ahora por completo qué hay, que no hay, qué sucede y que no sucede en Efímera? Me parece que no. Al menos mientras no haya sacado ese primer relato. Algún día, sin duda, saldrá a la luz. Pero eso sucederá cuando él me diga que ya está. Por desgracia aun no ha llegado ese momento. Ese primer relato de la ciudad a medida que le meto mano crece, crece y no deja de crecer. Lo que empezó con un puñado de centenares de palabras ya supera las nueve mil. Efímera da mucho de que hablar, aunque sólo se trate de ese primer acercamiento.

Pero mejor hablo de la inspiración que me llevó a ‘Los precios del Avatar’.

En un primer momento me dejé llevar por la musa y me encontré escribiendo las andanzas de una chica que recorría descalza los bosques cercanos a su casa. Había superado de lejos las setecientas cincuenta palabras y veía que eso no llegaba a nada, por lo que opté por desestimar ese posible relato y darme un respiro.

Respiro que duró el tiempo que tardé en abrir nuevo documento en blanco.

Sin saber cómo me vino al recuerdo la ciudad de Efímera, sus cuestas, sus edificios tétricos, derruidos y gloriosos, su ayuntamiento, su puerto y su catedral. Y, cómo no, el Tetramorfo. Escribí un guión apresurado y descubrí que tenía entre las manos una pequeña historia.

¿Cómo se llega del ejercicio propuesto a todo esto que describo? Sin duda ayudó la frase inicial, ese simple ‘Me giré al escuchar sus pasos’: algo en esa sentencia me hacía pensar que la persona que daba esos pasos actuaba de forma furtiva, queriendo ocultar algo. A eso añadimos lo dramático de la frase final (‘Cerré los ojos, incapaz de seguir mirando’) y en pocos minutos devanarme los sesos ya tenía buena parte del argumento: el dolor del padre intentando evitar que su hijo forme parte de un avatar del Señor Encerrado, y la impotencia al no lograrlo. El resto vino solo, de manos de mi querida Efímera.

Entonces llegó lo peor: redactar un borrador que no se me fuera de las manos (todavía recuerdo cuando llevar una historia más allá da las mil palabras suponía una proeza; ahora el reto lo encuentro en descender de los varios miles). Acabé el primer borrador y, para mi desgracia, descubrí que lo que sin duda parecía una muy buena primera aproximación al texto definitivo superaba bien de lejos el millar de palabras.

Mierda.

Me tiré dos días recortando mientras hacía todo lo posible por mantener el alma de la historia. Al final me quedé en el texto que espero ya haya leído quien ha llegado hasta aquí, una historia casi carente de descripciones, lo que sin duda dificulta el que lector se introduzca en el ambiente. Ni que decir del trasfondo.

Ojalá a alguien le haya parecido al menos un poco interesante este esbozo de la vida de Efímera.

Espero… ¡No! Sé que Efímera seguirá sirviéndome de inspiración para muchas otras historias. Si es así os espero en sus muelles, contemplando su bella y terrible silueta, erizada de puntiagudos, óseos y torturados edificios.

No hay adiós.

PD: En la entrada anterior ya he hablado de la recepción del texto por parte de tres de los participantes en el taller: tres opiniones positivas. Ni que decir tiene ello me anima a seguir trabajando, tanto en el taller como fuera del mismo.

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2 comentarios sobre “Acerca de ‘Los precios del Avatar’

  1. He de decir que deberias colgar el relato original, el que supera el millar de palabras. Al fin y al cabo el que enviaste a Literaturas no tiene porque ser la historia contada al final.

  2. Hola, Quesadilla.

    En primer lugar gracias por entrar en mi web y por molestarte en comentar.

    Por desgracia lo que está publicado en Literautas es todo lo que ahora mismo hay: el relato ‘original’ lo recorté y modifiqué hasta poder ajustarlo a lo pedido en el ejercicio. Vamos, que a día de hoy no hay más que lo publicado. Animado por las buenas críticas lo retomaré y ampliaré, con todo lo que no puede meter debido a las restricciones de palabras. Pero me pondré con ello más adelante. Cuando esté listo lo colgaré por aquí, por supuesto.

    De nuevo muchas gracias por tus palabras y espero que te haya gustado.

    Un saludo de Juan.

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