Acerca de ‘Salvaje melodía de un mal sueño’

No hay hola.

En contra de la opinión general, los requisitos de este nuevo ejercicio del taller de Literautas para mí han supuesto más un problema que una ayuda. La referencia a las doce campanadas me llevaba de manera demasiado directa a justo el relato del anterior ejercicio. Tanto es así que me vi bloqueado por completo: todo me llevaba de nuevo a los relojeros del reloj de Efímera. En un principio pensé en narrar el origen de la leyenda del Escritor, pero no me agradaba el repetir tan pronto escenario. Pero no lograba idear otra escena, una que estuviera enmarcada en mi universo de fantasía oscura y que no resultara demasiado cercano al relato de ‘La cuenta atrás del relojero’.

Me he pasado días dándole vueltas al asunto, incluso me tentó la idea de dejar pasar este mes el taller. Pero eso supondría darme por vencido. Seguí rumiando, aun con los problemas que tenía en casa y que me han impedido (y lo siguen haciendo) escribir todo cuando querría.

Al fin logré una idea que roza lo surrealista: un texto en el que se intenta describir una realidad que se basa en el sonido y en la energía más que en la materia. Esa condición tan distinta de la normalidad sin duda requeriría más palabras para poder colocar en situación al lector, pero dado que sólo he tenido esa idea (sin recurrir a los relojeros del pasado ejercicio) y que la limitación de palabras no se puede eludir, ha quedado tal cual.

No puedo negar que esta historia casi seguro que tenga cierta inspiración subconsciente en Tolkien y la manera en que describe la creación de Arda a través de una canción. Espero que dicha relación no mate el texto. De hecho lo que se narra en mi cuento es la ceración de un universo, uno de naturaleza por completo carente de magia. Dicho universo, arrojado a los límites de la Voluntad, ya tengo preparado que aparezca en otros cuentos en forma de rutilante estrella (y aquí también he de reconocer una clara influencia de Pohl y su encantador –y muy recomendable– El mundo al final del tiempo).

Espero que los comentaristas aprecien la sutileza de un mundo sonoro en el que todo, o casi todo, se basa en notas, escalas, cacofonías y demás. Pero si no lo captan no se lo voy a echar en cara, por supuesto: pena de no disponer de más palabras.

No hay adiós.

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