Acerca de ‘Bajo los colosos, el Sol de Acartha’

No hay hola.

Nueva entrega del taller de Literautas y con ello nuevo reto para describir mi universo fantástico de La Voluntad. En esta ocasión no me resultó muy difícil encontrar una historia dado que los requisitos me parecieron en extremo simples: dos personajes que se enfrenten y la palabra ‘secreto’. Insertar un elemento secreto en una pelea es algo poco menos que trivial. Pero dado que intento que todos los relatos de esto de Literautas queden inmersos en La Voluntad había que hacer algo de corte fantástico y que encara bien con ese mundillo.

La solución llegó rápido, en forma de historia escrita con estilo infantil y protagonizada por un niño. El chaval volvía a casa después de recibir en su clase una lección de historia antigua relativa a su propia ciudad y a los tres monumentales objetos que la presidían. El chico debería caminar recordando la lección y contemplando con nuevos ojos, más llenos de valoración, unos objetos que hasta entonces de tanto verlos no les daba la menor importancia, habiéndose vuelto casi invisibles para él.

Pero, como ocurre siempre, el borrador excedió demasiado de los límites de palabras. Tocaba otra vez hacer uso del hacha… o de contar la historia de otra manera. El reto pedía a dos personajes enfrentándose: ¿por qué no poner cuatro en vez dos? Y los introduje, de tal manera que los dos primeros que llevaran a la engañosa impresión de convertirse en protagonistas, mientras que sólo servían para introducir a los otros dos, auténticos elementos centrales del relato. Todo ello con la ya no tan sutil presencia de La Voluntad. Y con unos actores secundarios que repiten actuación y sirven para enlazar trasfondos.

Así surgió esta definitiva versión de la leyenda de los ‘Paladines de Acartha’. El nuevo borrador rozaba aun así las mil palabras: no me libraba del hacha ni a propósito. Con la labor de poda se quedaron por medio detalles que enriquecían la ambientación (las típicas descripciones visuales, sonoras y demás que a uno le meten en situación), pero la reducida extensión no permite florituras sino ir al grano.

Así que conseguí apurar las setecientas cincuenta palabras y lo envié.

Pero desde que me puse con esta historia algo me runruneaba en la cabeza, algo que me decía que todo había ido demasiado rápido y bien. Y no se trataba del hecho de que tengo por ahí un borrador de cuento ‘intimista’ ambientado en La Voluntad y con objetos semejantes a los descritos, no. Algo más fuerte y quizá incluso inquietante. No pude identificar esa sensación por lo que mandé el cuento.

Y menos de una hora después me llegó la revelación: el cuento tenía cierto parecido (no sé si poco, mucho o demasiado) con el maravilloso ‘En las colinas, las ciudades’ de Clive Barker. Espero que mi historia no resulte demasiado similar en comparación con la obra de arte del inglés.

Os dejo con el cuento para que podáis opinar: se agradecen los comentarios, como siempre.

No hay adiós.

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