Acerca de ‘El castigo’

No hay hola.

Por primera vez desde que estoy en el taller de Literautas debo admitir que he tirado por el camino sencillo en lo que se refiere a historia y escenario. Eso se debe a que asumí el reto de escribir sin adjetivos: ya el simple hecho de seguir esa norma me impedía elaborar un texto de estilo similar al de ocasiones anteriores, donde trato de resaltar lo visual, lo descriptivo. Así que me decidí por el que quizá se puede calificar como el estilo más tramposo y torticero posible en literatura: el monólogo interior. ¿Por qué? Pues porque en él casi todo vale. Escudándome en ello puedo escribir sin adjetivos de tal manera que el texto no quede en exceso podado.

La inspiración para el texto surgió a raíz de querer usar la palabra ‘circo’ en una acepción que no tenga nada que ver con payasos, pistas y demás farándula. Como me considero un amante del frío la acepción relativa a circo de un glaciar me venía a huevo. Tras eso debía conseguir que, al igual que ya intento hacer en todos los relatos del taller, el cuento estuviera enmarcado en mi universo ficticio de La Voluntad. Circo glaciar me lleva, como es lógico, a glaciar, lo que supone hielo y frío. De ahí recordé cierta película antigua (la vi de pequeño y no puedo dar detalles de ella) en la que una mujer busca el cadáver de su marido y el de otros compañeros suyos, muertos al despeñarse en un intento de escalar una montaña. Los escaladores se precipitaron al vacio acabando sepultados en un glaciar. En el momento que narra la película, décadas después del accidente, se calcula que gracias al avance de la morrena los cuerpos ya deberían estar en una zona practicable.

Glaciar, frío y cadáveres sepultados en hielo. Sin lugar a dudas todo eso promete. Falta la Voluntad. ¿Y qué mayor demostración de ella que pretender sobrevivir a ese destino incluso en esas condiciones tan adversas? Ya tenía la base del cuento.

El borrador no me costó mucho, encontrándome con el mayor reto en lo que se refiere a hacerlo legible, carente de adjetivos, pero que al mismo tiempo su ausencia no chirriara. Me parece que lo he conseguido pero, dado que en mi manera de escribir habitual necesito los adjetivos, lograrlo me ha costado mucho.

El guiño final, que espero que alguien lo capte, no sólo supone el colofón a la historia (siguiendo el argumento del castigo, tal y como se le practicó al protagonista), sino una coña marinera en lo relativo a endurecer el reto del ejercicio. Además, viéndolo así una vez ya acabado, veo que el cuento tiene cierta relación con el que me van a publicar en el nº 1 de la revista Argonautas. ¿De qué relación hablo? A ver si alguno la descubre.

Espero que guste cómo ha quedado este ‘El castigo’.

Con este cuento se cierra hasta el fin de verano el taller de Literautas: eso me da unos meses para repasar y reescribir los relatos hasta ahora colgados y preparar una primera antología de ‘La Voluntad: una colección de postales’. Pero eso ya llegará. Tiempo al tiempo.

No hay adiós.

P.D.: Sí, el título del relato es muy cutre, pero no se me ocurrió otro.

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