Pinto, pinto, gorgorito, a este cuento le doy un repasito. O no: ¿tú cual prefieres?

No hay hola.

Para fastidio mío (me obligaba a escribir, lo que ya de por sí es mucho) ha llegado llega el momento en que el taller de Literautas cierra por vacaciones. Pero deja una tarea pendiente: la posibilidad de escoger y mejorar uno de los textos enviados para optar a participar en el segundo recopilatorio de textos del taller. Ni que decir tiene que quiero participar. La pregunta es ¿con cuál?

Yendo a la página de textos publicados he delimitado con dos marcas los que podrían optar a ello, pero de entrada se me caen algunos:

  • No me voy a poner a hacer una segunda versión de ‘La extraña conquista de BaradSar’ cuando ya mismo tengo empezada una novelización. Sí, apenas voy tres capítulos pero tampoco me ha dado tiempo a más. ¿Por qué? Sigue leyendo y lo sabrás.
  • En semejante tesitura está ‘Fuerza de mascarón’, el cual ahora mismo está apareciendo en forma de serial. Este cuento se está convirtiendo en ‘mi monstruo’. Las 750 palabras iniciales pasaron a un borrador previo de 10.000, que con las semanas de desarrollo e inspiración acaba de superar ayer mismo las 46.000. Este pequeño mostrenco lo podéis leer en la web de Tierra Quebrada. A día de hoy calculo que todavía le quedan, por lo menos, seis entregas. Seis semanas de estrés tratando que los textos, escritos en gran parte a vuelapluma, tengan ese mínimo de calidad que intento aportar a los cuentos del taller.
  • Luego está el caso del último relato que he enviado al taller, ‘El castigo’: al haberse ceñido a un ejercicio con la limitación de la ausencia de adjetivos el cuento se vuelve tan coyuntural que carece casi de sentido si se desvincula del propio ejercicio.

Según esto me queda un abanico de apenas cinco cuentos. De entre ellos quizá el que más me atrae sea el de ‘La cuenta atrás del relojero’: creo que la nueva horquilla de 1.500 palabras puede permitir darle un poco más de fondo sin acabar ahogado en la nueva extensión. Esos ‘ahogos’ en el límite de palabras me tienen ya algo cansado. Hay historias, como por ejemplo la de ‘La risa del músico’, que teniendo en cuenta lo que tengo en mente con facilidad pueden llegar a las diez o quince mil palabras, si no dar para una novela entera. Esto me pasa por pensar ‘a lo grande’, en plan ‘encajarlo todo dentro del universo de La Voluntad. Que la jodía da para mucho, no sé si demasiado.

Pero bueno, al fin y al cabo esa es mi opinión. ¿Y la vuestra? Si alguno de los otros relatos os parece más apropiado para pasar por el proceso de remozado decidlo en los comentarios. No os aseguro que os haga caso (la sinceridad ante todo ;)) pero sin duda tendré en cuenta esos comentarios para la compilación de cuentos que tengo en mente.

Espero vuestras palabras, queridos lectores. Todos a la vez no, por favor 🙂

No hay adiós.

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