La sombra del viejo amigo

Microcuento presentado al III Concurso de Terror ArtGerust. Homenaje a Edgar Allan Poe. Como los textos se publican de manera directa y visible en la web del concurso yo también lo dejo aquí. Este texto entró en la selección final y fue incluido en la recopilación.

Desearía alejarme del alfeizar de la ventana, pero mis piernas no responden; apartar la mirada del árbol, pero apenas puedo pestañear. El roble preside el centro del jardín de la mansión desde mucho antes que el primer Torres–Montoya comprara estas tierras. Todos hemos nacido y crecido a su sombra. ¿Acaso no debería hacérseme familiar su figura?

Sin embargo desde hace horas lo contemplo lleno de horror: el viejo compañero se ha convertido en algo pérfido. Como un bufón insolente que ocupa el trono de su rey, la sombra del roble se ha extendido más allá de sus ramas. Resulta doloroso descubrir lo corrompido y pretérito de su esencia, cómo ésta impregna toda la hacienda.

Pero lo que me paraliza son los espectros que habitan su copa. Madre, padre, el abuelo Tomás… y muchos otros. Sus ojos resplandecen, mirándome. A mí. Pero no a mi persona sino a mi gemelo espectral. Ese que, como ellos, oscila ahorcado de las ramas.

Nota 01/09/2015: he hecho a postriori algunos cambios en el texto (condenado perfeccionismo). La versión vieja, la publicada por ArtGerust, la dejo tras el salto de página (justo aquí debajo). Así queda constancia de las modificaciones, que sé que son para mejor.

Desearía apartarme del alfeizar de la ventana, pero mis piernas no responden; apartar la mirada del árbol, pero apenas puedo pestañear. El roble preside el centro del jardín de la mansión desde mucho antes que el primer Torres–Montoya comprara estas tierras. Todos hemos nacido y crecido a su sombra. ¿Acaso no debería hacérseme familiar su figura?

Sin embargo desde hace horas lo contemplo lleno de horror: el viejo compañero se ha convertido en algo pérfido. Como un bufón insolente que ocupa el trono de su rey, la sombra del roble se ha extendido más allá de sus ramas.

Resulta doloroso descubrir lo corrompido y pretérito de su esencia, cómo ésta impregna toda la hacienda. Pero lo que me paraliza son los espectros que habitan su copa. Madre, padre, el abuelo Tomás… y muchos otros. Sus ojos resplandecen. Mirándome. A mí. Pero no a mi persona sino a mi gemelo espectral. Ese que, como ellos, oscila ahorcado de las ramas.

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