Acerca de ‘De celeridades y otras desgracias’

No hay hola.

Inspirado en mi lectura actual voy a dar a mis lectores una introducción de este relato, ‘De celeridades y otras desgracias’.

I Antología Argonautas
I Antología Argonautas

El hecho que yo sea su padre no tiene nada que ver (ejem, ejem :P) para decir que me siento muy orgulloso de ‘De celeridades y otras desgracias’. El relato está encuadrado en un registro (tanto temático como formal o estilístico) que me encanta y en el que disfruto mucho escribiendo: la fantasía basada en la mitología clásica y con toques intimistas, emotivos.

Debo admitir que desde que empecé a escribir me encanta jugar con los mitos universales y darles mi toque. Poco importa que se trate de leyendas griegas, nórdicas, judeocristianas, amerindias, africanas… Muchas de ellas, si no todas, poseen un ‘algo’ que me incita a retorcerlas, a manipularlas y darlas mi toque personal. Ya de una manera descarada, como con este ‘De celeridades y otras desgracias’, o bien a embeberlas más o menos disfrazadas en otros géneros.

La Mitología está ligada de una manera tan íntima al Hombre, a la Civilización, que la considero una parte vital de la misma. Aunque se limite a un cúmulo de cuentos de viejas, sí. Pero ¿y cuánto nos hemos divertido/maravillado/aterrado con ellos?

De esa manera ‘De celeridades y otras desgracias’ encaja a la perfección en ese subgénero (¿bastardo?, ¿o quizá pastiche?) de literatura que bebe de la Mitología.

El esbozo inicial del relato surgió en el único taller de escritura en el que he participado. Si no recuerdo mal el ejercicio propuesto pedía narrar una escena a partir de una frase detonante. Si no recuerdo mal la frase rezaba algo como ‘esta mañana la vi pasar delante mío a toda prisa’. Más o menos. Como premisa me parecía algo justa, si bien el disparador estaba claro: ‘la prisa’.

¿Cómo llegó el concepto de ‘la prisa’ a convertirse en este cuento? Debo admitir que en esta ocasión no tuve control del proceso. A veces sí lo tengo (estiro la idea, creo juegos de palabras con ella, la adorno de descripciones, lo que sea necesario hasta descubrir la historia que esconde), pero esta vez surgió al cabo de un par de día sin que yo hiciera nada especial para ello. Lo había intentado, pero no surgía nada. Así que dejé parada la ‘máquina de pensar’. Como ya ha sucedido otras veces, arrinconarla equivale a que repente, cuando uno menos se lo espera, se active y vomite una historia. Así me encontré con la escena de la protagonista corriendo a cumplir con la misión que le habían encomendado, una tarea que no desea cumplir pero a la que está obligada.

Cuando se me desplegó en la mente el esquema narrativo del cuento descubrí que no podría dejar claro (al menos de entrada) de quien hablaba ni de lo que su misión la obligaba a hacer. El cuento se debía basar en los sentimientos intuidos por un observador ajeno. En otras palabras: un texto sobre todo descriptivo, y oscuro de manera premeditada.

Sé que con ese tipo de textos juego con fuego. Cuentos como éste resultan a veces difíciles de digerir. Pero como lector me he enfrentado a relatos similares. Una vez leídos me hacen pensar eso de ‘pero qué cojones: me ha gustado. Todo encaja y a toro pasado veo un paisaje más rico que cuando paseé por él de primeras’. El ejemplo más claro que me viene a la mente se llama 1984, obra que mientras la leía no me estaba gustando y que, sin embargo, al pasar la última página y echar la vista atrás dije ‘¡guau!’.

Me da que divago. Al tema.

Me he criado sumergido en el mito judeocristiano. En concreto en un entorno Católico Apostólico Romano. Por ello me parece normal que ese conjunto de leyendas impregnen, o en algunos casos incluso saturen, lo que escribo. ‘De celeridades y otras desgracias’ se revela como un buen ejemplo de ello: el cuento basa su historia y su gancho en esos mitos.

Ya había escrito algún otro relato protagonizado por La Dama. Y entre mis notas tengo varios más, simples esbozos de un enorme arco argumental: desde antes de la Creación hasta más allá de su destrucción, después de los hechos narrados en el Apocalipsis.

Nota: sé que todo lo que hablo requiere conocer este mito judeocristiano, pero me parece lo bastante universal como para que un lector de nivel básico–medio sepa de qué hablo. Si no lo conoce le invito a descubrirlo: le encantará, sin duda.

Las Plagas ya se han representado de numerosas maneras (cine, pintura, literatura, música…). Yo quería aportar mi visión particular, en concreto una narrada desde la perspectiva de la mano ejecutora de la última de ellas.

Hace… mucho, mucho tiempo, empecé un cuento narrando esto mismo, pero desde otro punto de vista y en un instante temporal algo diferente. El apunte de relato ha estado veinte años en el cajón de ‘pendiente’. Por alguna razón la máquina de pensar rescató esa historia del pozo de mi memoria: en principio estaba narrada la mañana siguiente a la de la última plaga y desde el punto de vista de una de las víctimas. La frase del ejercicio, por el contrario, me permitía contar la historia antes de la devastación y hacerlo desde una perspectiva diferente: no desde los ojos de una víctima sino de los de un espectador neutral.

Me puse a ello. La primera versión del cuento apenas superó las trescientas palabras: como simple ejercicio de taller no podía ocupar mucho. Decir que esa versión inicial le gustó mucho al tutor, lo que me dejó claro que la idea tenía potencial. Con los años hubo dos versiones más, cada cual engordando en esos detalles de ambientación que tanto me gustan. El relato no pertenece del todo a mis cuentos ‘arquitectónicos’ pero creo que en él las descripciones sí que tienen un peso e importancia merecidos.

Así hasta la versión que hay ahora. Creo que para todo ‘iniciado’ en los mitos judeocristianos no tendrá mucho problema para identificar de qué va la historia. Por supuesto, teniendo en cuenta la época en la que está ambientado (en torno al 1.550 a. C., por poner como fecha de referencia la expulsión de los hicsos), no podía el nombre moderno del país. En su lugar usé Kemet, el nombre con que los propios habitantes denominaban a su país.

Poco más puedo decir del relato sin destriparlo. Sólo invitaros a leerlo. ¿Dónde? Por supuesto en la I Antología Argonautas.

Todo comentario al relato no sólo os lo agradeceré yo sino, si se lo hacéis llegar, la gente de la editorial. Os invito a ello.

No hay adiós.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s