Acerca de ‘En un mar de dolor’

No hay hola.

Este relato es viejo. Tan, tan viejo que la versión inicial (apenas mil palabras) está entre las primeras historias que escribí. Pese a las diversas encarnaciones por las que ha pasado (ésta ya deber de ser, con facilidad, la cuarta) he querido que mantenga el estilo y ritmo con los que nació. Supongo que el lector encontrará en él un toque obsesivo; si se fija hay una repetición de estructuras que, sin acabar de poderse considerar una aliteración, flirtea con esa figura estilística. Lo admito: me encanta usar esas pinceladas reiterativas. Creo que con ellas se logra obtener un efecto a medio camino entre la demencia, la desesperación y la obsesión, conceptos con los que tanto me gusta jugar.

Y de todo eso (demencia, desesperación y obsesión) hay un poco en ‘En un mar de dolor’. El cuento empieza con un grito angustiado y acaba con otro. Intento que el lector entienda la agonía del protagonista, un sufrimiento que nunca ha buscado y para el que exige una justificación.

Se trata de una narración inspirada por uno de los grandes clásicos del terror y la ciencia ficción. Narra un encuentro, pero lo hace desde un aspecto del mito que jamás se ha tocado. O al menos que yo sepa. No comprendo cómo nadie ha profundizado en aspecto de la historia. En el tono desgarrado se mezclan el rencor y el odio, ambos teñidos de lágrimas de esperanza. A lo largo de la narración evito de manera premeditada dar nombres concretos. Al contrario, juego a desgranar pequeños detalles que guiarán al lector. Aquel admirador del protagonista acabará atando hilos y descubrirá (espero que a partes iguales con sorpresa y empatía) quién le habla y de qué.

[Imagen que falta: algo sencillo, un paisaje nocturno y polar. El cielo estrellado y despejado, con estrellas de las que se adivinan sus distintas tonalidades, lo ocupa casi todo. Una aurora boreal lo surca dando un aspecto fantasmal al velo nocturno. Sobre el horizonte se perfila una cordillera nevada, indiferente a lo que titila sobre ella. La cordillera muere en un mar cubierto en parte de hielo. En una orilla, empequeñecido por el paisaje, dormitan los restos de una balsa precaria. Un poco más allá, tierra adentro, las brasas moribundas de una hoguera.]

En el aspecto estilístico hay otro detalle que puede que haga este relato ‘desagradable’: está narrado en segunda persona, algo de por sí muy poco frecuente. Sin duda eso se le atragantará a más de uno. Pero yo jamás he pensado en escribir al gusto del consumidor, sin otro reto que el de ‘vender’. La prueba de ello está en que aquí sigo, apenas sin visibilidad. Me debo a la voz del cuento, y si ésta me obliga a narrar en segunda la obedezco.

Y así han quedado las 2.100 palabras largas de rencor y desesperación que constituyen ‘En un mar de dolor’.

No hay adiós.

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