Acerca de ‘El juego de la elección’

No hay hola.

Hoy voy a escribir un ‘Acerca de’ diferente. Por una vez no voy a hablar de cómo me surgió el relato ‘El juego de la elección’: dadas las fechas en las que lo escribí, semanas después de los atentados de París y un poco antes de las elecciones españolas, no creo que haga falta mucha explicación. Sin embargo voy a hablar un poco de una tarea que casi siempre me lleva mucho, pero mucho tiempo: la ambientación y la documentación. Me voy a limitar a explicar los detalles del cuento y que cada cual saque, si quiere sus conclusiones.

En un primer lugar hablaré de Brasilia. Desde pequeño (y digo pequeño) esa ciudad creada de cero en medio de la jungla me llamó la atención. Creo recordar que me quedé de piedra al ver no sé donde su plano: no se parecía a ninguna ciudad que conociera. Sí, desde chico los planos me encantan. Me he pasado horas y horas pasando las páginas de un viejo atlas Aguilar que teníamos en casa (de los que incluye mapa de la provincia y plano de la capital: para mí toda una gozada). Ese atlas era de España, pero luego llegaron otros de Europa, del mundo… y yo feliz como unas castañuelas de leer nombres de ciudades. Lo que hubiera disfrutado si en mi juventud hubiera existido Google Maps, o por lo menos internet…

A lo que iba: Brasilia. Una ciudad trazada de manera planificada, nada del caótico crecimiento de las demás ciudades que conozco. Por supuesto que tuvo que salir en algún cuento mío. Le ha llegado el momento con éste.

El relato quise situarlo en un sitio real, que existiera. Así que tiré de buscador de hoteles de lujo, luego me di un paseo por la ciudad (sí, adoro eso del Street View) y escogí uno. Os invito a contemplar el Estadio Nacional Mané Garricha desde el Hotel Grand Bittar, en pleno Eixo Monumental. Sé que nunca viajaré hasta allí, pero al menos lo he visto con la tecnología y un poco de imaginación.

Estadio Nacional Mané Garricha
Estadio Nacional Mané Garricha

Ya tenía el dónde. Ahora a darle un poco de sustancia al decorado.

Lujo, lujo. Pues toma lujo. De entrada unos ridículos y carísimos sofás Flap de Edra. El tipo de diseño que seguro que la gente podrida de dinero tiene en su casa.

Flap de Edra Flap de Edra

Uno se sienta o tumba en ellos pero ¿qué pone delante? Pues algo igual de exquisito o exclusivo: mesitas vintage Fiori. Quien tenga estomago que investigue más sobre ellas y sus precios.

Mesitas vintage Fiori
Mesitas vintage Fiori

Bueno, el prota ya tenía donde recostarse y donde colocar… ¿el qué? Pues ¿qué cosa más exclusiva que un Highland Park 50 years old? Quien viva como muchos españolitos, llegando mal a fin de mes, se puede horrorizar con lo que algunos se pueden gastar en un botella de licor. Pero la historia requería ese tipo de monstruosidades, así que tuve que usarlas.

Highland Park 50 years old
Highland Park 50 years old

 

De vez en cuando me gusta meter alguna referencia literaria, y este cuento en cuestión me pedía a gritos meter al bueno de Philip José Farmer. En concreto a él y a su maravilloso A vuestros cuerpos dispersos, libro recomendable sin lugar a dudas, y en que incluso Hermann Göring llega a caer simpático. Bueno, tanto no. Aunque lo menciono en el relato no he leído Relaciones extrañas. Espero algún día poderme hacer con esa colección que en su día sacudió la escena de la cifi.

Philip José Farmer - A vuestros cuerpos dispersos
Philip José Farmer – A vuestros cuerpos dispersos

El Modigliani que oculta la caja fuerte, ‘Desnudo sentado’, por supuesto que existe. Aunque ahora esté en una colección privada de Amberes, quién sabe si en unos años no acaba en cierto hotel de Brasilia.

Amadeo Modigliani - Desnudo sentado Amadeo Modigliani – Desnudo sentado

Respecto a los números (4, 8, 15, 16, 23, 42) a nadie le costara ni un segundo descubrir de dónde los he sacado.

La cosa empieza a ponerse fea y seria. Es entonces cuando la investigación me hace pasar toda una tarde estudiando cierto magnicidio. Ese hecho histórico me viene que ni al pelo no sólo porque me permite introducir un arma carismática (esa Philadelphia Deringer, calibre 10,3 mm que recibe el protagonista como regalo de la Sociedad Surratt), sino para dejar caer el ya famoso ¡Sic semper tyrannis! y dejar en el aire un detalle del que hablaré más tarde. Por si no se ha enterado alguien, el magnicidio del que hablo es el asesinato de Abraham Lincoln.

Philadelphia Deringer, calibre 10,3 mm
Philadelphia Deringer, calibre 10,3 mm

Para acabar, en el giro de guión final hablo del Magdaleniense Superior. No, no se trata de magdalenas gordas ni de un nivel mejor que el normal, sino de una época de la prehistoria. ¿Por qué he usado ese y no otro? No sé, la verdad. Quizá el recuerdo de ese peliculón titulado The Man from Earth me hizo pensar en ello.

The Man from Earth
The Man from Earth

Pues bueno, ya he hablado del cuento de una manera distinta a las anteriores. Espero no haber aburrido a nadie.

Antes de acabar: ese detalle del que me quedaba hablar. El prota ¿se encarnó en su día John Wilkes Booth? ¿O quizá en Bruto? ¿O ninguno en de los dos y sólo le apasionaban las citas clásicas? Hagan sus apuestas.

No hay adiós.

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