Acerca de ‘El velo desgarrado’

No hay hola.

Aquí debo hablar de ‘El velo desgarrado’, pero antes de ello habría que aclarar cierto temita. Este ‘prólogo de algo que nunca existirá’ surgió ante un estado de bloqueo muy serio. La novela con la que ando enredado se me está atragantando. Cada vez escribo menos y lo que me sale tiene una calidad penosa. Tenía intención de acabarla en un plazo de cinco o seis meses, y ahora veo que si la tengo en un año voy a dar palmas con las orejas. Ante esa tesitura, y con ello esperando desatascar la máquina de pensar, me pasé por el taller de Literautas. Esperaba encontrarme con un nuevo reto de ‘microhistoria cerrada y con premisas concretas’ pero para mi sorpresa lo que planteaban se reducía a algo abierto, muy abierto. Vamos, algo tan abierto que no suponía apenas reto (al menos desde mi punto de vista, ojo). Se suponía que había que escribir el capítulo inicial de una novela. Así, sin más. Aun así me puse a ello pensando que quizá me sirviera para purgar esos malos aires.

En principio una novela no está obligada a empezar con una frase gancho: éste debe tener la forma de primer episodio, o la introducción/prólogo/etc. Y a veces ni así. Pero yo quise seguir poniendo un gancho en la primera oración. Tras pensarlo –no mucho, la verdad– me dije: ¿qué puede llamar más la atención que un personaje admita que ha muerto varias veces, pero que la última ha sido para él la más dolorosa? El tema de los inmortales desde siempre me llama la atención, y yo hubiera picado con esa frase. Así que, tras darle un poco de forma, la planté ahí y tiré para delante.

Debía preparar el prólogo a una historia de inmortales. Justo unas semanas antes había escrito  uno con algo similar como protagonista, así que decidí tirar de ese hilo. Así entraron en juego ese sitio que he llamado con todo conocimiento ‘la inclusa’ y el ordenador de nombre Padre. Para darle un sentido a esa muerte anormal debía plantear un punto de ruptura en la dinámica de ese tipo de inmortales. Tirando de viejos recuerdos y todavía más antiguos guiones desechados de relatos me vino a la mente esa NeoSantander. Un escenario futurista y al mismo tiempo degradado, decadente, lleno de mugre y óxido. Vamos, lo que me gusta más.

Ya tenía un lugar. Faltaban los actores.

La turba como recurso de amenaza es algo tan viejo como la propia humanidad. Incontrolable y ciega, representa aquello ante lo que el individuo poco o nada puede hacer, salvo sucumbir a ella… o integrarse en su seno. Una película que desde pequeño me encanta es Cuando ruge la marabunta. Me parece un ejemplo perfecto de la posible futilidad de las acciones individuales ante la masa, incluso ante una descerebrada e irracional.

Mi protagonista me había dicho que moría, y que lo hacía de una manera nueva y muy dolorosa. No resulta nada difícil morir de forma dolorosa en manos de una turba. Pero que esa muerte sorprenda a un inmortal… hacía falta algo más que una simple masa de garrulos con palos y piedras. Algo que descuadrara con el tiempo y el lugar. No tuve que pensar mucho: debía insertar un anacronismo o un elemento imposible para ese escenario.

De ahí en adelante no hubo más problemas. Lo de ‘anacronismo’ lo pongo entre comillas porque la definición no acaba del todo de ajustarse a lo que el protagonista ve. De una manera u otra, junto el elemento de ruptura aparece una presencia que desconcierta al protagonista. Esa presencia, y la forma en la que aparece, implicaba una amenaza al ‘sistema’ que representa mi héroe. Ante ello deberá investigar, encontrarle un sentido a lo que ha visto y prevenir el peligro que eso supone para su ‘sistema’.

El resto del cuento se escribió poco menos que solo. Yo me tuve que limitar a lidiar con el odioso límite de palabras.

Como ya he dicho no tengo ni la más remota idea de cómo sigue la historia, y mucho menos de su desenlace. A este respecto puedo decir con casi total seguridad que se quedará así para los restos. Ahora mismo bastante tengo con acabar ésta condenada primera novela. Además, ya tengo guiones para unas cuantas más, guiones que espero poder transformar en novela sin semejantes problemas.

Aun así ahí os dejo el ejercicio, para que comentéis lo que queráis.

Nota: este mes no me han llegado textos a comentar. Supongo que se me ha pasado algún detalle que hacía especial esta entrega del taller… O eso o que la mecánica ha cambiado y no me he enterado, que también puede ser.

No hay adiós.

PD: no, los malos aires siguen ahí. Continúo bloqueado con la jodida novela. Más de ochenta mil palabras que veo que suponen en torno a un cincuenta por ciento de la novela, y yo sin fuerzas ni ánimos viendo cómo se alarga, se alarga y se alarga sin aparente final. Veo que, aparte de la influencia de Ramsey Campbell, la sombra de Stephen King me inunda: recreación de escenas, diálogos, recuerdos… se acumulan metiendo más y más páginas a un novela que en su origen (hace más de medio año) no creía que superase las cien mil palabras y que ahora deseo (sueño) con que no llegue a las doscientas mil. Agh.

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Un comentario sobre “Acerca de ‘El velo desgarrado’

  1. Todavía no me he pasado por tu relato en Literautas pero lo haré, no te preocupes. La mecánica del taller a cambiando: ahora no hay ni que comentar los tres relatos ni hacer la valoración de los comentarios. Se han eliminado estas dos fases y se pasa de la fase de escritura/creación (desde el día 1 al 15) a la fase de lectura/recopilación (a partir del día 17) debido a la gran cantidad de participantes que hay.

    Un saludo. Te leo pronto.

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