Acerca de ‘Una atribulada secuencia de palabras tras la preposición’

No hay hola.

La verdad, no sé cómo calificar este cuento. ¿Estafa, broma, trampa, ridiculez? Le den el apodo que le den, seguro que nadie lo puede considerar como algo serio.

‘Una atribulada secuencia de palabras tras la preposición’ nace de un bloqueo de inspiración, algo que creo que queda muy claro tras leerlo. Voy a hablar un poco de cómo surgió eso (así, con cursiva y todo).

Llevaba meses sin pasarme por la web de Literautas. Éste ha sido un tiempo de verdad atribulado (parece que la palabra está por salir, sí señor): salvo alguna noticia agradable, las circunstancias han hecho que esos meses se hayan vuelto depresivos y descorazonadores, tanto que he estado tentado de dejar de una manera definitiva la escritura. Pero recordé la existencia del taller y le di la oportunidad de refrescarme. Como sabrá ya alguno regresé a esto del negro sobre blanco en gran parte gracias a Literautas. ¿Qué mejor que ese taller para obligarme a volver a trabajar?

Como ya dije en su momento, dejé de participar debido al cambio de mecánica en el taller. Pero esta vez, pese a ello, me propuse aportar un pequeño puñado de letras más. En esta edición me dije que, a modo de desafío adicional, metería a piñón un nuevo escenario/universo de fantasía que tengo en mente desde hace tiempo (y van…). Pero al leer la premisa vi que no se me ocurría ninguna manera de enmarcar la frase en ese universo.

Cojones. ¿Qué podía hacer?

He de admitir que durante días estuve tentado de mandar a tomar por saco el reto. Pero, si mi memoria de pez no me falla, jamás me he tirado de un solo reto de Literautas. Vamos, que arrojar la toalla me molestaba un poco bastante. Si a ese bloqueo le añadimos la depresión sufrida estas últimas semanas… mal panorama para escribir.

Lo dicho, pasaron los días y no encontraba manera de arrancar el cuento. Tampoco le daba muchas vuelta, pero en el fondo de mi mente seguía corriendo ese proceso…

Y de repente entró en juego ese factor que con tanta frecuencia ha fustigado mi imaginación: la cama y la somnolencia. Así, a eso de las dos de la mañana del día 8 de junio, tumbado en mi camita y presa de un ataque salvaje de alergia a algún condenado polen, me encontré maquinando a piensapluma todo el relato. El día siguiente, ya ante el ordenador, traté de transcribir todo lo que recordaba. Como no podía ser de otra manera, al hacerlo entraron en juego más detalles que no habían surgido en la noche: eso explica la presencia de esa familia tan especial. Tirar de Wikipedia y encontrar lo bien que encajaba la oscuridad (encarnada en los mitos griegos clásicos) en el texto supuso un pequeño placer.

Luego lo de siempre: darle un par de vueltas, imprimir y barbechar. Tras una par de días una nueva revisión y ahí estaba: listo para que la gente me lo lance a la cabeza. Y lo haga con razón, ojo.

Jodido cuento tramposo.

Que sí, que sé que cumple el reto sólo por los pelos: la frase de arranque hubiera podido ser cualquiera… O ninguna. Al fin y al cabo el cuento se basa en algo tan concreto como la falta de inspiración, y eso puede ocurrir en cualquier momento, ante cualquier situación. Aunque espero que la manera de atacar el bloqueo a alguno le arranque una sonrisa. Una sonrisa o alguna otra reacción. Otra cosa es que aprovechara para regresar a Efímera y a La cuenta atrás del relojero, algo del todo premeditado desde aquella madrugada del día 8.

No hay adiós.

El anciano encontró la llave en

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Un comentario sobre “Acerca de ‘Una atribulada secuencia de palabras tras la preposición’

  1. ¿Dejar la escritura de manera definitiva? ¿Estamos locos o qué? No sé en que momento pasó por tu cabeza pero espero que fuera una cosa puntual y aislada… Tendrás que enviarme un correo y ponerme al día.

    Referente al relato, ya te he comentado en Literautas. Pero añadiré que la capacidad de imaginación que tienes y la forma de solventar ese bloqueo creativo (el cual al parecer no existe, visto lo visto, o leído lo leído, jeje) es digna de admirar. Creo que confundes un bloqueo con tu propia autoexigencia, dudo que te sientes a escribir y no seas capaz de hilar algo. Otra cosa es que estés satisfecho con ello…

    Por ello te animo a que escribas. ¿Mierdas? ¿Sandeces? ¿Trampas? Lo que sea, pero gracias a ellas volverás a encontrar el camino hacia la Voluntad o hacia donde más te venga en gana.

    Un abrazo.

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