El hundimiento de Mirador

No hay hola.

Texto colgado en un primer momento en la web de Literautas. Dado que no existe otra copia del texto ahora alojo aquí esa versión a modo de copia de seguridad. En su día hablé de él y de los comentarios que recibió.

No hay adiós.

El hundimiento de Mirador

–Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro –de esa manera tan brusca cortaron la retransmisión del partido. Un latido antes estaba a viendo cómo los Sondarkas pareaban a los Fghatans y al siguiente tenía delante la fofa cara del gobernador Roiz. Su rostro orondo ocupaba la esquina inferior derecha de la pantalla, dejando el resto del encuadre a… ¿a qué? Parecía una toma lejana: una hilera de diminutas palmeras, una línea de la costa de ¿Poniente? Entonces la cámara enfocaron un pequeño promontorio. En su cima había un obelisco, uno muy familiar: el Monumento a los Descubridores. Pero lo rodeaba un lodazal, no el agua de la bahía. ¿Qué estaba pasando?

¿Y aquella enorme nube parduzca?

El seboso endogámico pareció leerme la mente, ya que prosiguió.

–Lo que ven a mi espalda, queridos súbditos, es Playa Llegada. No se equivocan, no: el océano se ha ido. Además, el polvo en suspensión que ven…

De improviso la imagen tembló, aunque no tanto como la papada del gobernador. Las palmeras oscilaron; incluso el monolito parecía perder la verticalidad.

Las sacudidas cesaron.

–Como les decía, ha ocurrido un milagro –los ojillos de Roiz brillaban. Quién sabe, quizá esto resultara más divertido que el partido de snacket–. Damas y caballeros, nos hundimos. Isla Mirador se hunde.

¿Qué demonios decía ese loco? Agarré el mando y cambié de canal. Fui recorriéndolos uno tras otro. La cara rubicunda del hermano–hijo del emperador (ese bueno–para–nada que había acabo exiliado aquí, en el culo del mundo) estaba en todos.

Él y la no–costa.

Empezó a alzarse un fuerte viento. Revolvió la cuidada melena de Roiz y se llevó el polvo, desvelando un enorme acantilado. La pared estaba agrietada, y de ella surgían pequeñas cascadas.

Un nuevo temblor sacudió la imagen. Cuando la calma regresó no había la menor duda: el acantilado había crecido.

Nos hundíamos.

Salté del sofá horrorizado. ¿Qué nos iba a pasar?

Roiz debía tener el día inspirado porque de nuevo se adelantó a mis pensamientos.

–No sabemos cómo acabará esto, si cesará tras un tiempo y se estabilizará… o si continuaremos separándonos más y más de la superficie.

En la lejanía, como provenientes del interior del acantilado, resonaron unas fuertes detonaciones, unos chasquidos graves y profundos. Entre temblores el muro volvió a alzarse, pero esta vez de manera continua.

–¡Dioses! –Lo dije yo, lo susurró Roiz y estoy seguro de que lo gritó toda la población de Mirador.

–No hay tiempo. ¡Sí! –Roiz parecía hablar con alguien fuera de cámara–. Bajo mi entera responsabilidad. ¡He dicho que sí! ¡Repártanlo ya mismo!

Su rostro había adquirido un tono rojo resplandeciente. Por primera vez desde que llegara a la isla parecía serio y autoritario, muy lejos del aire timorato, displicente y amargado habitual en él. Sus ojos buscaron la cámara. En ellos resplandecía un fuego que me congeló el alma.

Mi terminal silbó: tenía correo.

–Acabo de ordenar que se les envíe a todos ustedes un dossier. Debe estar ya en su bandeja de entrada. No se extrañen al ver ‘Alto Secreto’ en su etiqueta basal. Está liberado. Contienen los informes de la única expedición a El Borde que ha conseguido enviar una respuesta.

»Como saben nuestra isla está rodeada en tres cuartas partes por el Océano Final; la sección restante se asoma casi una legua sobre El Borde, allí donde la tierra desaparece para precipitarse en El Abismo. En todo Levante no existe otro balcón que permita contemplar de esa manera el precipicio sin fondo. Nuestra economía depende de ello. Atrae turistas y sirve de imán a expediciones científicas. Todo el mundo quiere ver qué hay al otro lado… y debajo.

»Durante milenios se han enviado sondas, animales y expediciones a El Abismo, todas ellas intentando descubrir hasta dónde llega y qué hay tras esas profundidades de bruma eterna. Nunca hemos obtenido resultados. Nunca, salvo lo contenido en ese dossier: la transcripción y análisis de un cuaderno de bitácora (muy deteriorado) que alguien logró atar al cable de sustentación antes de que se partiera. Ahora todos ustedes tendrán conocimiento de lo que esos valientes vieron y vivieron a más de siete mil brazas de profundidad.

»La isla se hunde. Caemos hacia esos parajes ignotos. Espero que puedan leer el dossier, como yo he hecho, antes de que El Abismo nos abrace. Así podrán elegir. Como yo.

Y sin mediar palabra Roiz extrajo de su levita un revolver, se lo introdujo en la boca y se voló los sesos.

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