La tejedora siempre tiene algo para ti

No hay hola.

Texto colgado en un primer momento en la web de Literautas. Dado que no existe otra copia del texto ahora alojo aquí esa versión a modo de copia de seguridad. En su día hablé de él.

No hay adiós.

La tejedora siempre tiene algo para ti

Como ya sabrás, en el Bosque de Llogor se tejen las ilusiones.

Ah, ¿qué no lo sabías? Entonces permíteme enseñártelo.

No, no queda muy lejos. Puedes encontrar el camino hacia él inmerso en las sombras incómodas que atisbas por el rabillo del ojo, u oculto tras cualquier recoveco inesperado y amenazante. Incluso incrustado en ese preciso instante en el que te das cuenta de que has dado un paso mal. En ese tipo de situaciones, cuando tu fantasía echa a volar, se te abren las puertas al Bosque de Llogor.

¿Que cómo sé todo esto? Pues por la más sencilla de las razones: vivo allí. Permíteme guiarte.

Sí, ven conmigo. Sigue mis pasos. Ahí. Y ahí.

¿Ves cómo todo cambia sin que en apariencia cambie nada? De esa misma esencia, vaga y volátil, están hechas las ilusiones. Lo que para unos carece de sentido para otros lo significa todo.

Sígueme. Ya casi estamos. Debemos girar este recodo y… ahí está.

¿Sorprendida? Sí, nuestros árboles poco tienen que ver con los que tú conoces. Si quieres proteger tus ojos, hazlo. Pero admítelo: da gusto contemplar cómo todo el bosque parece arder. Contempla la luz del sol, atrapada en las ramas de plata, enredada en su laberinto de hojas de espejo. Pero no te lleves a engaño: el poder y la magia de Llogor no reside en sus árboles de metal. Mira entre las ramas. ¿Las ves? La maraña de telarañas, haciendo del bosque un todo impenetrable. He ahí mi hogar. Mío y de mis hermanas, las tejedoras.

¿Cómo? ¿Te has creído que éste es mi aspecto real? Me halagas. De paso así compruebas el buen hacer de mi familia. No sólo hemos tejido este traje, la carne que me envuelve, el rostro que ves o la voz que escuchas; también las sensaciones que te he provocado, esas que te han hecho acompañarme. Hemos trenzando tus ilusiones, unidas a nuestro deseo de tenerte con nosotras.

No temas: no mordemos; el daño lo hacéis vosotros.

Nosotras sólo tejemos: todas las ilusiones de tu mundo surgen de aquí.

Observa.

Al bosque llega la luz preñada de vuestros anhelos. Con la trampa de ramas y hojas la dirigimos hacia nuestras pieles, la metabolizamos y elaboramos el hilo. Con él tejemos las ilusiones por las que luego lucháis.

Ah, las ilusiones. ¿Qué sería de vosotros sin ellas? Os empujan a seguir. Algunos las alcanzáis, obteniendo la tan sobrevalorada felicidad. La mayoría de vosotros sucumbís en el intento: picáis demasiado alto y sólo lográis precipitaros. Pero vuestros fracasos siembran nuevas ilusiones. Delicioso, ¿no? ¿Cuántas veces habéis dicho ‘saldremos de ésta’, ‘a la tercera va la vencida’ o el jugoso ‘inténtalo una vez más’?

Así nos dais más alimento, más trabajo. ¿Vosotros insistís? Nosotras tejemos nuevas ilusiones. Cada vez más complejas, más irrealizables. Cebamos vuestro autoengaño, sí. ¿Y? Lo sabéis: la vida es una gran trampa, pero seguís picando.

Ah, ¿qué no me crees? Lo sé: la verdad abrasa.

¿Sigues sin creerme? Mira atrás. Venga, hazme caso. Mira atrás. ¿Recuerdas ese recodo que giramos antes? Yo –yo– te guié a él. De hecho lo tejí yo misma. Tu necesidad resplandecía tan pura, tan intensa… Incendiaba las copas de Llogor. Así que elaboré con ella una pequeña obra maestra: tu ilusión definitiva, esa que llevabas deseando cumplir desde que él te dejó. Tú lo necesitabas; yo te lo di.

Mira atrás. ¿No atreves? ¿Tienes miedo? ¡Pero si has logrado cumplir la ilusión! Lo consigue tan poca gente… Te he tejido la ilusión definitiva, y ahora que la tienes la desprecias. Además ¡te he permitido ver el bosque! Deberías sentirte orgullosa: a pocos les concedemos ese favor.

Mira atrás. ¡Hazlo! No podrá pasarte nada más. Ánimo. A la de una, dos, ¡tres!

¿Gritas? ¿Aúllas? ¿Tanto te extraña ver tu cuerpo despedazado por el tren?

No me culpes. Lo deseabas: desaparecer, dejar de sufrir. ¿Así me lo agradeces? He tejido una ilusión que pudiste alcanzar.

Ingrata…

Aunque ahora debo aclararte algo: has materializado tu ilusión por el camino ‘cómodo’. Eso supone un peaje extra, un precio que debes pagar.

No te resistas.

La verdad, poco importa que grites o te revuelvas: no romperás mi hilo. Una vez envuelta regresaremos a Llogor, con mis hermanas. Necesitamos aprender de almas como tú, tan débiles, tan jugosas. Así mejoraremos las ilusiones con las que cazaros.

Oh, sí. Grita pidiendo ayuda. Por favor: sigue deseando que todo sea un sueño. ¡Qué delicia! Incluso mientras te diseccionamos tienes ilusiones.

Desea, aliméntanos. Nosotras continuaremos tejiendo.

Y cazando.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s