Acerca de ‘Trabajo para dos’

No hay hola.

Cuando di el último repaso a ‘Trabajo para dos’ ya sabía que este cuento tenía poco recorrido, por no decir ninguno. Hablaré de este detalle más adelante (cuando la mate): por ahora me voy a limitar a comentar cómo surgió.

Había pasado ya un tiempo desde mi última aparición en la Revista Argonautas (en concreto en el número 11 de febrero). Así que este verano opté por intentar colar un nuevo relato en esa revista. Sí, sé que ya voy tres cuentos con ellos, pero dado que no conozco muchas revistas (se nota, ¿no?) intento hacerme un hueco en las que sí conozco.

Me pasé por su web y vi que el asunto del número de agosto’16 era ‘hoteles’. Al poco de darle vueltas a la palabra ya se me ocurrió una idea: escribir algo relativo al hotel de Hilbert. Puede que alguno de mis lectores ya sepa de qué va esa vaina, pero por si acaso les remito a la siempre socorrida Wikipedia o, si ésta se le hace árida, a un video divertido e ilustrativo de lo que ese curioso hotel implica. Esa paradoja matemática había vuelto a mi vida unas semanas atrás (cosas de picotear por la web), y me pareció un buen tema para un cuento.

Jugar con el infinito siempre resulta de lo más tentador. Y todo un reto, claro. ¿Se podía ambientar una historia en ese hotel siguiendo uno de los casos explicados por Hilbert? Sin lugar a dudas que sí. ¿Y hacerlo introduciendo un elemento de intriga o drama? También. El tema era darle vueltas al asunto. Unas cuantas, pero no infinitas, claro.

Pero una cosa es conocer la paradoja y otra crear una historia con ella como base o escenario. Hablar en el cuento del caso infinito más uno me parecía trivial, y el de infinitos de infinitos se me hacía demasiado complicado para un cuento tan corto. Sólo me quedaba el de doblar el infinito, algo que de por sí no está nada mal.

Ahora sólo (jajá, como si fuera poco) debía hacer visible ese caso concreto de la paradoja a través de un cuento de no más 2.500 palabras. ¿Cómo?

Nadie puede negar que la idea base ese hotel resulta como mínimo atrayente y sorprendente. Habitaciones que se multiplican por arte de magia (o de infinito). Qué lugar más extraño ese hotel. Y qué sufrido trabajar en él, sin lugar a dudas. Los engranajes de mi cocorota empezaron a funcionar. Trabajadores de hotel, curritos en un sitio infinito significa sí o sí trabajo infinito. Eso me hace pensar en esclavos, o al menos en trabajo esclavo. Sí, la mejor forma de mostrar cómo funcionaba el Hilbert era enseñando sus tripas desde la experiencia del personal del hotel. Por ejemplo usando el personal de limpieza como protagonista.

A partir del momento en que vi la escena con las camareras de habitación implicadas en el proceso de duplicación de los cuartos la cosa empezó a lanzarse ella sola. Sí, en este cuento me ha vuelto a pasar eso de aporrear el teclado sin saber a ciencia cierta lo que estoy escribiendo. Las palabras fluían casi solas, sin tener una idea clara de hacia dónde iban. Los números dorados, el contrato (lo del ‘desistimiento’ forma parte de la pura inspiración), el extraño terremoto, el resplandor, el hinchazón, el estallido, los duplicados… juro que no tenía el menor plan de todo eso, o al menos ninguno hasta que vi cómo las piezas caían en el tablero de juego. Una vez sobre él algunas encajaron solas y otras recibieron cierto empujón por parte.

De todo ello resultó un cuadro bastante coherente aunque incompleto: sí, quien haya leído la historia ya habrá visto que forma parte de un todo mucho más grande por contar. Por contar otro día, claro. Y el que ese día llegue… puntos suspensivos, nunca mejor puestos. Mientras tanto sabed que en algún lugar de mi mente se está gestando una conspiración de trabajadores descontentos en un hotel infinito.

A lo que iba: el cuento.

Ahora llega cuando la mató.

Me encontré con un primer borrador de apenas 2.200 palabras. Eso me daba margen para… ¡un momento! Antes de seguir me dio por volver vuelve a la página de la convocatoria y ¡ostias, que no son 2.500 sino 1.500 palabras! ¡Pero si mi anterior relato, el del número 11, tenía 2.500! ¡Horror de horrores! ¡Han cambiado la extensión máxima y no me he enterado!

A la mierda el relato: ya no podía ir a la revista. Jodido, lo dejé unos días apartado y me puse con otro que no pasara ese máximo de palabras. A volver a estrujarme las neuronas.

Cuando regresé a este ‘Trabajo para dos’ me marqué que el redactado final no superara las 2.500 palabras. Un par de reescrituras, barbecho, revisión y ¡lo logré! Aquí lo tenéis. Espero que os haya gustado.

No hay adiós.

PD: El  otro cuento, el de las 1.500, lo escribí sin apenas ideas y con prisas. Eso hizo que me quedara un cuento ‘dependiente’ de uno anterior, en plan serial. Lo envié a Argonautas sin la menor esperanza de que lo eligieran. El silencio demuestra que no estaba equivocado. Lo colgaré aquí en breve.

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