Dokken – Beast from the East

No hay hola.

Lo prometido es deuda.

Este discazo vio la luz en el ya algo lejano 1988. Beast from the East llegó a mis manos el año siguiente gracias a un amigo que alucinaba con el guitarrista, y poco menos que con la noticia de la separación del grupo. Así que para mí este increíble directo supuso al mismo tiempo descubrimiento y despedida de una banda que tuvo unos pocos años de gloria en los ochenta. Al menos me permitió conocer a un guitarrista de los que te dejan la mandíbula por los  suelos, George Lynch.

Han pasado años desde la última vez que lo escuché y de repente hace unas semanas me acordé de él. Busqué este Beast from the East y lo puse… y seguí poniéndolo más y más veces, esta vez ya con el más cómodo youtube. He descubierto que no sólo me gusta como ya lo hacía antes, sino que me ahora me deja patidifuso. No se trata sólo de la indudable calidad de Lynch, sino que posee una brillantez general tanto en las canciones como en la ejecución que me han obligado a ponerlo una y otra vez como música de fondo mientras escribía unos pasajes más o menos cañeros, entre ellos alguno que ya se ha podido leer.

Sin duda alguna, si se quiere conocer a los Dokken en su mejor época, se debe acudir a este directo: la colección de temas, aun con ese tufillo comercial en algunos de ellos, te puede llegar a absorber y obsesionar. Doy fe.

Ahí lo dejo, la misma edición en doble vinilo que descubrí  en su día, para quien le pique la curiosidad:

A modo de curiosidad personal decir que sí, al menos en mi caso este disco supuso el final. Ni Lynch Mob (incluso con el atrayente de Lynch) ni el proyecto en solitario de Don Dokken me acabaron de enganchar. Para entonces yo ya estaba explorando otro tipo de sonidos.

Ahora, como viejuno, me llamaría verlos en una de esas reuniones que están tan de moda. Pero, la verdad, la cosa me atrae a medias: Don nunca tuvo una voz asombrosa, y los excesos y las enfermedades se han cargado su voz. Al menos la base rítmica de Pilson/Brown sigue funcionando con la misma eficacia de entonces. Y LynchLynch sigue siendo el genio salvaje de entonces.

Pero siempre nos quedara este asombroso Beast from the East que me he puesto de manera casi enfermiza estos días.

No hay adiós.

PD: ¿Qué habrá sido del tío que se hizo el tatuaje de la portada (porque se supone que es de verdad un tatuaje, no simple pintura corporal. O así nos lo vendían en las revistas de la época)? ¿Seguirá con los problemas por llevar un tatuaje semejante a los de la Yakuza, tal y como se decía cuando salió el disco?

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