Acerca de ‘Como mosquitos en una trampa pegajosa’

No hay hola.

Doce. Ni más ni menos que doce palabras incluye el reto de este mes. Además una de ellas no recuerdo haberla usado nunca en un escrito: tango.

Cojones.

Para los amantes de los números, doce sobre setecientas cincuenta supone un uno coma seis por ciento. ¿Poco? Os juro que no. Tejer tres actos más o menos coherentes en setecientas cincuenta y con ese lastre tan diverso (doy por hecho que se va a dar a las palabras un mínimo de peso en la historia) no es moco de pavo. Aunque (ya puestos a usar casticismos) ‘en peores plazas hemos toreado’.

¿Qué narices hago con ‘tango, roedor, escalera, talismán, alianza, frasco, viuda, regalo, naranja, mañana, secreto, doce’? Pues de entrada sólo se me ocurrió una cosa: darle vueltas.

Pensando, pensando, noté que la jodida ‘tango’ se me clavaba entre ceja y ceja. Decidí que debía empezar por ella. Como nunca la había usado en un texto, sin duda ella debía resultar la más costosa de colocar.

Tango. ¿Qué me sugería? Pues barrios bajos, ambiente portuario y malsano. Lo siento para los amantes del tango, pero yo asocio eso con ese baile. Eso y pelea, venganza, cólera. En definitiva, un ambiente malsano, de esos que tanto me gustan.

Así me encontré imaginando a un fugitivo oculto en un cuartucho mugriento, en un hotelucho de mala muerte. El tango entraba en escena como la música que le llega a través de la ventana abierta, ascendiendo desde un antro situado en la planta baja del edificio.

Muy de novela negra, ¿no? Mira que me aburre ese género literario, y voy y acabo perpetrando algo de ese estilo.

¿De qué huía? No lo tenía nada claro, pero junto con la melodía de la canción supe que se trataba de algo amoroso.

Coño, que hay una ‘viuda’ entre las palabras. ¿Y si hago que el fugitivo sea el asesino del marido? Pero eso no explica el tema amoroso. ¿O quizá se trata de desamor?

Antes de llegar eso trazo el inicio del cuento e introduzco ni más ni menos que ‘tango’, ‘escalera’, ‘frasco’, ‘regalo’. ‘Frasco’ y ‘regalo’ implican al fugitivo de una manera muy emocional, mucho más que el papel representado por un simple sicario. La historia se complica. Eso mola.

Cuando veo cómo encajar ‘mañana’ se abre un abismo en la narración. La angustia que acompaña al protagonista con esta palabra debe tener una razón, pero aun no la veo clara.

Vueltas, hay que darle más vueltas a la historia.

Escribo a ciegas, como una vez me recomendaron ante las situaciones de bloqueo.

De repente me doy cuenta de que estoy trazado la escena final con ‘naranja’, ‘roedor’, ‘talismán’. Casi de un plumazo, entre los párrafos iniciales y del final me he pulido ocho de las doce palabras. Además me percato de que como desenlace no está mal: en cierta medida ata el vacío que hay entre él y el arranque. La premisa de la huida se convierte en una realidad.

Ahora hay que narrar el momento en el que la huida empieza, lo que la desencadena.

Sólo me quedan cuatro palabras (‘alianza’, ‘viuda’, ‘secreto’ y ‘doce’) para acabar el puzle. Sin lugar a dudas la entrada de la ‘viuda’ debe impactar. En una historia de los barrios bajos eso implica violencia y gritos. Por no decir sangre o incluso muerte. Perfecto.

Sin saber cómo (quizá como un secreto de mi mente) descubro cómo engarzar ‘secreto’. Y ese detalle implica reescribir todo el cuento. Todo, de cabo a rabo. Debo lograr que cierta pista desaparezca: el secreto debe quedar bien guardado, sólo accesible al lector avispado.

Las dos palabras restantes las encajo con un poco de brusquedad, poco menos que a martillazos. Sólo gracias al uso de la Voluntad (la mía y la que despliega la voz que narra la historia) lo consigo.

Ya está casi acabado el cuento: lo dejaré unos días de barbecho, le daré los últimos toques y lo mandaré.

Al final ha quedado una historia de amor y odio, de venganza y huida. Sin poder salir del género (de nuevo el texto está ambientado en mi universo de La Voluntad) en esta ocasión la fantasía se sitúa en una región casi adyacente con nuestra realidad.

Como ya se habrá dado cuenta más de uno, publico esta entrada bastante antes de que salga el relato. En algún momento de este mes aparecerá en Literautas este engendro titulado ‘Como mosquitos en una trampa pegajosa’. Hasta entonces os tenéis conformar con este ‘Acerca de’.

No hay adiós.

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