Nunca seré yo el espectáculo

No hay hola.

Nanocuento perpetrado para el II Premio de Microrrelato IASA Ascensores. Al final lo desestimé porque dependía demasiado de que los lectores conocieran al infame Jack Ketch. Y no, ese tipo de dependencia no es buena en un microcuento. Al final modifiqué las últimas tres frases del cuento y lo mandé, ya sin referencia alguna al famoso verdugo.

No hay adiós.


La carcajada inundó la plaza. Ruborizado, el joven recogió el hacha y se incorporó con rapidez. Siguió escaleras arriba, el rostro oculto bajo la capucha. Ya sobre la plataforma se giró y contempló al gentío. Sí, le miraban llenos de mofa. Todo por ese maldito escalón.

«Te lo dije, Tobb», pensó. «Remáchalo, que cede».

Pero ni caso. Ahora su estreno como verdugo estaba destacando por un peldaño hundido y un golpetazo.

—¿Reis? Ya veréis —musitó—. Os daré un espectáculo que no vais a olvidar. Palabra de Jack Ketch.

El reo, maniatado, temblaba de pies a cabeza. El joven le sonrió:

—Lo siento, viejo.

Muchos años después, el amigo Ketch la lió parda. Y varias veces. Aquí se le ve acabando el trabajito de Lord Monmouth a base de cuchillo.
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