Poder tropezar dos veces

No hay hola.

Nanocuento creado para el II Premio de Microrrelato IASA Ascensores. Antes de mandarlo desestimé otro cuento por estar inspirado de manera demasiado directa en el infame Jack Ketch. Pero sobre esa historia inicial redacté esta otra, un poco más ligera y que no requería conocer la historia de Ketch para sacarle cierto gustillo.

Por supuesto, el cuento no ganó 😦 Se ve que las historias de verdugos no atraen.

No hay adiós.


La carcajada inundó la plaza. Ruborizado, el joven recogió el hacha y se incorporó con rapidez. Siguió subiendo las escaleras, el rostro oculto bajo la capucha. Ya sobre la plataforma se giró y contempló al gentío. Le miraban llenos de mofa. Todo por ese maldito escalón.

«Se lo dije», pensó. «Remachadlo, que cede». Pero ni caso. Ahora su estreno como verdugo estaba destacando por un peldaño hundido y un golpetazo.

—Sonríe, chaval —la voz sonaba cálida, tranquila—. Tú podrás volver a tropezar. Yo no.

El novato, cariacontecido, miró al reo; luego al filo del hacha. Y ahora, ¿qué?

La mano tembló.

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