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Acerca de ‘El rostro del amo’

No hay hola.

Coño con el primer requisito de esta edición del ELDE: ‘Debe usarse un tenedor como arma de Chejóv y para herir o matar a alguien’.

De entrada debo decir que la premisa de Chejóv no me convence. O no del todo: sólo la veo útil para relatos cortos o muy cortos; para novela corta y novela normal lo veo una exageración (que todo lo mostrado tenga un peso argumental). Nada más en mi vida recuerdo haberme pillado un cabreo por haber intuido un ‘arma de Chejóv’ que luego el autor no dispara: en una novela de Dorian Hawkmoon, Moorcock recalca que el protagonista encuentra una bala entre unas ruinas. Luego, al acabar la novela, se descubre que ese detalle (por más que lo resaltó el autor) no iba a ningún lado. Pero bueno, eso lo leí en mi juventud, siglos ha, y por aquel entonces no sabía ni quien era Chejóv, ni mucho menos nada de su arma.

¿Un tenedor como arma? Joder, si un tenedor se usa sólo para comer… En eso me quedé al leer esa premisa. Tenedor, comer. Me obligué a rellenar el triunvirato: tenedor, comer, matar.

¿Cómo llegué de eso al escafismo? Supongo que ese tipo de asociaciones mentales forman parte de mi mente ‘enferma’. De ahí pasar al canibalismo sólo supuso dar un paso más. Debo decir que el canibalismo nunca me ha parecido un tema tabú, más bien al contrario: da mucho juego, resulta jugoso para un escritor.

Tenedor, escafismo, comer. ¿Cómo tejer una historia en torno a ello, y darle mi toque personal? Mi universo creativo personal de La Voluntad cuenta con la localización idónea para que se den ese tipo de aberraciones gastronómicas: la ciudad de Efímera, con sus Amos (los maestros en el uso de ese poder pseudomágico llamado Voluntad).

Antes de avanzar sigamos con las otras restricciones:

  • Debe usarse un narrador omnisciente;
  • Un personaje debe decir ‘te lo dije’.

El narrador no tiene el menor problema. Al contrario, me quita la duda de cuál usar. Ale, un problema menos.

Pero el jodido ‘te lo dije’ tiene su enjundia. En las tres palabras creo leer un aire de reproche que me parecía decir que ‘alguien le echara algo en cara a otro’. ¿El qué?

Rumiando y rumiando di con una suerte de solución. Así, sin quererlo ni beberlo, me encontré con que el relato se ambienta en el futuro lejano de mi ciudad favorita, Efímera (y digo futuro de verdad remoto, muy lejos de los relatos ambientados en ella que por ahora he colgado aquí). En ella un protagonista se adentraba en unas ruinas (jur-jur, qué divertido) buscando una explicación para unas extrañas luces (doble jur-jur, requetedivertido). ¿Qué podría pasar en un situación como esa? Pasen y lean y lo descubrirán: ‘El rostro del amo’ les espera.

No hay adiós.

PD: germen de la historia patrocinado por tres días de insomnio y dolor casi insoportable debido a un proceso contractura muscular que derivó en ciática. Tope guay.

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