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Acerca de ‘El relanzador’

No hay hola.

Este cuento fue el segundo intento de ataque al reto 23 de Inventízate II de ELDE. El primero se cayó debido a que ‘su médico’ usaba tecnología demasiado alejada de lo ‘real’ como para poder considerarse tal, un médico. Una vez apartado del reto, ese relato original sufrió una remodelación que lo llevó a superar las 1.700 palabras. Y así quedó mucho mejor que con las 500 originales, palabra de padresito. Le daré unos días de barbecho y luego lo colgaré en esta web, dado su nulo recorrido más allá de la convocatoria.

Pero toca hablar de ‘El relanzador’. Dos días después de recibir la negativa a mi médico original ya tenía este segundo relato. Empecé con él de la manera más sencilla: usando la idea inicial del otro, y sobre todo el escenario. Así, no me alejé de un lugar muy semejante al de los campos de batalla de la I Guerra Mundial: trincheras, nubes de tierra triturada por la lluvia de obuses, campos convertidos en desiertos surcados de cráteres… y hombres malviviendo en zanjas, arriesgando su vida cada vez que asomaban la cabeza. Puta I Guerra Mundial. Bueno, en general, puta guerra.

Pero para este cuento decidí convertir la pseudo-magia en nanotecnología: nanomáquinas que hacían buena parte del trabajo de los cirujanos, con éstos limitándose a supervisarlas.

Un detalle que se quedó en el tintero: al inicio del cuento hablo de las células de fusión. Tenía pensado hablar de ellas, de cómo servían de fuente de potencia para las nano. Pero al final la extensión me dejó sin espacio para ello. Vamos, lo de siempre.

Otra cosica en la que puede que se fije alguien: la relativa a la enorme duración de la guerra. Esta, junto a la mención a un Imperio anónimo, vienen del cuento original. Como muchas otras veces, todavía no tienen un marco concreto de desarrollo. Se quedan como simples pinceladas que quizá algún día sirvan para futuras historias. Pero, a modo de apunte, debo admitir que quizá su presencia tienen su origen en mis recientes lecturas de las wikis de ese universo grandilocuente llamado Warhammer 40k.

Pero no todo en ‘El relanzador’ viene heredado de su antecesor. En el otro cuento las taras del protagonista venían desde su nacimiento; en cambio, en ‘El relanzador’ tienen su origen en un conflicto entre las tropas de a pie y el propio Cuerpo de Relanzadores. Además, ese conflicto desata parte de la tensión del cuento y el posterior desenlace.

Espero que no os defraude esta pequeña historia bélica.

No hay adiós.

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