El taller, día 1. Relato: ‘Los hijos de Tor’

No hay hola.

Bueno, a continuación pongo la chorradilla que hice en ese primer día. Tal y como nos dijo el profesor, no habría más ‘escritura en vivo’ que aquella. Y menos mal, porque vaya vergüenza lo de no poder leer bien lo que yo mismo había escrito.

Se supone que teníamos quince minutos para, en dos párrafos, presentar un resumen de la vida de un personaje real o ficticio. Como no podía ser menos, los compañeros hablaron de personas que conocían, ya en persona ya de referencia, y todo en un tono realista y enmarcado en la época más o menos actual. A mí se me metió en la cabeza no hablar de una persona sino de algo que con su vida y muerte ayudó a otros. Por supuesto, mi idea derivó en algo que nada tenía que ver con lo que los compañeros escribieron.

Por determinadas razones organizamos un grupo de correos. En él compartí el relato junto a notas para que se comprendiera lo que quería decir: me daba en la nariz que la ciencia ficción dura no entraba dentro de sus lecturas.

Bueno, aquí transcribo el cuento y las notas, tal y como se las mandé a los compañeros.

No hay adiós.

Hijos de Tor

Mañana celebramos la muerte de Tor. Como hijos suyos, nos juntamos y brindamos, reímos y comemos.

Tor nació y creció sólo con el objetivo de morir, y al hacerlo dar vida a este planeta muerto. La estatocolectora lo lanzó cuando todavía no habíamos iniciado la maniobra de deceleración. Ello hizo que Tor chocara con violencia relativista contra la atmósfera del planeta y empezara a disgregarse. El remanente que atravesó las capas de aire Impactó aquí mismo, entre estas rocas y aguas poco profundas. Mientras llovía una lluvia perlada de  sus propios restos, Tor hundió sus raíces en el suelo y empezó a remodelar el terreno. Comía, digería y regurgitaba. Abonó lo estéril volviéndolo fértil.

La estatocolectora había empezado ya la trayectoria de aproximación y él ya se había propagado por todo el planeta, una especie de virus sembrando promesas de futuro. Cuando descendimos su organismo global ya había empezado a colapsar: sus propios detritos, los que hacía del desierto inicial un vergel, le estaban asfixiando. Matando.

Mañana celebramos su muerte. Lo hacemos comiendo el ecosistema surgido de sus restos. Porque todos somos hijos de Tor.


Datos aclaratorios:

  • Se trata de un microrrelato de ciencia ficción dura inspirado en parte en la Trilogía de Marte, de Kim Stanley Robinson. En este caso la terraformación se realiza mediante la inserción en el planeta (con una sonda a velocidades relativistas) de un organismo de rápida propagación. El organismo actúa como vector de terraformación. Mientras la nave generacional decelera el organismo se propaga por el planeta y siembra las bases del nuevo ecosistema. El organismo posee un sistema de control: la biosfera que él mismo crea le es tóxica, de tal manera que cuando el planeta está lista para el descenso de la tripulación el nivel de toxicidad mata al vector.
  • La nave desde la que parte Tor es una estatocolectora.
  • El nombre de Tor me vino del servicio de anonimato en la web, nada que ver con Thor.
  • Las estatocolectoras pueden usarse a modo de naves generacionales, como la de este microcuento.
  • Tor realiza él solito todo el proceso de Terraformación.
  • El sistema de control para que Tor muera y no se convierta en un cáncer se inspira en la Gran Oxidación.
  • Sí, el relato es muy tontuno y simplista, pero no se puede pedir mucho para 15 minutos: la vida y muerte de ‘alguien’, sólo que un ‘alguien’ que no tiene nada que ver con lo cotidiano.
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