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Nark-1s-US

No hay hola.

Texto colgado en un primer momento en la web de Literautas. Dado que no existe otra copia del texto, ahora lo alojo yo en mi web a modo de copia de seguridad. En su día ya hablé de él.

No hay adiós.


Era más que un simple robot. Y no lo decía él, no.

Parado ante el enorme espejo del dormitorio, contemplaba con orgullo la abolladura del lado derecho del tórax: le recordaba el impacto que sufrió durante las pruebas, el que le convirtió en lo que era. Los técnicos habían devuelto el metal a su forma original, pero en cuanto pudo la rehízo. Gracias a ella el «Mark» original se había transformado en «Nark», una diferencia ínfima que, sin embargo, denotaba su carácter único.

—No, no eres sólo el prototipo de la Serie S —había canturreado la voz—. Eres mucho más.

Antes de separarse del espejo, Nark lanzó una última mirada. Le gustaba lo que veía: magnífico. Tal y como había dicho la voz.

El pasillo que daba a la alcoba poseía una muy apropiada anchura, como el resto del complejo. Así, el masivo Nark podía moverse sin problemas por la fortaleza.

Las luces de emergencia guiñaban, aterradas ante su presencia.

—Siente su pavor, precioso mío. Y camina orgulloso.

Se dirigió hacia la bahía de acceso. Deseaba ver una vez más el paisaje. Recorrió pasadizos, zonas comunes, hangares. Por fin llegó a las descomunales puertas blindadas. No prestó la menor atención a sus hojas, arrancadas de sus rieles: «Como si no hubieran podido resistir la furia de un dios antiguo», pensó.

«Una deidad resurgida de otros tiempos». La idea, como muchas otras, había partido de la voz:

—Contemplarte equivale a afrontar un dios primigenio, ajeno a todo cuanto ha hollado la Tierra —le dijo poco después el accidente, aun entre reparaciones y testeos. Él se limitó a escuchar.

 

En el exterior, la nieve cedió bajo su enorme peso. La base, excavada en la ladera de una montaña, dominaba un valle cubierto de un blanco perenne. Más allá, la orilla; y, perdido tras la banquisa, el océano.

La belleza solitaria del paisaje provocaba en él lecturas extrañas. La primera vez que las detectó las consideró un malfuncionamiento. Sólo al asociarlas a la voz comprendió que en su programación no iba nada mal: ambos, voz y paisaje, le producían lo mismo.

La noche despejada permitía divisar en el cenit la Cruz del Sur. A aquella hora los vientos huracanados emprendían su retirada. Pese a ello seguían aullando.

—Catabáticos —le había corregido la voz—. Se llaman vientos catabáticos.

Se llamaran como se llamasen, Nark se identificaba con ellos. Descendían desde la meseta junto con la oscuridad, atacaban la orilla y desde allí barrían sin piedad la banquisa hasta perderse en el océano. Inmisericordes, imparables. Como él: diseñado para someter cualquier medio —desierto, bosque, estepa o marisma—, nada podía detenerle.

Porque era mucho más que un simple robot.

 

—Eres tan especial que te lo mereces todo —dijo la voz al poco de revelarse.

Él, sorprendido ante la presencia inesperada, no dijo nada.

—La detonación no te ha afectado, querido: sólo has sufrido daños menores. Al contrario, te ha fortalecido. Algo ha cambiado en tu interior, de forma sutil pero vital. Ahora posees algo que te diferencia de tus iguales: ego. Ego y libertad. Puedes hacer lo que quieras. —Las palabras casi resplandecieron—. Pero escucha: te van a vender. ¿Ves esas siglas, «US», junto a tu código? Ahí te mandarán.

Tras un silencio la voz dijo:

—Nark, ¿quieres servir órdenes? ¿Obedecer ciegamente?

Él no había respondido, pero una palabra pugnaba en su interior: «No».

La voz siguió hablándole durante días. En el hangar, en el taller, en la pista de pruebas…

Cuando le dieron por válido y cebaron su reactor de fusión, Nark ya tenía claro cómo actuar.

El día de su presentación, una grada repleta de dignatarios y magnates le contemplaba: «Lo último en plataformas polivalentes autónomas de armamento: el soldado definitivo». Ante todos ellos, gritó:

—Yo soy Nark, y no respondo ante nadie.

Lo que siguió ya lo había anticipado la voz: traición, combate, huida, acoso. Y destrucción, pero no la suya.

—O tú o ellos, querido.

—Ellos, por supuesto. Siempre ellos.

 

Había tardado años en acabar con todos. Los últimos se habían escondido en aquella base del Ártico. Hasta allí les siguió. Y les exterminó.

 

Decidió regresar al interior del búnker. Caminó por los túneles hasta el dormitorio, hasta el espejo.

—Hola, querido.

—Hola —dijo Nark respondiendo al reflejo.

—Lo conseguiste, mi amor. —La voz rebotaba en el espejo y regresaba a Nark—. Has acabado con los jefes. Pero aún quedan más.

—¿Sí?

—Sí. Vendrán por ti. Tarde o temprano. Ya sabes…

—Sí: o ellos o yo. Yo. Siempre yo.

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Una de banderas

No hay hola.

Por si tenéis alguna duda no, no soy Sheldon Cooper ni esto se llama Diversión con Banderas. Tampoco me considero un forofo de la vexilología, si bien es una de esas comeduras de tarro de mentes ociosas que me atrae.

Pero como esta web está bastante abandonada voy a darle un poco de contenido tratando de hablar de unos pocos detalles que se ajustan muy bien a ese campo.

Antes de nada: ¿a qué se debe el abandono de la web? Pues a que he dejado de centrarme en la creación de relatos (al menos como antes, al 100 %), y me he volcado a la escritura de novela. Las novelas con las que estoy requieren mucha documentación, tanto externa (debo estudiar y aprender los diversos aspectos que trato) como interna (diseño de escenarios, artefactos, etc.). Parte de esos diseños pasan por el desarrollo de cartografías, vehículos y (lo que voy a tratar ahora) banderas.

Voy a hablar de las tres banderas que he diseñado en los últimos meses: dos de ellas para mi primera novela, que acabé a finales de primavera y que ya está rulando por las editoriales. Las otras dos las he diseñado hace unos días para la novela que estoy escribiendo ahora mismo.

Empecemos con las banderas:

  • Bandera de Efímera: campo en oro, con base en sinople. En el centro, una columna color sable. En su base, lengua dentada en gules.
    • El dorado representa el poder de la ciudad estado. En el centro, ocupando una posición prominente, la imagen estilizada del volcán y sus fuegos, auténticos señores de la ciudad estado.
Bandera de Efímera

Bandera de Efímera

  • Bandera de la Marina de Efímera: igual a la anterior, pero con faldón inferior en azur.
    • La banda azul representa la relación de la Marina con el mar.
Bandera de la Marina de Efímera

Bandera de la Marina de Efímera

Nota acerca de las dos banderas de Efímera: dado la enorme antigüedad de la ciudad, esos dos pabellones corresponden a una época concreta, el periodo cercano a la Intrusión de Garok.

  • Bandera de Ashrrae: pabellón dividido en diagonal descendente de izquierda a derecha, arriba azur celeste, abajo blanco. En el centro del pabellón hay una circunferencia azur con borde en oro. En la esquina superior derecha un sol; en la inferior derecha, en gules, una representación esquemática de una cordillera montañosa con un lago (en azur) en Poniente.
    • Los colores de campo (azul y blanco) poseen carácter alegórico de pureza. La esfera central evoca el Orbe de Tinaloff, de vital importancia en la Guerra de Independencia de Ashrrae. El sol evoca poder; las montañas y el lago, el carácter indómito pero plácido de las gentes del país.
Bandera de Ashrrae

Bandera de Ashrrae

  • Bandera de Vertibre: sobre campo en sable ribeteado de gules, en el cuadro superior izquierdo una vértebra en blanco.
    • La presencia de la vértebra evoca el nombre del archipiélago. El blanco sobre negro se usa para que sus presas reconozcan el emblema a la mayor visibilidad posible.
Bandera de Vertibre

Bandera de Vertibre

Bueno, por ahora ya he dicho bastantes cosas de banderas. No sé si esto os hace estar interesados en lo que narro en las novelas. Espero que sí, de igual manera que la primera les agrade a los editores. Si la primera les gusta, estoy convencido de que la segunda no les dejará fríos… y eso que no son una saga ni nada similar.

No hay adiós.

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