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Acerca de ‘La fiesta’

No hay hola.

Tras mucho tiempo, aquí regreso con una “Acerca de”. En esta ocasión de mi reciente aparición en Libros Libres. El número 3 tiene por tema los viajes en el tiempo. No voy a negar que no suelo trabajar mucho esa temática, por no decir que nada. He leído de ella, más allá de la clásica Máquina del tiempo de Wells y alguna cosita más. Sí que he visto películas, claro, desde las medio tontunas como Regreso al futuro o La chica que saltaba a través del tiempo, pasando por otras más o menos palomiteras como Al filo del mañana o Arc, y llegando a algunas más complejas como Primer.

Con ese pequeño (y triste) bagaje me puse a intentar sacar una historia de unas mil quinientas palabras. Como era de esperar, me bloqueé: no salía nada. Pero nada de nada. Pasaban los días y empezaba a desesperarme… hasta que de repente surgió algo: una idea que retomaba de manera un poco descarada un cuento de Orson Scott Card (‘Bajo la tapa’, creo que era, uno incluido en Mapas en el espejo). Pero mi cuento contaba con una temática tan irreverente que, según me puse a escribirlo, supe que tenía pocas opciones de acabar publicado. Una cosa era gritar ‘¡Gora ETA!’ en una ficción, y otra narrar eso.

Nota: que quede claro que no me suelo auto censurar nunca. Pero otra cosa es que entre de por medio una tercera persona (el editor) y éste ya no se desee pringar en mis idas de olla. Lo comprendo, más aún en este país aún demasiado lleno de mojigatos reaccionarios. A modo de ejemplo, unos meses después de escribir el cuento un payaso, por hacer un chiste (uno en el que incluso vaticinaba lo que iba a pasar), ha acabado ante los jueces. Doy por hecho que el caso de ese comediante ha llegado a tener tanta relevancia porque el chiste ha tenido difusión nacional. Pero eso no quita que si se publica un relato como el mío en una revista no acabe la revista, o yo, recibiendo una citación del juzgado por ‘ofensas’.

Vamos, que no: ese cuento de momento no saldrá a la luz.

Pese a todo acabé con un borrador más o menos maduro del cuento. Luego lo metí en el cajón del olvido y seguí dándole vueltas al asunto de los viajes en el tiempo.

A volver a empezar. Y de nuevo me encontré con el mismo bloqueo. A darme de cabeza contra la pared. Por fortuna la tengo dura (la pared) y la técnica tuvo algo de efecto: de repente me acordé de la más famosa fiesta de viajeros en el tiempo que se ha celebrado jamás. Se trata de un evento tan real como vacío: la recepción que organizó Stephen Hawking el día 28 de junio de 2009. Se me ocurrió pensar en esto: ¿y si de verdad sí que alguien intentó ir?

Con ese germen me puse a darle vueltas en mi cabeza a la historia. Casi sin quererlo me encontré andando por Cambridge gracias a Google Street View. Así conocí Trinity Street, vi numerosas fotos de la calle y leí su historia. De esa manera conocí, situado en la acera de enfrente, el edificio de la iglesia de St. Michael, que aloja el Michaelhouse Café & Centre.

Ya tenía un escenario donde preparar las mil quinientas palabrillas de turno. Según conseguía descubrir más y más detalles de la calle y del edificio donde se celebró la fiesta, empezaba a hacerme una idea de cómo resolver el relato. Las piezas y la atmósfera del cuento empezaron a unirse en mi cabeza. El inicio del mismo se desató como quien dice solo, casi idéntico al de un relato que descarté para el número anterior, el de las distopías. El cuerpo central lo constituía mi visión de esa calle. Y el final, que surgió por sí solo, me hizo regresar a unas de las temáticas favoritas de mi infancia y juventud. Eso sí, no quise poner ningún nombre concreto: quien lo lea y esté iniciado sabrá de lo que hablo; quien no lo esté se limitará a vivir la indefensión y la incomprensión del protagonista.

Antes de acabar debo admitir que la historia me ha quedado muy encajonada. Para variar 😛 El doble de palabras le hubiera ido de perlas, permitiendo presentar bien tanto al protagonista como a sus intenciones, por no mencionar tejer mejor la atmósfera final. Pero mil quinientas palabras dan para lo que dan.

Bueno, espero que el resultado os guste.

No hay adiós.

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La cornucopia

No hay hola.

Texto colgado en un primer momento en la web de Literautas. Dado que no existe otra copia del texto, ahora lo alojo yo en mi web a modo de copia de seguridad.

Se trata de un nanocuento ‘navideño’. Admito su falta de originalidad: en cuanto tuve el primer borrador me vino a la memoria La niebla, de John Carpenter. Pese a todo se ve que a alguno le ha sorprendido, lo que dice que no conocen la película, nada más.

No hay adiós.


Al fin, en la cuarta navidad, tuvieron algo que celebrar. Los arrecifes que circundaban la isla les regalaron una cornucopia de objetos desmadejados: abrigos empapados, reducidos a jirones; vestidos enjoyados de algas y conchas; también calzado y enseres varios. Incluso latas abolladas y alguna botella intacta.

Lo desecharon todo.

Carne: necesitaban carne con la que variar su dieta.

De repente, asomando bajo una vela desgajada, vieron una sandalia con su respectivo pie. Tras ella, una pierna mordisqueada por tiburones.

—Aleluya —gritaron, recogiendo con alegría el regalo del barco.

—Ya sabemos hacerlo —dijo uno—. El próximo naufragio nos saldrá mejor.

Ya está disponible Libros Libres 3: «Cronostasis a través del tiempo»

No hay hola.

Libros Libres 3: «Cronostasis a través del tiempo»

Libros Libres 3: «Cronostasis a través del tiempo»

El nuevo número de Libros Libres, el tercero, ya ha salido al público. Como otras veces, lo tenéis a vuestra disposición en formato digital y gratis en Lektu. Si deseáis ayudar al proyecto y adquirir un ejemplar físico por 1’50 € solo tenéis que dirigiros a sus editores.

Hablemos un poco del número. Tiene por tema central los viajes en el tiempo, algo que queda bastante claro con su título: «Cronostasis a través del tiempo». Todo su contenido orbita en torno a ese subgénero tan sugerente y que ha dado más de un quebradero de cabeza a los lectores con sus giros y paradojas. La revista incluye un grueso puñado de relatos que os recomiendo leer, además de un par de artículos e incluso una jugosa receta de cocina, por no mencionar la galería de ilustraciones. Espero que la lectura de todo ello no os deje jaqueca como la que puede provocar una enrevesada historia de viajes en el tiempo 😉

Como en los dos anteriores lanzamientos de la revista, este número incluye un cuento mío: ‘La fiesta’. ¿Qué decir de él? Como no podía ser de otra manera, habla de un viajero en el tiempo. Pero el auténtico protagonista de la historia es otro: un acontecimiento tan real como curioso. Se celebró hace unos años en Inglaterra, y tras él se escondía una de las mentes más lucidas y preclaras (por no decir digna de auténtica admiración) que han visto los siglos XX y XXI. Supongo que lo recordarán la mayoría de los aficionados a la física, así como a más de uno de los no aficionados: salió en varios medios de comunicación, más que nada por su extravagancia. Aunque, debo admitirlo, algunos esperamos a su celebración no sin concierta ansiedad. E incluso con una ínfima chispa de esperanza: ¿saltaría la liebre y su promotor podría descorchar satisfecho el champán?

Pero no voy a decir nada más. Si queréis saber de qué va la historia sólo puedo hacer una cosa: invitaros a ‘La fiesta’. Si podéis llegar, claro.

No hay adiós.

Contrato de novela firmado

No hay hola.

En junio del presente año di por acabada mi primera novela, el tercer intento en mi vida de lograr una obra de larga extensión. Dada mi falta de experiencia en esa extensión debo confesar que resultó un trabajo arduo, pero al mismo tiempo muy satisfactorio.

Ahora, casi seis meses después de terminarla, puedo comunicaros una noticia ilusionante: una editorial se ha mostrado interesada en la novela y hemos firmado un contrato de edición.

Contrato firmado.

Contrato firmado.

Ahora solo queda esperar al momento de su salida al mercado. Con un poco de suerte eso sucederá dentro de un año. El plazo se me hace largo: ardo por verla editada y dando vueltas por ahí, pero soy consciente de que esto no es llegar y besar el santo. Al menos sé que no será una salida en falso, que no se trata de autoedición o de esas editoriales que obligan al autor a conseguir ventas por sí mismo, limitándose a imprimir y poco más. Conociendo la editorial, la obra dispondrá de una buena campaña de promoción, así como de una distribución acorde. Vamos: algo de lo que sentirse contento.

Pero hasta ese momento hay que esperar un año. Un año entero. Uf 😦

Mientras, a seguir trabajando.

Respecto a la temática de la novela, no voy a adelantar nada: ni de qué va ni ninguna pista más o menos relevante. Solo puedo decir que no defraudará a los que conozcan tanto mis escritos y mis temáticas favoritas, como mi estilo.

Lo dicho: toca esperar. Lo siento.

No hay adiós.

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