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Acerca de ‘La fiesta’

No hay hola.

Tras mucho tiempo, aquí regreso con una “Acerca de”. En esta ocasión de mi reciente aparición en Libros Libres. El número 3 tiene por tema los viajes en el tiempo. No voy a negar que no suelo trabajar mucho esa temática, por no decir que nada. He leído de ella, más allá de la clásica Máquina del tiempo de Wells y alguna cosita más. Sí que he visto películas, claro, desde las medio tontunas como Regreso al futuro o La chica que saltaba a través del tiempo, pasando por otras más o menos palomiteras como Al filo del mañana o Arc, y llegando a algunas más complejas como Primer.

Con ese pequeño (y triste) bagaje me puse a intentar sacar una historia de unas mil quinientas palabras. Como era de esperar, me bloqueé: no salía nada. Pero nada de nada. Pasaban los días y empezaba a desesperarme… hasta que de repente surgió algo: una idea que retomaba de manera un poco descarada un cuento de Orson Scott Card (‘Bajo la tapa’, creo que era, uno incluido en Mapas en el espejo). Pero mi cuento contaba con una temática tan irreverente que, según me puse a escribirlo, supe que tenía pocas opciones de acabar publicado. Una cosa era gritar ‘¡Gora ETA!’ en una ficción, y otra narrar eso.

Nota: que quede claro que no me suelo auto censurar nunca. Pero otra cosa es que entre de por medio una tercera persona (el editor) y éste ya no se desee pringar en mis idas de olla. Lo comprendo, más aún en este país aún demasiado lleno de mojigatos reaccionarios. A modo de ejemplo, unos meses después de escribir el cuento un payaso, por hacer un chiste (uno en el que incluso vaticinaba lo que iba a pasar), ha acabado ante los jueces. Doy por hecho que el caso de ese comediante ha llegado a tener tanta relevancia porque el chiste ha tenido difusión nacional. Pero eso no quita que si se publica un relato como el mío en una revista no acabe la revista, o yo, recibiendo una citación del juzgado por ‘ofensas’.

Vamos, que no: ese cuento de momento no saldrá a la luz.

Pese a todo acabé con un borrador más o menos maduro del cuento. Luego lo metí en el cajón del olvido y seguí dándole vueltas al asunto de los viajes en el tiempo.

A volver a empezar. Y de nuevo me encontré con el mismo bloqueo. A darme de cabeza contra la pared. Por fortuna la tengo dura (la pared) y la técnica tuvo algo de efecto: de repente me acordé de la más famosa fiesta de viajeros en el tiempo que se ha celebrado jamás. Se trata de un evento tan real como vacío: la recepción que organizó Stephen Hawking el día 28 de junio de 2009. Se me ocurrió pensar en esto: ¿y si de verdad sí que alguien intentó ir?

Con ese germen me puse a darle vueltas en mi cabeza a la historia. Casi sin quererlo me encontré andando por Cambridge gracias a Google Street View. Así conocí Trinity Street, vi numerosas fotos de la calle y leí su historia. De esa manera conocí, situado en la acera de enfrente, el edificio de la iglesia de St. Michael, que aloja el Michaelhouse Café & Centre.

Ya tenía un escenario donde preparar las mil quinientas palabrillas de turno. Según conseguía descubrir más y más detalles de la calle y del edificio donde se celebró la fiesta, empezaba a hacerme una idea de cómo resolver el relato. Las piezas y la atmósfera del cuento empezaron a unirse en mi cabeza. El inicio del mismo se desató como quien dice solo, casi idéntico al de un relato que descarté para el número anterior, el de las distopías. El cuerpo central lo constituía mi visión de esa calle. Y el final, que surgió por sí solo, me hizo regresar a unas de las temáticas favoritas de mi infancia y juventud. Eso sí, no quise poner ningún nombre concreto: quien lo lea y esté iniciado sabrá de lo que hablo; quien no lo esté se limitará a vivir la indefensión y la incomprensión del protagonista.

Antes de acabar debo admitir que la historia me ha quedado muy encajonada. Para variar 😛 El doble de palabras le hubiera ido de perlas, permitiendo presentar bien tanto al protagonista como a sus intenciones, por no mencionar tejer mejor la atmósfera final. Pero mil quinientas palabras dan para lo que dan.

Bueno, espero que el resultado os guste.

No hay adiós.

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Acerca de ‘La última ofrenda’

No hay hola.

Bueno, hace mucho que no escribo uno de estos ‘Acerca de’ y ya toca.

Esta vez voy a hablar de ‘La última ofrenda’, el cuento que me acaban de publicar en el número 2 de Libros Libres.

Libros Libres 2

Libros Libres 2

Tras hablar con el editor, me dijo que para ese número necesitaban relatos con temática de distopías. Como sabéis, me va la fantasía más o menos oscura, con toques de terror u horror, pero para nada la distopía: ese subgénero no lo suelo practicar. Vamos, que cuando me dijeron que el relato debía ir por ahí me eché un poco para atrás.

Pero decidí aceptar el reto y me puse a ello.

Desde mi punto de vista plantear bien una distopía requiere espacio, palabras. Con un máximo de mil quinientas lo vi crudo desde un primer momento. Además no quería tirar de tópicos ya manoseados como 1984 y similares para economizar conceptos y acercar al lector a la historia. Debía usar una distopía cien por cien de mi factura.

Chungo. Debía intentarlo, pero lo veía chungo.

En eso que recordé que ya tenía una especie de distopía esbozada en un cuento, uno más o menos reciente: ‘La marea de sombras’. En él planteaba una España en la que el franquismo no se deshizo ‘formalmente’ en 1977 y aún seguía presente. Sí, en ese cuento la distopía se mezcla con la ucronía.

Nota: desde mi punto de vista puede haber una relación muy íntima entre distopía y ucronía. Una distopía muy bien puede nacer de una ucronía. A la mente me viene ahora mismo como ejemplo El hombre en el castillo, de Dick. El que el franquismo no diera paso a la llamada transición (ahí la ucronía) muy bien podría suponer una utopía para unos y una distopía para otros.

Vale, ya tenía ese cuento como base: muy cercano a la realidad actual, y en él jugaba con nombres y lugares conocidos por todos. La mejor manera de meter en salsa al lector. ¿Podía tirar del hilo y escarbar algo más? Si para Literautas saqué bien la idea con setecientas cincuenta palabras (ayudado de un claro homenaje a los Beatles), ¿podría sacar algo digno relacionado en el doble de palabras?

Me puse a ello. Al poco tenía un argumento… y un serio problema: el guión por sí solo ya ocupaba mil palabras. Malo. La historia me parecía interesante, con más personajes conocidos metidos en situaciones imposibles de imaginar en nuestra realidad. Empecé con un primer borrador y vi que se me iba. Dos mil, dos mil quinientas palabras… dios, eso no había tijeras que lo recortase. Pero la historia me gustaba: muy ácida, llena de mala leche.

Se me iba de las manos. Joder, lo de siempre. No lograba recortar sin amputar datos y escenas serias. Decidí, muy a mi pesar, dejarla a un lado la historia. ‘La venganza se sirve fría’, así se llamaba el cuento en un principio, acabó en la nevera. Fría, muy fría debería servirse la protagonista su venganza.

Debía buscar una nueva idea. Para mi desgracia, por más vueltas que le daba no lograba nada tangible. O, mejor dicho, nada que entrase bien en las mil quinientas palabras de marras. Lo intenté en mi lugar favorito de crear historias: la cama, en plena noche. Resultado: nada. Pasaron unos días y estuve tentado de mandar a la mierda el trabajo. Hasta que me di cuenta de que cada día, en el telediario, me lo estaban plantando delante de los ojos. Llevar a la realidad lo que unos llevan pidiendo años: eso que llaman ‘libertad de elegir independizarse’. Sí, hablo de algo tan actual como el independentismo/secesionismo.

Antes de que alguien salte, me adelanto y describo mi postura ante esos movimientos: yo estoy siempre en contra de todo separatismo/independentismo. Forma parte de mi manera de concebir el mundo y las relaciones humanas, y me considero muy cercano al internacionalismo o al mundialismo. Para mí el Hombre es una especie, ni más ni menos, y por tanto un solo y único pueblo. Desde mi punto de vista lo lógico seria la cooperación y la unidad: el bien de todos beneficia al individuo, y el individuo debe hacer que con su bien personal se desarrolle y mejore el grupo. Esa es mi manera de ver la vida. Pero a día de hoy la inmensa mayoría del pueblo está alienado en lo geográfico mediante fronteras, a lo que se suman otros inconvenientes no integradores en la forma de idiomas y sistemas políticos. Mi utopía personal describe un mundo en el que se vive en unidad y paz, con nada que nos separe más allá de la inevitable distancia geográfica.

Por eso mismo considero a todos los nacionalismos (insisto: a todos) como lacras, tumores sociales que esconden miedo al ajeno y un terrible egocentrismo. Todo nacionalismo oculta un sentimiento maligno de superioridad, un ensalzamiento cobarde de lo propio que demasiadas veces acaba deparando discriminación e incluso racismo. Es que cuesta mucho reconocer en el ajeno al hermano. Eso por no hablar que la mayoría de los nacionalismos están auspiciados por grupos económicos de poder: individuos podridos de egoísmo y avaricia que en el fondo solo desean incrementar su beneficio propio. Si hay fronteras el comercio se fortalece, y sus bolsillos engordan mediante toda la burocracia del mercado. Patriotas de ese tipo, con cuentas bancarias en paraísos fiscales, dirigen partidos políticos que enarbolan banderas nacionales y llaman al alzamiento de barreras.

Barreras ficticias. Como suelo decir: sobre una mesa de operaciones un cirujano no puede diferenciar si su paciente es europeo, africano o asiático más allá de la mera raza; no puede saber si trata a un cristiano, un ateo, un nazi o un comunista. Un médico solo ve un cuerpo humano, una persona necesitada de ayuda a la que hay que curar. Todos deberíamos ver a los demás de semejante manera, con ojos de cirujano. Ver en el otro a ese igual al que hay que ayudar. Si el prospera, tú también.

En pocas palabras, que si no me enrollo: nacionalismo → caca.

Una vez explicada la generalidad del concepto, voy a lo concreto, lo que me toca más cerca. Son igual de perniciosos los nacionalismos ‘regionales’ de aquí (vasco, cántabro, leonés, catalán, etc.) que el ‘estatal’. Me parece tan ridículo como triste el que los ‘españolistas’ pongan a parir a los separatistas cuando ellos mismos se negarían a la disolución de España para su integración absoluta en unos Estados Unidos de Europa, o en unos Estados Unidos de La Tierra. Sí, me refiero a esos partidos de falsa izquierda (PSOE) y derecha y ultraderecha (PP, Vox, Ciudadanos) que enarbolan la bandera roja y amarilla pero al mismo tiempo cierran fronteras con el sur. Ese nacionalismo estatal oculta un sentimiento de superioridad. Se sienten superiores a, por decir nombres al azar, Francia, Senegal, Cuba, Inglaterra, EE.UU., Bolivia, India o Portugal (país que, por cierto, ha demostrado en estos años muchas más luces y eficacia que España. Voto ya por la unión de Portugal con España. Debemos aprender mucho de nuestros hermanos).

Regresemos al relato.

Con un esbozo de idea en la cabeza me puse a escribir a toda leche un borrador. ¿Qué sociedad podrían crear esos nacionalismos si triunfasen? ¿Qué consecuencias tendrían para los ciudadanos esas nuevas fronteras? No, no iba a hablar de cosas épicas ni macroeconomía: para vender esa moto ya están los que ahora mismo defienden esas ideas. Yo quería contar una historia más humilde, uno de los dramas de guerra… y de posguerra.

Necesitaba una región con una frontera llena de recovecos, confusa. Por fortuna conocía una que encajaba a la perfección. Además, esa región me permitía huir de lo fácil, del enfrentamiento catalán. Y eso sin perder el detalle de estar rodeada por otras zonas con componente nacionalista. Vamos, que me parecía idónea para el relato.

Una vez elegida la región, otros detalles vinieron solos. Conocía varias poblaciones que me venían que ni pintadas para el argumento. Así entraron en la historia Pomar de Valdivia, Cezura y Helecha. Además podría usar lugares tan reales como el Monte Bernorio y la Iglesia de Santiago. Sí, la anodina y nada televisiva Montaña Palentina también puede acabar azotada por enfrentamientos nacionalistas.

Con todo ello tejí una historia sencilla pero que creo que cuaja, que tiene algo que decir.

En cuanto al estilo, la brevedad me obligó de nuevo a emular a Tiptree. Todo un gusto, la verdad.

El resultado ya lo podéis leer. Encontraréis encontrar ‘La última ofrenda’ en formato electrónico en Lektu. También lo podéis conseguir en papel pidiéndoselo al editor, Libros Libres. Y por supuesto comentad.

Antes de acabar os invito a conocer esa tierra maravillosa, de clima duro pero gran bella. No os quedéis solo en Aguilar de Campoo. Que sí, que Aguilar es muy bonito y turístico, sí. Que el pantano mola, y que se come muy bien, pero hay más. Descubrid pueblos como Pomar o aldeas como Cezura. Disfrutareis de la experiencia sin duda.

Si os gustan los paisajes podéis Visitad La Lora (y de paso la Cueva de los Franceses). Si os gusta lo antiguo con mayúsculas descubrid el menhir de Canto Ito. Si os llama la atención las caídas de agua, conoced Covalagua. Perdeos por esa región y disfrutad. Si vais en verano podréis gozar de sus noches frescas, por no decir deliciosas.

Ya paro, que parece que le estoy haciendo publicidad. ¿Se nota mucho que me tira esa zona?

No hay adiós.

Acerca de ‘El interrogatorio de la momia’

No hay hola.

Este ‘Acerca de’ va a empezar de una manera un poco diferente. De entrada invitaros a leer el cuento que he preparado este mes para el taller de Literautas. Aquí lo tenéis: ‘El interrogatorio de la momia’. Venga, a leer.

¿Qué? ¿Ya lo habéis leído? Venga, os espero un poco más.

Seguro que, si lo he hecho mal, tenéis la sensación de que algo os ha faltado, que algo se os escapa.

Bien, voy a ello.

El cuento se encuadra dentro de mi universo de La Voluntad. Eso no supone ninguna novedad, por supuesto. Pero se da la circunstancia de que en ‘El interrogatorio de la momia’ hago referencia de manera explícita a otros dos cuentos, y a dos partes de mi imaginario personal. Uno de ellos, ‘El mentiroso’, sí que está inmerso de manera clara y directa en ese universo; el otro, ‘El hombre de la grímpola’, no tanto, ya que aparece a algunos cuentos que he escrito muy inspirado por mi adorado William Hope Hogdson. Pero en ‘El interrogatorio de la momia’ se da el caso, o al menos eso pienso a toro pasado, que para comprender el cuento hay que conocer esas dos historias de manera casi necesaria. ¿Alguien que haya leído ‘El interrogatorio de la momia’ sin conocerlas me lo puede confirmar?

Sé que esa necesidad puede hacer que el relato se considere fallido. He intentado que tanto la referencia a El Mentiroso como al mito de la grímpola no supongan demasiado lastre para la narración. Al contrario, intenté que se centrara en la impotencia de los protagonistas al no lograr su objetivo de interrogar al otro personaje y la frustración ante la necesidad de que el último personaje tomara las riendas de la situación (y de paso revelara parte de la verdad de lo que ocurre). Pero me da que no lo he logrado.

Espero que alguno me lo diga.

Sin más, eso: invitaros a leer el cuento.

No hay adiós.

PD: En breve colgaré aquí la continuación de la historia, que preparé para la otra web de relatos en la que participo, ELDE. Ojalá ese otro cuento no resulte tan críptico.

Acerca de ‘Desde mi refugio os siento pasar’

No hay hola.

Sin apenas tiempo por cosas de la vida, me encontré con dos retos (ELDE y Literautas) y sin ideas para ninguno de ellos. El de ELDE no me gustaba nada, sobre todo porque considero que para jugar con el terror a la oscuridad hay que tejer atmósfera, algo muy difícil con una limitación de 500 miserables palabras. En cuanto al de Literautas… sólo decir que no me surgían ideas: lo de la gasolinera constituía una limitación demasiado actual como para poder jugar con la fantasía que me gusta usar.

Así pasaron los días y no salía nada. Me dejé los requisitos de los dos retos en el móvil, los miraba de vez en cuando y no lograba dar con nada.

Hasta que de repente se me ocurrió adaptar a ELDE un viejo cuento. No me gusta nada eso, pero en vista de la falta de ideas tiré por el camino fácil. Con esa idea en mente, me puse a ello: debía cambiar el escenario del todo, e introducir el temor a la oscuridad como parte de la historia. La cosa no hubiera ido del todo mal de no toparme con ese muro de 500 palabras. Así, me encontré ante un nuevo callejón sin salida. El camino para presentar algo a ELDE quedaba bloqueado otra vez.

Pero mientras había surgido una idea para Literautas: usar el mismo tipo de personajes, pero desde la óptica opuesta, desde el otro bando.

Así, me encontré con que una tienda de gasolinera, un armario y una idea encajaban bien en lo que se me había ocurrido. Me puse a escribir, consciente de que sabía cómo empezaba la historia pero no cómo acababa. Pero eso casi nunca me ha supuesto problema: la mayoría de las veces las cosas fluyen solas. Y eso mismo sucedió: de repente el protagonista tenía una compañera. El destino de ella servía para aumentar el drama, la situación de asfixia, además de permitir usar la palabra del reto, lo cual no viene nada mal 😛

Quedaban poco más de doscientas palabras y, sin quererlo, me encontré con ese final. Sé que no deslumbra por su originalidad, no. Pero el relato se engloba dentro de un subgénero carente de originalidad (por mucho que yo mismo me considere un fan de esas historias y películas desde crío), así que no desentona.

Bueno, ya tenéis a vuestra disposición este ‘Desde mi refugio os siento pasar’. Ya me diréis qué os parece.

No hay adiós.

Acerca de ‘Nark-1s-US’

No hay hola.

Este ‘Acerca de’ va a ser muy corto. O eso espero.

La premisa del taller de Literautas de este mes dice que el cuento debe empezar con la frase ‘Era más que un simple robot’. Además, como reto opcional, se propone que el relato cuente una historia de amor.

Juntemos las premisas:

  1. Robot.
  2. Uno muy especial.
  3. Historia de amor.

No sé a vosotros pero a mí, ente eso, me vino a la cabeza un nombre propio: Bender. Mi robot favorito de una de mis series de TV favoritas.

¿Escribía una historia con él como protagonista? No, eso no me gusta: cada vez detesto más las fanfictions. Pero sí que podía usar su espíritu para crear algo similar. Vamos, como pasar de la Tormentosa a la Enlutada, muy similares pero no iguales del todo.

Metí alguna chorradita de decoración. Como me encantan las regiones polares, acabé haciendo que el prota llegara a ellas. Desde crío me ha atraído la sonoridad del nombre de los vientos catabáticos, así que los he añadido al relato. Sí, por el simple hecho de nombrarlos, ¡ale! ¡Catabáticos! Mola. Además, encajaban bien para lo que pretendía.

Mi Bender particular se llama Nark-1s-US, Nark para los amigos, y en este cuento (que en breve saldrá en Literautas) os lo presento. Espero que os guste.

Ale, se acabó. Muy corto. Sí, señor.

No hay adiós.

Pd: vale, sí, lo admito. El cuento también tiene mucho de Cortocircuito. Me habéis pillado 😛

Pd II: así sin querer llegué a esto, y me encantaron esas imágenes de Filip Hodas. No solo el Bender, sino también por ejemplo el… ¡Na!, entrad y elegid vosotros 😉

Acerca de ‘El relanzador’

No hay hola.

Este cuento fue el segundo intento de ataque al reto 23 de Inventízate II de ELDE. El primero se cayó debido a que ‘su médico’ usaba tecnología demasiado alejada de lo ‘real’ como para poder considerarse tal, un médico. Una vez apartado del reto, ese relato original sufrió una remodelación que lo llevó a superar las 1.700 palabras. Y así quedó mucho mejor que con las 500 originales, palabra de padresito. Le daré unos días de barbecho y luego lo colgaré en esta web, dado su nulo recorrido más allá de la convocatoria.

Pero toca hablar de ‘El relanzador’. Dos días después de recibir la negativa a mi médico original ya tenía este segundo relato. Empecé con él de la manera más sencilla: usando la idea inicial del otro, y sobre todo el escenario. Así, no me alejé de un lugar muy semejante al de los campos de batalla de la I Guerra Mundial: trincheras, nubes de tierra triturada por la lluvia de obuses, campos convertidos en desiertos surcados de cráteres… y hombres malviviendo en zanjas, arriesgando su vida cada vez que asomaban la cabeza. Puta I Guerra Mundial. Bueno, en general, puta guerra.

Pero para este cuento decidí convertir la pseudo-magia en nanotecnología: nanomáquinas que hacían buena parte del trabajo de los cirujanos, con éstos limitándose a supervisarlas.

Un detalle que se quedó en el tintero: al inicio del cuento hablo de las células de fusión. Tenía pensado hablar de ellas, de cómo servían de fuente de potencia para las nano. Pero al final la extensión me dejó sin espacio para ello. Vamos, lo de siempre.

Otra cosica en la que puede que se fije alguien: la relativa a la enorme duración de la guerra. Esta, junto a la mención a un Imperio anónimo, vienen del cuento original. Como muchas otras veces, todavía no tienen un marco concreto de desarrollo. Se quedan como simples pinceladas que quizá algún día sirvan para futuras historias. Pero, a modo de apunte, debo admitir que quizá su presencia tienen su origen en mis recientes lecturas de las wikis de ese universo grandilocuente llamado Warhammer 40k.

Pero no todo en ‘El relanzador’ viene heredado de su antecesor. En el otro cuento las taras del protagonista venían desde su nacimiento; en cambio, en ‘El relanzador’ tienen su origen en un conflicto entre las tropas de a pie y el propio Cuerpo de Relanzadores. Además, ese conflicto desata parte de la tensión del cuento y el posterior desenlace.

Espero que no os defraude esta pequeña historia bélica.

No hay adiós.

Acerca de ‘El rostro del amo’

No hay hola.

Coño con el primer requisito de esta edición del ELDE: ‘Debe usarse un tenedor como arma de Chejóv y para herir o matar a alguien’.

De entrada debo decir que la premisa de Chejóv no me convence. O no del todo: sólo la veo útil para relatos cortos o muy cortos; para novela corta y novela normal lo veo una exageración (que todo lo mostrado tenga un peso argumental). Nada más en mi vida recuerdo haberme pillado un cabreo por haber intuido un ‘arma de Chejóv’ que luego el autor no dispara: en una novela de Dorian Hawkmoon, Moorcock recalca que el protagonista encuentra una bala entre unas ruinas. Luego, al acabar la novela, se descubre que ese detalle (por más que lo resaltó el autor) no iba a ningún lado. Pero bueno, eso lo leí en mi juventud, siglos ha, y por aquel entonces no sabía ni quien era Chejóv, ni mucho menos nada de su arma.

¿Un tenedor como arma? Joder, si un tenedor se usa sólo para comer… En eso me quedé al leer esa premisa. Tenedor, comer. Me obligué a rellenar el triunvirato: tenedor, comer, matar.

¿Cómo llegué de eso al escafismo? Supongo que ese tipo de asociaciones mentales forman parte de mi mente ‘enferma’. De ahí pasar al canibalismo sólo supuso dar un paso más. Debo decir que el canibalismo nunca me ha parecido un tema tabú, más bien al contrario: da mucho juego, resulta jugoso para un escritor.

Tenedor, escafismo, comer. ¿Cómo tejer una historia en torno a ello, y darle mi toque personal? Mi universo creativo personal de La Voluntad cuenta con la localización idónea para que se den ese tipo de aberraciones gastronómicas: la ciudad de Efímera, con sus Amos (los maestros en el uso de ese poder pseudomágico llamado Voluntad).

Antes de avanzar sigamos con las otras restricciones:

  • Debe usarse un narrador omnisciente;
  • Un personaje debe decir ‘te lo dije’.

El narrador no tiene el menor problema. Al contrario, me quita la duda de cuál usar. Ale, un problema menos.

Pero el jodido ‘te lo dije’ tiene su enjundia. En las tres palabras creo leer un aire de reproche que me parecía decir que ‘alguien le echara algo en cara a otro’. ¿El qué?

Rumiando y rumiando di con una suerte de solución. Así, sin quererlo ni beberlo, me encontré con que el relato se ambienta en el futuro lejano de mi ciudad favorita, Efímera (y digo futuro de verdad remoto, muy lejos de los relatos ambientados en ella que por ahora he colgado aquí). En ella un protagonista se adentraba en unas ruinas (jur-jur, qué divertido) buscando una explicación para unas extrañas luces (doble jur-jur, requetedivertido). ¿Qué podría pasar en un situación como esa? Pasen y lean y lo descubrirán: ‘El rostro del amo’ les espera.

No hay adiós.

PD: germen de la historia patrocinado por tres días de insomnio y dolor casi insoportable debido a un proceso contractura muscular que derivó en ciática. Tope guay.

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