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Acerca de ‘La alianza’

No hay hola.

Tercer ejercicio de ELDE al que me presento. Esta vez, de los tres requisitos, vuelve a haber de nuevo me deja un poco pillado: usar una fantasía juvenil urbana. Cojones. No me gusta lo de (requete-maxi-arcada) Crepúsculo, ni (arcada) Los Juegos del Hambre, ni (arcada) El Corredor del Laberinto, ni (maxi-arcada) Divergente, ni (requete-arcada) Los 100. Pero tenía que hacer algo en ese plan. ¿El qué?

No me compliqué mucho la vida. Sabía que me iba a quedar un churro así qué ¿para qué matar neuronas? Tomemos como protagonista a una chica, inmersa en una sociedad que la obliga a seguir un rol sumiso y de segunda fila en comparación a los chicos. Una chica que en el relato se reivindica y asalta el poder. Ale, tontería de crecimiento personal en la que se podría identificar una muchachilla.

Luego estaban las otras dos premisas: introducir un hada y que el protagonista debe saltar de un rascacielos a otro.

Durante un tiempo lo del hada me lo tomé de manera un poco ligera, y redacté un borrador en que se le aparecía a la chica una anjana. Sí, la idea de hada tipo Campanilla me da mucho repelús por ñoña e infantil. En cambio, una ninfa acuatica, o en mi caso concreto una anjana, me permitía huir de la jodida fantasía común y jugar con mitología más tradicional y, por desgracia, casi desconocida fuera de ciertos ámbitos. Menos mal que leí la FAQ  antes de ponerme en serio con el cuento: al hacerlo descubrí que exigían que el hada encajara con el aspecto jodida Campanilla. Ale, a la mi idea mi idea de meter los nuberos. Porque para saltar desde el rascacielos iba a hacer que la chica acabara cabalgando sobre nuberos.

Nada. Con una hada mierdera y ñoña no hay demonios de la nubes. ¿Qué quedaba? Pues, por supuesto, los polvitos dorados. Ele, maja, que te van a echar un polvo que vas a volar. ¿Querías libertad e independencia? Polvazo. Toda una imagen para las feministas que ven fantasmas de patriarcado por todas partes, incluso donde no las hay.

Al menos, pese a tener que meter a la repelente hada, pude mantener más o menos el final del borrador inicial. Además incluso lo amplié para nombrar a onis, djinns y alguna otra criatura. Quise meter a los almas, pero debido a su nombre (un falso amigo lingüístico) decidí no hacerlo. De todas formas ya había quedado bastante coral.

Bueno, ya. En unos días dispondréis de ‘La alianza’. Dado que el relato me parece algo ramplón y simple (puro compromiso) no espero mucho de él.

No hay adiós.

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Acerca de ‘El hombre que deseó diluirse’

No hay hola.

Llegué al IV Concurso de Madrid Sky como quien dice de carambola: navegando y yendo de una página a otra, me topé con él. No soy nada dado a concursos (jamás consigo sintonizar con lo que se busca, dado que escribo sólo pensando en mí y en mis ideas), pero me obligué a intentar algo.

IV Concurso de Madrid Sky

IV Concurso de Madrid Sky

Pero de entrada debía decir que no me gustaba nada la premisa inicial: el cuento debe empezar con un «No acostumbro a entrar si no hay clientes». Y así sucedió lo que sucedió: acabé con un cuento que tenía plena convicción que no gustaría a los del concurso. La historia, influenciada muchísimo por el estilo Tiptree, acabó derivando en un diminuto inserto en mi mundo de ficción de La Voluntad, en la etapa posterior a la guerra que se entrevé en ‘Hija del sol nocturno’. Con esa premisa (cuento de fantasía ambientado en un universo personal) sabía que un concurso como ese, de gente de gustos ‘normales’, iban a mandar mi texto a la basura a la primera de cambio.

La idea de  la clientela me hizo pensar en un bar, y eso en una escena con corte de novela negra: un tugurio lleno, con un camarero impresentable y un ambiente de conspiración. El aspecto de Rash, el camarero, surgió sólo: sin querer me encontré con el detalle de su ojo. No quise eliminarlo, ya que daba una idea de la repulsión y al mismo tiempo atracción que sufrían ciertos individuos en ese mundo de posguerra.

Sabía que quería describir una diminuta escena de la guerra entre el Hombre y La Voluntad. Y hacerlo de manera tangencial, a lo Tiptree. Por eso me puse a redactar un diálogo como el que se lee en la segunda mitad del cuento. Pero antes de llegar a ese momento surgió otro detalle: la chica. Ella y su relación con La Voluntad, y la manera en que camelaba a Rash (o cómo éste se dejaba camelar). Todo con ese aire de tugurio en el que todo vale. No necesité mucha imaginación. He estado en antros similares, en los que una pareja se pone a follar contra una esquina del local mientras los parroquianos siguen apoyados en la barra, a escaso metro y medio de ellos, pidiendo una ronda más de tercios. Y todo como si nada.

Además, descubrí que se había creado un juego de relaciones, de eso que ahora llaman sinergias. Rash y la muchacha; Rash y Jorn, el protagonista; Jorn y Meri, su compañera de la resistencia; la lucha entre hombres que luchan por mantener su Humanidad y los que se dejan arrastrar por La Voluntad.

Mezclando todo un poco (no mucho que la limitación de extensión del relato no daba para más), y añadiendo cierto detalle aportado por Meri, ya tenía relato.

Me puse a ello y en unos días estaba listo. ¿El qué? Pues eso, un texto que no gustaría ni de lejos a alguien no acostumbrado a la fantasía. Pero ya estaba escrito, así que era tontería no mandarlo.

Lo envié.

Como se podía esperar, la fecha pasó del concurso y el cuento no recibió nada de nada. Ahora os lo dejo aquí, para quien quiera leerlo. Bueno, ahora, lo que se dice ahora, no. Esperad a mañana, que con la cantidad tan grande de entradas que tiene el blog no quiero ponerlas todas a la vez.

No hay adiós.

Acerca de ‘El último ataque’

No hay hola.

Bueno: de este cuento puedo decir poco. A inicios de mes de fui de vacaciones y regresé casi el 13, así que poco tiempo tuve para él. El primer borrador lo perpetré en apenas unas horas. Me obligué a seguir la manera de trabajar en EDLE: menos mostrar y mucho más contar. Y eso en sólo quinientas miserables palabras… no me gusta, pero bueno: ahí está el reto.

Por si no tenéis acceso a los requisitos, esto es lo que se pedía:

  • La protagonista debe ser una guerrera.
  • La protagonista debe disparar un cañón en el tiempo presente del relato.
  • Deben lanzarle una botella de vino a la protagonista en el tiempo presente del relato.

Al leer lo de ‘guerrera’ me vino a la mente Red Sonja. Sí, qué se le va a hacer: no puedo considerarme muy original 😛 Lo del cañón, en vista de la profesión de la protagonista, no debía de suponer mucho problema. Pero no puedo decir lo mismo de la botella de vino. Joder, no se me ocurría la manera de meter ese detalle de argumento… y la fecha de partir de vacaciones se echaba encima.

Sin saber del todo cómo, el mismo día de partir y con las maletas ya acabadas, colocadas ante la puerta, me vino la inspiración para el botellazo de marras: ¿qué mejor que eso como el detonante del cañonazo?

Me estoy adelantando.

La Red Sonja original de Howard aparece como personaje en un cuento relativo al asedio de la Viena del siglo XVI. Desde casi quinientos años asedio ha equivalido a bombardeo, a cañones. Si hacemos que al mando de las tropas asediantes haya una mujer ya tenemos una buena parte del argumento del relato.

Pero quedaba la puta botella. El botellazo debía tener peso principal en la narración. Botellazo equivale a ofensa, y sobre todo a pelea sucia, de taberna. Una ofensa de taberna, realizada contra una comandante de un ejército, suele acabar mal.

«Uich, me da que tengo historia», pensé.

Así que con las maletas ya hechas encendí el ordenador y me puse como un loco a escribir el borrador. A mi regreso, con un poco más de tiempo y habiendo recibido los siempre útiles comentarios de mis alfa lectores, me puse con una versión más madura.

Espero que os agrade el resultado final. En breve lo podréis leer y poner a parir (o alabar).

No hay adiós.

Acerca de ‘El balance del águila sangrienta’

No hay hola.

Poco puedo decir de este cuento en lo relativo al acerca de: el borrador inicial (y que acabó como texto definitivo en un 95%) lo redacté en apenas dos horas. Qué poco, ¿no? Pues bueno, si se tiene en cuenta que se trata de un cuento de apenas quinientas palabras a lo mejor se ve que puede resultar mucho tiempo.

Ángelus

Ángelus

Debo decir que las premisas iniciales no me agradaban nada, sobre todo lo del regalo. Pero al cabo de darle vueltas un tiempo, y dejarlo en el olvido más tiempo aun, cuando me puse salió bastante, por no decir muy rápido.

La frase inicial salió casi de un tirón, y me vi arrojado a un cuento en el que el protagonista no sólo era un monstruo, sino que disfrutaba en su condición de tal.

Pero debía hacer ese condenado regalo, y debía aparecer un ángel, y toda esa alegría inicial debía acabar por los suelos al final del texto. Cojones.

La frase inicial me llevó a disponer de una piel humana entera como recurso para la historia. Hum… En una piel puede haber tatuajes. Interesante. Tatuajes que pueden hacer de detonantes. Sirl. Además, ese lugar tan infernal donde trabaja el protagonista tiene un sol muy especial. ¿Por qué no su luz y su aire pueden obrar cierto milagro con la piel?

La cosa parecía ir sola.

Pero debía meter el ángel. Pensando en ello me vino a la mente el águila de sangre. Que nadie me pregunte cómo hice esa asociación: mi mente funciona así. Punto.

Sí, el águila de sangre me llevaba a una subhistoria, pero no había espacio para ella: apenas un atisbo de su final, y poco más. Pero al poco me di cuenta que había introducido el águila de sangre en el cuento como nexo con algo más. ¿El qué? Pues claro: el ángel de verdad. Requisito superado.

Me quedaba hundir en la miseria al protagonista (tan contento que estaba con su trabajo), y hacerlo de tal manera que el regalo no desentonara. Admito que eso último me costó más que lo primero. ¿Lo logré? Espero a vuestros comentarios para saber si con este ‘El balance del águila sangrienta’ lo hice bien, mal o peor que mal.

Pongo aquí el enlace al cuento, pero no tengo claro si funciona para los nos suscritos a ELDE.

No hay adiós.

Acerca de ‘La marea de sombras’

No hay hola.

Para cumplir los requisitos de la nueva edición del taller de Literautas tiré por el camino fácil: presentar una serie de detalles muy reconocibles para un español de la época actual. ¿Qué mayor distopía que la vivida por nuestro país a lo largo de casi cuarenta años? ¿Y qué mejor manera de atacar el ejercicio que haciendo que la dictadura siga en pie bien entrado el s. XXI?

Seguro que algunos dirán que la dictadura no debería entrar dentro del subgénero de las distopías. Pues bien, que se lo cuenten a todos los que ‘no se identificaban’ con el bando ganador. Sin duda, los afines a Franco considerarían su dictadura como lo mejor del mundo; en el otro lado están los que no comulgaban con el régimen y se veían obligados a callar o a sufrir las consecuencias de pensar diferente. Fijaos: ese aspecto represivo al mismo tiempo que ‘bienintencionado’ (al menos desde el punto de vista de algunos, los ‘salvadores de la patria frente a las hordas rojas’) forma parte de la esencia de las distopías políticas, como por ejemplo 1984.

Así que eso, tiré por lo fácil e hice que el franquismo perviviera en el s. XXI.

El cuento tiene una serie de coñas ‘subversivas’ que no he podido evitar. La más gruesa, la de ‘más altos vuelos’, ha consistido en poner al aeropuerto de Barajas el sobrenombre de Carrero Blanco. Otra el unir a un dirigente de Vox , a otra del PP (y hacer de ella la representante de la Sección Femenina) y plantarles como representantes del Régimen. La verdad, estoy convencido de que ellos mismos (los auténticos) no se negarían a asumir ese papel.

También he metido un detalle de ese carlismo mal asimilado por el régimen de Franco, amargado y enfrentado a la Falange. Aunque por falta de extensión del cuento no he podido trazar esa animadversión. De igual manera he introducido el odio que los ‘españoles de pro’ sentían hacia los vascos, sentimiento enquistado hasta bien entrados los ochenta del siglo pasado (y en depende qué entornos, incluso más adelante). Debo aclarar que ese odio lo viví en mis propias carnes de pequeño, así que sé de lo que hablo.

Un estigma sufrido por muchos durante años. Fuente: http://www.matriculasdelmundo.com/matriculasdeespana.php

La referencia a la visita de Los Beatles resulta inconfundible, y sirve para crear un contrapunto en lo visual.

Para terminar debo admitir que he cumplido un pequeño deseo: hacer que uno de mis personajes gritara esa frase que, al parecer, ahora resulta impronunciable: «¡Gora E.T.A.!» Pues sí, el personaje la grita. Y la volvería a gritar todas las veces que su rol lo exigiera. Faltaría más.

Nada más. Se me han quedado en el tintero numerosos detalles, como por ejemplo la referencia al NO-DO, pero las 750 palabras dan para lo que dan.

Espero que esta distopía resulte fácil de leer, sobre todo para los españoles. Os dejo con ‘La marea de sombras’. Comentad, comentad, malditos.

No hay adiós.

Acerca de ‘Hija del sol nocturno’

No hay hola.

Pues debo admitir que este ejercicio, que a primera vista parecía sencillo, se me ha atragantado. Y mucho.

El cuento que al final he mandado es la tercera historia con la que me he peleado, tras dejar atrás una de cifi y otra de fantasía. Las dos tenían por objetivo huir del concepto clásico de cementerio. Pero no logré nada práctico (dentro de las 750 palabras) ni con una ni con otra. Así que las acabé desestimando y me metí en otra historia más ‘artesanal’. En resumidas cuentas, dejé atrás la inspiración, forcé la máquina y tiré de oficio.

¿Con qué me he quedado? Pues con una historia a mi entender simplona, nada del otro mundo, que flirtea con la ciencia ficción y  la fantasía a base de tópicos. Pero, a fin de cuentas, una historia para cubrir el expediente. ¿Por qué lo digo? Vosotros mismos lo veréis: empieza con una enamorada que espera a su amado en un cementerio. Tópico topicazo. Lo que pasa luego también tiene demasiado de manido: se ha contado y filmado ya antes. Aunque bueno, teniendo en cuenta que me inspiré en lo sucedido cierto 6 de agosto no es de extrañar. Quizá sólo el desenlace tenga una nota más personal, de original, pero eso se debe a las propias circunstancias en las que he encuadrado la historia, nada más.

Bueno. Os dejo el cuento para que lo leáis y lo pongáis a caldo. Me temo que esta ‘Hija del sol nocturno’ se lo merece. Duro y a la encía.

No hay adiós.

Acerca de ‘El mentiroso’

No hay hola.

Me da que este ‘acerca de’ va resultar de lo más corto. No he tenido el menor control sobre el cuento. Al principio creí que no iba a participar en el ejercicio 42: la premisa básica (sólo el título) se me hacía sosa, y los parámetros del reto me ceñían a un entorno (catolicismo en el siglo XX, más o menos) que no me aportaban nada. ¿Obligarme, pese a todo, a superar el reto? ¿Para qué devanarse los sesos en esto? Na. Lo dicho: no iba a participar.

Y de repente, de camino al trabajo, me encontré apuntando como un loco lo que se convertiría en cerca del 80% del argumento del cuento. ¿De dónde salió? Ni puñetera idea. Releyendo el texto final de este ‘El mentiroso’ nadie puede negar la influencia de Moorcock. Al fin y al cabo ese autor para mí ha supuesto una droga, todo un ídolo de mi juventud.

Vale, el cuento no tiene nada que ver con el reto, pero sí con el título, que a fin de cuentas es lo esencial. Así que acepté barco y me puse con ello.

Poco más puedo decir: una vez en casa seguí desarrollando el cuento. Mientras escribía veía cómo salían más y más detalles. Como me suele ocurrir en estas circunstancias, me encontré con que encajaban entre sí con bastante facilidad. Sólo tuve que trabajarme un poco los juegos de palabras a la hora de describir ese mundo articulado en torno a la mentira. Y tampoco me costó mucho.

Sé que quien conoce mis ‘antecedentes’ puede considerar el texto como fácil: con este ‘El mentiroso’ llevo el ejercicio a mi terreno, y lo hago con todo descaro. Pero bueno, entono el mea culpa, sí. Lo he hecho y no me arrepiento de ello.

Espero que el cuento guste a alguien. Por lo menos confío en que esos a los que les gustan mis historias de La Voluntad disfruten de él.

No hay adiós.

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