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El escollo final

No hay hola.

¡La caja, la caja!

¡La caja, la caja! Fuente.

Cuento redactado para el reto 41 de Inventízate III de ELDE. Primera y única vez que voy a participar en esa edición del Inventízate: apenas tengo tiempo para escribir microficciones. Ni siquiera para la segunda novela 😦 A ver si pasan los agobios.

Restricciones

  1. El relato debe tener tres onomatopeyas de categoría A y B (mínimo una de cada)..
  2. El/la protagonista debe despertar con una llave en la mano..
  3. Que aparezca la frase: “¿¡Qué hay en la caja?!”.

Palabras (máximo)

500

Comentarios

Ha recibido tres puntuaciones: 1, 7 y 9. Eso da una nota media de 5’6. Me hubiera gustado más, claro, pero menos da una piedra. Gracias a todos por los comentarios y por el esfuerzo de detectar los errores.

Dado que el lenguaje que he usado ha generado algunos problemas (de hecho, el 1 que me han plantado se debe más que nada a eso, que el lector no se ha enterado de nada), lo aclararé en una entrada posterior.

No hay adiós.

El filo hendió en la mejilla derecha con tal fuerza que partió en dos el maxilar superior y convirtió el inferior en un colgajo astillado.

«Glugluglú», borboteó la espiritrompa reducida a un harapo cianguinolento.

Pese a la herida, el suzargo no caía y seguía obstruyendo el paso. Sólo él me separaba de La Ofrenda. La veía tras él, a escasos padots. La mole rectangular fulguraba excitando mis ocelos, haciendo hervir mi linfa. ¿Qué nos habían regalado esta vez Los Altos? Nadie en la colmena lo sabía. Yo, como campeón trisenal, tenía que despejar el camino hasta ella y abrirla.

Aunque antes debía vencer al engendro. Como si no hubiera sentido mi golpe, la bestia proyectó su brazo derecho en un zarpazo descendente. Me revolví, me agaché. No bastó: la hoja siseó para acabar impactando contra un lateral de mi pronoto. La placa gimió, chirrió, pero no hubo crac alguno.

—Arf… —El gañido escapó a través de mis maxilas. Temblé ante aquella vergonzante muestra de debilidad.

El suzargo seguía resistiendo, más que ninguno otro antes. ¿Acaso…? Aquel presentimiento me hizo gritar:

—¡La caja! Maldito, ¡habla! ¡¿Qué hay en la caja?! ¡Lo sabes!

Él se limitó a alzarse sobre sus cuatro zancos. Pese a la herida, se pavoneaba:

—¡Aaaauuuu-gala-glá! —El aullido acabó con una tormenta de cianguinolentos escupitajos azules.

Desafiante, el suzargo desplegó los dos dalles en que acababan sus brazos superiores. Córneos y de filos aserrados, habían evolucionado para arrancar nuestra coraza de metalitina.

No me dejé impresionar: los jirones inferiores de su cabeza dibujaban una chorreante corbata cian sobre el cuello.

«Moría», pensé. «Y pronto. Pero…».

El suzargo se adelantó a mi pensamiento. Saltó con sus brazos dibujando dos espirales entrelazadas: más que golpear, las guadañas buscaban desgarrar mi exoesqueleto.

Aguardé al último momento. Solo entonces me deslicé a la izquierda. El torbellino gemelo acabó clavándose en la grava. Sin dudarlo hice descender mis dos alfanjes contra el guardián. La primera hoja se hundió en el lomo, la segunda acabó por decapitarlo.

Pero aquello no acabó con el condenado: su cerebro hiafásico reaccionó desatando una coz salvaje. Dos de sus pezuñas impactaron de lleno en mi tórax. Me encontré volando por los aires.

Entonces lo escuché. El chasquido recorrió todo mi cuerpo. El exoesqueleto había cedido.  Noté una punzada resplandeciente en el saco ventral. El terror se apoderó de mí: «¡La llave! ¡No puedo perderla!».

El impacto contra el suelo, brutal, aumentó el pavor. El marsupio se había desgarrado. Me tanteé el abdomen.

«¡No está!».

Aterrado, al borde del desmayo, palpé el suelo. Solo encontré polvo y terrones.

Aullé, sollocé. El dolor me ahogaba, pero seguí buscando, rastrillando, arañando, escarbando…

Perdí la consciencia.

Ignoro cuánto tiempo transcurrió. Desperté con el cadáver del suzargo a mi lado, helado; en mi mano, por algún milagro, la llave.

Dolorido, bendije a Los Altos y arrojé la señal de feromonas: «¡Camino despejado!». Repté los últimos padots hasta La Ofrenda. Solo me incorporé para abrirla. Croé satisfecho. Ya podía descansar: misión cumplida.

Aromas de interrogatorio

Cuento redactado para el reto 26 de Inventízate II de ELDE. Esta vez me he atrevido 😛 a usar un recurso por lo general poco utilizado. Además tiene mucho que ver con otros relatos:

Aquí os dejo el resultado.

Restricciones

  1. Deben haber tres acotaciones dicendi y tres acotaciones no dicendi.
  2. Deben aparecer dos gatos durante el tiempo presente del relato.
  3. Un personaje debe ir vestido de morado durante el tiempo presente del relato.

Palabras (máximo)

500


Una fragancia salada, rancia, macerada, asalta tu olfato y te despereza. Posee tal fuerza que empiezas a salivar. El aroma te obliga a alzar la cabeza, a husmear el denso aire del ocaso. Debes responder a su llamada.

En alas del efluvio, desciendes por el tejado. Tal y como esperabas, el olor proviene de la celda del Amo. Atraviesas la ventana abierta y de un salto te colocas a sus pies. Ronroneando, te frotas contra su hábito morado.

—Maldito —dice en ese momento—. ¿Qué buscabas a bordo del bergantín?

No comprendes sus palabras, aunque captas su irritación. Tú solo tienes ojos y olfato para la otra figura: una momia de carne putrefacta, amarrada con correas al potro de tortura. De ella emana el aroma a mar, a cosas vivas agonizando dentro de un cuerpo muerto.

—No. —Escuchas otra voz. Quebrada aunque desafiante. Borbotea del cadáver—. No es de tu incumbencia, mortal.

—Por mi cargo, por mi honor, te aseguro que sí. —El Amo agita la mano. En ella refulge su Vol-piedra—. Efímera te lo exige. Y para ti, ahora Efímera soy yo.

Chispas de luz que surgen del puño crispado del Amo. Sabes lo que va a pasar, así que te agazapas tras el faldón del hábito. Un rayo salta del puño al cuerpo amarrado. El cuchillo de luz hiende la carne, desgarra su alma. La cosa se retuerce de dolor.

«Curioso», piensas. «¿Algo muerto puede sentir dolor?».

Te da igual.

Pero el olor… El fuego-poder del Amo lo ha acentuando. Humedad, descomposición. El aroma te abruma. Necesitas acercarte, probar esa carne putrefacta.

Sales de la sombra del Amo y avanzas hacia el potro.

—Habla —exige tu dueño—. ¿Qué busca Garok en una nave de Efímera?

—¿Pretendes comprender los caminos del Dios Multicolor? —El cadáver ríe con un sonido húmedo, gelatinoso. Oírlo excita tu paladar—. Sus caminos son inescrutables incluso para mí. Yo solo obedezco.

Esa criatura te intriga. Ha dejado una huella de humedad en la madera del potro, sobre el suelo. Olfateas: aromas de salitre, de océano, de vida. Deliciosos. Pero también algo más. Entrecierras los ojos y lo ves. Un resplandor tenue envuelve al cadáver viviente: multicolor, danzarín, variable. Sin control ni pauta. Caos etéreo.

Recortas la distancia. Quieres verlo mejor.

Entonces le descubres: otro como tú. Emerge del resplandor de la momia. Su pelo brilla. Imposible, caleidoscópico. Sientes su mira de ojos fieros, inflamados. No ronronea; al contrario, bufa amenazador. Da un paso hacia ti. Enseña unos dientes renegridos, tan putrefactos como su amo. Se te eriza el lomo.

El otro se agazapa dispuesto a saltar. Su bufido se convierte en gruñido.

—¡Basta de juegos! —grita tu Amo. Agita la mano y una esfera de energía golpea la momia. El resplandor te ciega. Cuando vuelves a ver, el otro ha desaparecido.

El olor a descomposición se ha intensificado. Embriagador, casi irresistible… y preñado de matices extraños. Sin mirar atrás, sales por la ventana. En algún lugar de la cuidad encontrarás comida menos problemática.

Comentarios a ‘Aromas de interrogatorio’

No hay hola.

Bueno, ya tengo los comentarios al cuento de ELDE. Tal y como me imaginaba, el narrar una historia muy metida dentro de mi universo creativo ha supuesto una dificultad para los lectores. Además, como experimento añadido, he usado un narrador en segunda persona, lo que hace aún más infrecuente el estilo.

¿Por qué lo del narrador en segunda persona? En el cuento hay dos historias: una la del protagonista y otra la de su amo. Dado que la del amo empieza in media res, y no acaba con el cuento, opté por alejarla lo más posible de la del protagonista: él entra, hace lo poco que hace, y luego sale.  De tres opiniones, a dos les ha cuadrado esa manera de narrar, a uno no. Un 66.6 % de acierto: no está mal 🙂 Esas discrepancias justifican las puntuaciones: 8, 9 y 6. Una media de 7,6, lo que me deja un muy buen sabor de boca.

Reto 26 Inventízate ELDE: Qué me dices

Reto 26 Inventízate ELDE: Qué me dices

Pero voy a contestar a los comentarios.

Al primero le digo:

  • Sí, la segunda historia se queda inconclusa. Y está hecho adrede. En otro relato tengo la primera parte. Y la continuación aún ni existe. Pero llegará, seguro. Garok le va a dar guerra a Efímera, seguro.
  • La frase que comentas de la humedad: pues sí, le falta algo, en concreto unos puntos suspensivos tras «suelo».

Respecto al segundo:

  • En efecto, la escena se encuadra en algo mucho mayor. Espero poder narrarla algún día. Por ahora me contento con acabar los episodios de la misma.
  • El hecho de que el gato esté relacionado de manera tan estrecha con el «torturador» explica todo lo que sabe. Esa premisa entra dentro de mi manera de concebir la historia. El gato, gracias a esa relación, ya ha dejado de ser un simple gato y conoce mucho más que una bestia de compañía al uso. Casi tiene carácter de familiar.
  • Ugh, el palabro: «worldbuilding». Mira que me duelen esos anglicismos metidos a hachazos. Pues sí, en este cuento hay un trasfondo que tiene ya varios años de madurez, y unas cuantas historias (incluyendo una novela corta, dos seriales [uno mucho mejor que otro] y dos proyectos de novela) que lo engrosan poco a poco. Cuando mandé el cuento sabía que eso mismo, el usar ese mundo de manera directa y desnuda, a lo Tiptree, me iba a producir problemas. Como era consciente de ello, no me sorprende tu reacción 🙂
  • Si hubiera narrado sólo la trama Amo-momia no hubiera tenido suficientes palabras, te lo aseguro. Tal y como he dicho antes, la introducción del gato y el tipo de narrador usado tenían como objetivo alejar al lector un poco de ese duelo y centrarle solo en el intento del gato de buscar comida.
  • Para ser sincero, tuve mis dudas con la frase que comentas del gato (la del «piensas»). Pero al final la dejé para que quedara claro que la situación era tan anómala. Respecto a lo de que el gato conociera al Vol-piedra, lo sabe por su condición de viejo compañero del Amo. con el paso de los años ha sufrido una especie de ósmosis 😉
  • Agh de nuevo: «data dumping». Y además seguido de su traducción. Aich, cuánto mal ha hecho la invasión del inglés. Pero a lo que iba: esta manera de narrar e introducir conceptos nuevos poco menos que arrojados a la cara la descubrí con los textos de James Tiptree Jr., y me encantó por su frescura y descaro. Se trata de un tipo de narrador que no se dedica a explicar/describir cada concepto, sino que se limita a lanzarlo, y dejar que el lector lo interprete por sí mismo y el entorno en que se usa. Está usando una voz inmersa del todo en el mundo, usando conceptos habituales en ese mundo, y por tanto no los explica, dejando que ellos mismos (con su manera de obrar) se describan. Por ejemplo, en una narración actual, ¿cuándo un personaje va a usar un teléfono explicas que se trata de un aparato eléctrico que mediante la conversión de sonido/presión en corriente trasmite la voz a distancia? No, el personaje solo descuelga el teléfono y habla, y narrador no explica nada más. Esa manera de narrar, haciendo natural el mundo que habita, me chifla. Sé que todavía no le tengo «pillado el truco», pero lo intento.
  • Por cierto: muchísimas gracias por ese comentario tan detallado.

Y voy a por el tercero:

  • De nuevo me encuentro con el muy previsible y lógico comentario relativo a la existencia de conceptos «de mi mundo». Sí, lo sabía y lo esperaba.
  • La manera de usar el narrador tenía por objetivo eso, entrar y salir en una escena mayor sin profundizar en ella. ¿Eso es típico de los gatos? Ni idea, que nunca he tenido uno ni he tratado con felinos.

Bueno, y hasta aquí las respuesta a los comentarios. De nuevo me quedo con buen sabor de boca, más que nada al haber mandado un texto que de entrada sabía que iba a costar mucho asimilar. E incluso así, un notable de nota. Guay.

Ahora os invito a leer (dentro de unos días) ‘Aromas de interrogatorio’. Eso sí, para hacer boca os recomiendo leer ‘El interrogatorio de la momia’, la historia que precede a este ‘Aromas’. Y de paso todos mis cuentos de La Voluntad.

Como siempre, tras la pausa, los comentarios íntegros.

No hay adiós.

Nota 31/1/2018: me dicen desde Literup que no puedo copiar en la web los contenidos de los comentarios por un problema de derechos de autor (he colocado los comentarios sin pedir permiso a los autores, y se ve que eso ha molestado a alguno). Por esa razón procedo a eliminar todos los que había hasta ahora, y no los volveré a hacer públicos.

Comentarios a «Hermano Gibón»

No hay hola.

Hoy el fin está más cerca, al menos en tres aspectos: se acerca el fin de mes, también el fin de año, y además ha llegado el momento final para saber qué han opinado en ELDE de mi última aportación, «Hermano Gibón».

Reto 24 Inventízate ELDE: El Avión

Reto 24 Inventízate ELDE: El Avión

Ya he visto los comentarios y, por supuesto, me encantan. Sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un texto muy menor, un simple pseudo fanfic de cierta película que no voy a nombrar: quien lo quiera saber, que lea el cuento. No me gusta eso de las ficciones dependientes de las creaciones de otros (salvo el tema de Los Mitos), por eso no frecuento mundos ajenos. Aun así, en esta web tengo alguno de esos ejercicios de temática ajena.

¿Qué me he encontrado este mes como comentarios? De mi «Hermano Gibón» han dicho varias cosas, casi todas bonitas, que ahora procedo a responder.

Al comentario 1 decirle esto:

  • La motivación de los personajes se deja caer más o menos en la línea en la que el ruso piensa en la policía.
  • En cuanto a la forma de hablar del ruso, me inspiré en videos de rusos practicando español. Los tienes en youtube, y te aseguro que lo que has leído es un compendio ligerito de lo que ahí te puedes encontrar.

Ahora respondo al comentario 2:

  • Entiendo de sobra lo que dices respecto a mostrar más los sentimientos, intentar hacer que el lector empatice con los personajes. Pero te aseguro que me ha costado horrores encajar la historia en quinientas palabras. Lo que comentas requeriría (por mi estilo de escribir) casi duplicar la extensión. Vamos, imposible.
  • Respecto a los nombres, Dmitry, justo por ser un nombre típico eslavo me parece tan válido como Vania, Olga, Alexey, Pita, Katerina o Boris. De igual manera, en un texto en el que hay hispanohablantes no resultaría nada raro encontrar Marías, Pedros, Juanes o Martas. Considero que el que un nombre se corresponda con un grueso de la población (y por tanto entre en el tópico) no lo invalida como nombre para usarlo. Según eso, ¿ningún José Sánchez merece contar su historia, sólo por llamarse así? 😉

Y acabo con el comentario 3:

  • Ese detalle de trama que dices, aunque algo farragoso, sí, me parece básico para darle un poco de peso a la escena: justifica el que estén ahí, y que uno rebase el control y otro no. Además, como se notará, he usado el usar el estilo directo —a lo Tiptree—, algo que me gusta y que permite dejar caer esos detalles obligando al lector a trabajar y llenar huecos. Por si alguno no lo sabe, lo del «nivel 4» se refiere al nivel de bioamenaza, concepto que se usa para control de plagas y enfermedades.
  • Lo de la «Y» admito que es una muletilla mía. Me gusta ponerla en algunos finales. Se me hace más contundente, y aporta cierta impresión de que el tema no ha acabado.

Los relatos se han llevado como notas un 8, otro 8 y un 9. Eso, junto al hecho de que por fin no me he dejado por el camino ningún requisito, ha hecho que de nuevo coloque un relato en el podio. Esta vez he quedado segundo, medallita de plata, pero muy contento de ello. Llevaba ya varios meses bastante frustrado con cuentos que se llevaban buenas notas pero que luego se hundían  en la clasificación por no cumplir alguno de los requisitos. Esta vez todo marchó sobre ruedas y me llevé una plata: perfecto.

Segunda medallita que me pongo en ELDE.

Bueno, nada más. Como siempre, tras la pausa los comentarios íntegros.

No hay adiós.

Nota 31/1/2018: me dicen desde Literup que no puedo copiar en la web los contenidos de los comentarios por un problema de derechos de autor (he colocado los comentarios sin pedir permiso a los autores, y se ve que eso ha molestado a alguno). Por esa razón procedo a eliminar todos los que había hasta ahora, y no los volveré a hacer públicos.

Hermano Gibón

Cuento redactado para el reto 25 de Inventízate II de ELDE. Ahora se trata un texto del género fanfic 😛 Madre mía, lo que da la falta de inspiración.

Reto 25 Inventízate ELDE: El Avión

Reto 25 Inventízate ELDE: El Avión

Restricciones

  1. Un personaje debe tener acento ruso.
  2. Otro personaje debe usar una palabra o expresión gallega contemplada en nuestro artículo.
  3. El presente del relato debe ocurrir en un aeropuerto.

Palabras (máximo)

500

Resultado

Texto clasificado en segundo puesto.

Podéis leer el ‘Acerca de’ y los ‘Comentarios recibidos’.


Apenas quedaban cien metros para el último control. Podían ver la zona pública del JFK tras la barrera de policías NBQ y escáneres. Casi lo habían logrado. Pepo sonrió, pero un ataque de tos quebró su gesto.

Resistie, tovarisch. No queda nada.

El gallego miró a su compañero con ojos inflamados.

Carallo, Dmitry. Lo sé.

Los dos hombres se ocultaron tras una columna. Aprovecharon esa chispa de intimidad para abrazarse, un contacto que apenas duró un segundo. No necesitaban más.

—Ale, ruski. Quiero verte atravesar ese control con sentidiño.

Da, Pepo.

Dmitry tomó del brazo una última vez a su compañero y musitó:

—¡Poyejali!

—Por un mundo enxebre, hermano Rhesus —replicó Pepo reprimiendo otro estallido de tos.

Da, hiermano Gibón: porr un miundo limpio.

Los labios de Pepo dibujaron un «Ve» que Dmitry se apresuró a cumplir. Sin mirar atrás, caminó hacia el control. A medida que se acercaba notaba cómo el trolley pesaba más y más. Parecía imposible, pero ese montón de ropa inútil se había convertido en una especie de ancla.

Cuando se detuvo ante el escáner, emitió un gemido de alivio.

—¿Se encuentra bien, señor? —La agente le miró con esa suspicacia hosca de sabueso de Fronteras.

—Sí, sieniora. Yo estar bien —dijo tendiendo el pasaporte y el visado sanitario—. Quiansada, nada más.

Aquel era el momento clave: ¿habría hecho Pascal un buen trabajo? La policía introdujo las tarjetas en el terminal. ¿Superarían el análisis heurístico las credenciales falsas de biolimpieza? Mientras, el escáner termoTAC digitalizaba el cuerpo de Dmitry. El arco lució verde. Perfecto: su organismo no mostraba síntomas infecciosos.

«Bien por los chicos del nivel 4», pensó aliviado.

La agente se giró hacia Dmitry.

—Todo correcto, señor Bulgakov. Pase —le ladró la cara de perro. Le tendió los documentos con un asco nada disimulado.

«Idiota recelosa. Su jodido país ha contaminado el planeta tanto que nos ha llevado a la destrucción».

Spasibo —replicó forzando una sonrisa.

La maleta ya no pesaba, pero Dmitry caminó con calma contenida. Ardía en deseos de lanzarse a correr, de subir a un taxi… Pero no lo hizo. Tenía delante otra patrulla. Armas de repetición, calibre corto. Quizá algo testimonial, pero no podía arriesgarse.

«¿Y Pepo?».

De manera subrepticia se volvió. El gallego había llegado al escáner. La mujer-perro examinaba sus documentos. De repente, del termoTAC emergió un aullido insoportable. La zona quedó inmersa en oscilante luz roja.

—¡Alto! ¡Al suelo!

Las armas apuntaban a Pepo. Él alzó las manos… pero le sobrevino un ataque salvaje de tos. Incluso a esa distancia, Dmitry vio cómo las flemas salpicaban a la mujer-perro.

No dudaron: le acribillaron. Gibón, el mono once, había caído.

Dmitry escuchó gritos a su espalda:

—¡Apártense!

La patrulla le rebasó. Corrían hacia Pepo.

El ruso bajó la cabeza. Debía salir, aprovechar la confusión.

Solo se relajo al cerrar la puerta del taxi.

Rhesus, el duodécimo mono, seguía vivo. El virus seguía latente, asintomático: eso le daba horas, quizá días, para propagarlo.

Y purificar el planeta.

Comentarios a «La acusación»

No hay hola.

De nuevo toca revisar los comentarios recibidos en ELDE. En esta ocasión los que se ha llevado el cuento «La acusación». Este mes de nuevo me ha ido tanto bien como mal. Me explico: digo mal porque de nuevo se ve que no he cumplido uno de los requisitos; y digo bien porque, pese a ello, los tres lectores han calificado muy bien el cuento. La notas que me han dado son un 8, otro 8 y un 9. Nada mal: dos notables altos y un sobresaliente. Por desgracia, esa puntuación ha sufrido una penalización de 2/3 al no cumplir los tres requisitos. Vamos, que me ha vuelto a dejar en una posición intermedia de la tabla. Qué se va a hacer :(. Otra vez será… espero.

Pero debo meterme en harina y responder a los comentarios recibidos.

Vamos con el primero:

  • Lo de que las acciones queden un poco atropelladas: me culpa. Si hubiera podido meter más palabras te aseguro que no hubiera quedado así. Pero el muro de las 500 conjura esas maldiciones.
  • Ese mismo problema, la falta de extensión, me ha impedido presentar mejor a los personajes, introducirles en un trasfondo, unas motivaciones, etc.

A por el segundo:

  • Aich, las negritas. No consigo hacer que se diferencien las escenas. A otros participantes veo que sí consiguen poner un retorno de carro de más y separarlas; a mí, no. Ya no sé qué hacer. Sigh.

Y atacamos al último, el tercer comentario (el que más me gusta porque más incide en defectos):

  • Los dos personajes mencionados desaparecen de la historia porque, de hecho, salen por pies en polvorosa en cuanto atan a la chica. Están acojonados y no desean estar ahí cuando sucede lo que pueda suceder. Lo que sí que no he podido mostrar es lo que ellos pretendían el atarla al árbol, algo que no tiene nada que ver con lo que de verdad ocurre luego. Pero eso: la extensión tan limitada no da para más.
  • El segundo contra de la sección de trama (descubierto con toda su razón) también tiene su origen en el no tener palabras para poder contar todo lo que había que contar. De hecho la historia en sí daría para un relato mucho más largo, o incluso una novelette. Pero no hay ese espacio…
  • Lo de describir a Rank como alcalde ‘tarde’ está adrede, y es un recurso que ya lo he visto usar a otros muchos autores afamados, tanto en novela como en cuento. Es una manera de introducir detalles de una manera no demasiado ‘apabullante’ al principio. Entiendo que otros lo consideren un fallo: para mí no lo es.
  • Ese ‘él’ se refería al gemido. Sé que la frase quedaba forzada. La versión inicial, mucho más clara, hacía que el relato sobrepasara el máximo de palabras. Sí, de nuevo la mierda de extensión máxima 😦
  • Y en relación a lo de ese ‘la’, mirándolo de nuevo, no te voy a quitar la razón: sí que queda mejor sin el artículo 🙂

Bueno, no hay nada más que decir a los comentarios. Este mes no me he extendido mucho. A quien le pique la curiosidad de leer le cuento le dejo el enlace a él.

Como siempre, tras la pausa no publicitaria os dejo los comentarios íntegros.

No hay adiós.

Nota 31/1/2018: me dicen desde Literup que no puedo copiar en la web los contenidos de los comentarios por un problema de derechos de autor (he colocado los comentarios sin pedir permiso a los autores, y se ve que eso ha molestado a alguno). Por esa razón procedo a eliminar todos los que había hasta ahora, y no los volveré a hacer públicos.

La acusación

Cuento redactado para el reto 24 de Inventízate II de ELDE. Se trata, otra vez, del segundo texto que consigo, de nuevo tras uno primero del todo insatisfactorio. Esta vez no me he ido por las ramas con el número de escenas, como ocurrió con el anterior y que tuvo tan mala acogida.

Reto 24 Inventízate ELDE: Oscuridad

Reto 24 Inventízate ELDE: Oscuridad

Restricciones

  1. El relato debe ser de terror psicológico, con el/la protagonista con miedo a la oscuridad.
  2. Debe ocurrir el presente del relato en un bosque.
  3. Debe mencionarse un búho.

Palabras (máximo)

500

Podéis leer el ‘Acerca de’ y los ‘Comentarios recibidos’.

 


Atada al árbol, contempló morir el día: la marea de sombras se derramaba imparable sobre las copas. Trató de soltarse, pero Rankj había hecho un buen trabajo.


La habían exhibido. El carro había recorrido el pueblo mientras los lugareños la arrojaban insultos y terror.

—¡Bruja!

Rankj, el alcalde, iba a las riendas. Junto a él Sorgari, el prelán que la había denunciado. El carromato se había adentrado cuanto pudo en el bosque, hasta que la espesura cerró su paso. Entonces bajaron. Sorgari agarró las ataduras y tiró de ella. El sacerdote se había adentrado en la espesura y solo se detuvo al llegar a un árbol descomunal de corteza resquebrajada y cenicienta.

—¡No, por favor! ¡Un árbol-luz no!

—¡Calla!

La bofetada casi la noqueó. Aturdida, había escuchado aquella voz cascada:

—Afronta tu destino —espetó el sacerdote—. Que la misma oscuridad que has propagado te devore.

Un búho ululó, como si afirmara la sentencia.

—Yo no La convoqué —había dicho, pero Sorgari la calló con otro bofetón.

Ella agachó la cabeza, vencida, impotente. Ni sus lágrimas ni aquel castigo devolverían las vidas que La-Noche-Que-Camina-De-Día se había cobrado.


Miró en derredor. Los rojos habían derivado en violetas, revelando su alma azulada. El añil, a medida que la noche descendía, transitó a negro. La oscuridad regresaba.

Forcejeaba contra la cuerda pero no podía romperla.

Los últimos rayos de sol huyeron. Un silencio expectante inundó el bosque, que parecía contener la respiración.

El gemido escapó de su garganta y se perdió en la negrura. Sonrió: al menos él podía huir.

Una tiniebla densa, líquida, empezó a descender desde las copas. Se derramaba por las ramas, formaba torrentes sobre los troncos. La oscuridad se condensaba en la forma de alquitrán viviente.

Su corazón latía alocado, sacudiendo los barrotes de su prisión.

Ante ella tenía un tejo anciano. Por su tronco masivo descendía una serpiente de negrura, gruesa como la cintura de una mujer preñada. Trató de gritar, pero el pánico había vaciado sus pulmones.

«Caminará… caminará… ¿hacia mí?».

La oscuridad anegó la base del tejo. El charco se esparció; la hierba siseó, moribunda. Aquel abismo de labios negros se acercó hasta casi lamer sus pies.

El árbol de luz respondió a las tinieblas vivientes: bajo su espalda, la corteza se abrió. De las grietas emergieron lenguas resplandecientes, ávidas. Su contacto quemaba como fuego frío.

Una columna brotó del charco de negrura. La remataba un tentáculo de tinta. El apéndice tanteó y osciló, ciego. Buscaba algo.

Una de las lenguas del árbol le acarició la espalda, palpó sus pechos, ascendió el cuello, buscó sus labios… No pudo resistirse al beso de luz. Tampoco pudo evitar que el falo de negrura se uniera al contacto. Ambos copularon en su boca, eyacularon lava gris por su esófago. Derritieron su carne, calcinaron el alma.

La negrura resplandeciente comulgó con ella, leyó su pasado y escribió su futuro: reencarnada en La-Noche-Que-Camina-De-Día, caminaría con piernas nuevas; abrasada, regresaría al pueblo; muerta, exigiría venganza.

Y entonces sí la podrían acusar.

Comentarios a ‘El relanzador’

No hay hola.

Bueno, llega la hora de las tortas, como diría Ben Grimm. O la hora de tratar de responder a ellas, para ajustarse a la realidad. Ya han llegado los comentarios de mi cuento de ELDE. Este mes no me he dejado por el camino ningún requisito. Sin embargo, ‘El relanzador’ se ha llevado una cera de la buena: un 6, un 7 y un 6. Una nota muy triste, la verdad. Nada como para sentirse orgulloso.

¿Qué ha pasado? Os dejo descubrirlo a vosotros mismo.

Esto es lo que tengo que replicar a los calificadores.

Comentario 1

  • En efecto, el personaje encaja con el tipo ‘desencantado de la guerra’. Pero no es que prefiera morir a vivir: prefiere morir a convertirse en el desecho de pseudo vida que crea el proceso de relanzamiento (además, una semi vida que a partir del primer relanzamiento sólo tiene por objetivo convertirse en carne de cañón: nada más). Yo mismo, si supiera que me iban a revivir convertido en una versión muy limitada de mí cuyo destino se redujera a avanzar hacia las líneas enemigas hasta que las nanomáquinas ya no tuvieran materia con la que revivirme, quizá desease mejor que me dejaran en paz, pudrirme y no revivir más.
  • Uf, no acabo de entender la queja en relación el fuego amigo. Lo nombro porque se trata de una circunstancia que afecta a toda la acción del protagonista, de él y de todos sus compañeros de Cuerpo.
  • Si quieres me dices lo que echas en falta y te lo comento. Por si acaso, avanzo algo de lo que se quedó en el tintero por falta de espacio.
    • La mochila tiene dos partes. La principal permite al médico acarrear seis packs de relanzamiento. Cada pack posee su propia pila de fusión, que es la que da energía a las nanomáquinas. Las nanomáquinas son del tipo a las que, por ejemplo, se leen en La era del diamante: manual ilustrado para señoritas (Neal Stephenson), artefactos de tamaño molecular capaces de reorganizar y regenerar un cuerpo humano. Usan un sistema de IA deslocalizada (tipo enjambre) y mediante el vínculo con la energía de la pila pueden llegar a sintetizar materia orgánica (no se limitan a coger la que ya hay: generan la que necesitan). La segunda parte de la mochila contiene un sistema mínimo de soporte vital, más un sistema detector conectado al pad y al visor del casco. Con él el relanzador puede buscar restos de soldados, al tiempo que si recibe alguna herida mientras está de misión le intenta reparar. Por eso al final del cuento se lee los del muñeco rojo: se trata de un sistema de autodiagnóstico.
    • La guerra. El cuento inicial del que parte esto se ambientaba en la Primera Guerra Mundial, en la campaña francesa. Al meter la parte cifi se convirtió en algo más tipo Warhammer 40.000, con su guerra que dura siglos. Eso mismo, al estar ambientado un futuro lejano, me permitió introducir de manera sencilla una tecnología tan imposible ahora mismo como la de las nanomáquinas.
    • La anulación de los centros auditivos del cerebro es un simple recurso para cumplir el requisito de la sordera, pero si hay nanomáquinas que reconstruyen muertos, a lo Frankenstein, no implicaría el menor problema manipular esa zona de la corteza cerebral.
  • Últimamente huyo de la 1ª persona: he estado usándola demasiado. Aparte, la 1ª implica que no se tiene acceso a ciertos detalles que sí conoce otro tipo de narrador. ¿Qué en esta historia hubiera estado bien una 1ª? No lo niego, pero lo dicho: por ahora huyo de ella.
  • La falta de descripciones se debe a la exigua cantidad de palabras. Nada más. Me encanta meter descripciones, tejer una atmósfera. Pero 500 palabras dan para lo que dan 😦
  • Lo de las negritas era para marcar cambios de escena. En otras participaciones no he visto la manera de resaltarlos, y se me ocurrió hacerlo así.
  • Los diálogos están escritos entre comillas españolas incluso cuando son una única frase.
  • Lo marcado entre comillas españolas no son diálogos sino pensamientos del protagonista. Si te fijas al final del cuento sí hay una única línea de diálogo.
  • El que al principio los párrafos sean de una sola frase no lo hice adrede: era donde me pedía la narración poner un punto y aparte, así de simple.
  • El asunto de las 500 palabras me sigue resaltando un lastre terrible. No suelo escribir realismo actual (el género para el que no hace falta ninguna explicación); al contrario, disfruto creando nuevos universos con cada cuento… con lo que eso implica de necesidad de aclarar conceptos al lector. En este caso, al recurrir a cifi, evité ese problema y no cree nada nuevo, o nada demasiado nuevo. Un lector asiduo de cifi creo que podría comprender bien el relato: las IAs, las nanomáquinas, los pads, la regeneración acelerada, todo ello son recursos usados en parte de ese género. Pero claro, alguien que no esté acostumbrado a esos conceptos se perderá. Me daba cuenta de ello, y no me arrepiento de usar esos recursos.
  • Lo del tono del narrador frente a las líneas del personaje me deja un poco descolocado. Ten en cuenta que el personaje sólo aparece como él mismo en esas líneas entre comillas españolas. ¿De verdad se parece tanto el tono de ellas con el resto del texto? Bueno, lo miraré.
  • Sí, sí: ni me fijé en ese condenado ‘regaló’. No tiene excusa.

Comentario 2

  • Poco que decir al tema de cómo introducir los requisitos del taller. Sé que están metidos con calzador. Muy buen detalle el de que los relanzamientos los podrían supervisar sanitarios o incluso soldados. La obligación de que los revisaran sólo médicos requeriría una explicación, y eso se iría de palabras.
  • El tema de la automutilación, de nuevo metida con calzador, en mi cabeza funcionaba en un mundo muy a lo Warhammer 40.000, donde los soldados sufren todo tipo de modificaciones, algunas bastante incongruentes o exageradas. De nuevo, para darle cierta plausibilidad habría que buscarle explicaciones que no entrarían en las 500 palabras. Y eso si es que las encuentro, claro.
  • Al final del relato se supone que el soldado, cuyo proceso de resurrección está acabando (ya llevaba tiempo esperando el prota, más el tiempo que ha estado inconsciente tras el impacto del obús), con lo poco que tiene de inteligencia decide vengarse del relanzador que le arrojado a la semivida. Para eso se arroja sobre él en un intento infantil de que las IAs también afecten al relanzador.
  • Las negritas las usé para marcar los cambios de escena. En otras participaciones no he visto la manera de resaltarlos, y se me ocurrió hacerlo así.

Comentario 3

  • La verdad, ni me acordaba del episodio de Black mirror: ‘La ciencia de matar’. Buen detalle.
  • Algunas omisiones que comentas están dejadas adrede, por ejemplo para dar un aspecto de acción ya empezada (como ese ‘el del primer cráter…’. Más adelante se explica que el protagonista busca soldados no demasiado destrozados por la artillería que las IAs les puedan relanzar).
  • En el cuento de habla de soldados (los que van a sufrir el relanzamiento) y de sistemas de nanomáquinas controladas por IAs y supervisadas por el médico. Todo son cosas diferentes.
  • Esa escena que comentas del obús que cae cerca, etc., en realidad son dos. En la primera cae cerca, pero el médico no desiste y sigue supervisando el proceso de relanzado. Tras una elipsis (por eso las nuevas negritas en ‘Despertó gracias a’) se supone que le ha caído otro obús, esta vez ya encima, y ha despertado gracias al chute de adrenalina que le inyectado su mochila. ¿Cuánto tiempo ha pasado entre los dos obuses? No se sabe, pero lo suficiente como para que el soldado que estaba siendo relanzado pueda incorporarse y lanzarse hacia el protagonista.
  • Nada que decir al comentario de que no se lee el pavor de ser relanzado. En ningún momento pensé en mostrarlo, la verdad: él está ahí para relanzar pedazos de carne, restos que cuando están vivos intentan matarle. Como miembro del Cuerpo de Relanzadores, se considera ajeno a ellos. Ajeno incluso al mismo proceso de relanzamiento. Ellos lo controlan, pero no es para ellos.
  • En efecto: en esta ocasión más que nunca el relato cuenta. Las malditas 500 palabras…
  • Curioso que lo que para uno sean voces bien distinguidas para otro sean la misma. Qué maravillosa variedad hay en el mundo humano 🙂
  • Ay, las negritas de marras. Veo que nadie lo pilla. Las negritas las uso para marcar los cambios de escena, ya que en otras participaciones no he visto la manera de resaltarlos. A ver si en el siguiente, metiendo veinte retornos de carro 😛 consigo que queden bien diferencias las escenas.
  • Respecto a lo de saber poco del protagonista es algo hecho adrede. De nuevo el estilo Tiptree, que me encanta.
  • No me acordaba de que los van separados de la cifra. Puf, pues eso implica contar más palabras. Agh.
  • En la frase: ‘El del primer cráter estaba demasiado triturado’ el sujeto es ‘El del primer cráter’, tal cual. Obvié de manera premeditada el escribir ‘soldado’, sobre todo al ponerla como inicio de escena (marcado con lo de las negritas de marras XD).
  • Ahora que lo veo, lo de ‘leño’ lo debía de haber pensado el protagonista, nunca decirlo el narrador. Se trata de puta jerga para describir un tronco con cabeza pero sin extremidades. La palabra debía haber surgido de Droy.
  • El relato aporta poca información contextual, sí. He recurrido a conceptos de cifi que o los conoces o no te enteras. Y lo he hecho con plena consciencia de ello ya que no contaba con espacio para descripciones. Por otro lado, también he jugado con la falta de información para capturar el estilo a lo Tiptree que tanto me gusta. De nuevo, un efecto narrativo buscado adrede. Y es que me encanta el alma que supura de los cuentos de la Tiptree 😉

Estas son todas las respuestas. Como siempre, tras la pausa los comentarios al completo.

No hay adiós.

Nota 31/1/2018: me dicen desde Literup que no puedo copiar en la web los contenidos de los comentarios por un problema de derechos de autor (he colocado los comentarios sin pedir permiso a los autores, y se ve que eso ha molestado a alguno). Por esa razón procedo a eliminar todos los que había hasta ahora, y no los volveré a hacer públicos.

El relanzador

Cuento redactado para el reto 23 de Inventízate II de ELDE. Por una vez, en un microcuento introduzco muchas escenas. En concreto ni más ni menos que siete: un burrada para la extensión tan ínfima de palabras. Pero así me lo ha pedido el cuerpo.

Reto 23 Inventízate ELDE: Bajo las balas

Reto 23 Inventízate ELDE: Bajo las balas

Restricciones

  1. El relato debe ser bélico, con el/la protagonista en la vanguardia de una batalla.
  2. El/la protagonista debe ser médico/a.
  3. El/la protagonista debe ser sordo/a, con una capacidad auditiva nula.

Palabras (máximo)

500

Podéis leer el ‘Acerca de’ y los ‘Comentarios recibidos’.


Droy chequeó una última vez la mochila: células de fusión al 100%, nanos en verde. Todo listo.

Se recostó contra el talud y esperó.


La tormenta de obuses viró al norte. Sólo entonces el relanzador emergió de la trinchera y se adentró en la niebla de partículas.

Tras la tierra de nadie empezaba el paisaje volcánico del bombardeo. Una luz ámbar en su visor le indicó la existencia de fuego cruzado.

«Maldita sea, otra vez a arrastrarse», pensó tirándose al suelo para esquivar el fuego amigo. «¡Ja! Para un relazandor eso no existe».


El del primer cráter estaba demasiado triturado.

«Imposible hacer nada por él».

Droy siguió reptando hacia otro pozo. Allí las lecturas marcaban un prometedor 4’5. Se asomó al borde y divisó un leño: destripado, desmembrado y sin maxilar inferior. Pero con la caja craneal intacta.

«Ahí… y ahí: brazos y piernas. Servirá».

Descendió, extrajo un resu-pack y lo aplicó al estómago del soldado. Las hipodérmicas inyectaron las nano. Droy activó el pad con desgana. Le aburría marcar directrices de relanzamiento a IAs: ellas podían actuar solas. Pero como cirujano militar estaba obligado a ello.

«Supervisión humana. Memeces».


Una bala rozó su casco. Hubiera jurado que provenía de retaguardia: fuego amigo.

«No, hijoputas. Hoy no me ventilaréis».

Se recostó al fondo del cráter. Desde el pad supervisaba cómo el resu-pack trabajaba: cuatro regueros de nanos iban del leño a los miembros amputados para reintegrarlos.

«Quince minutos y regresarás al combate, amigo. Aunque te joda».


Sí, les jodía. Tanto como para odiar al Cuerpo de Relanzadores. Pero, ¿acaso tenían culpa de que las IAs no lograran un funcionamiento óptimo del cerebro? «Nos revivís convertidos en zombis », les había espetado la soldadesca durante siglos. Bajo tal presión y desprecio, el Cuerpo de Relanzadores había adoptado una tradición salvaje: mientras permanecías enrolado te anulaban las áreas 41-42-Brodmann del cerebro. «Lo que no escuchas no te afecta».

Ni así lograron eliminar su mayor causa de bajas: el fuego amigo.

«Nadie quiere resucitar convertido en carne de cañón idiotizada», admitió Droy. «Pero el Imperio necesita cada soldado, sin importar su estado».


Un obús detonó cerca. La cortina de bombardeo regresaba, pero las nano seguían trabajando. Droy odiaba dejar un trabajo a medias. Pese al peligro decidió seguir, esperar a que el relanzamiento se completase.


Despertó gracias a la inyección de adrenalina, amable regalo de su chaleco. Comprendía muy bien lo que había pasado: el obús había caído demasiado cerca. El visor le espetó los daños en forma de monigote agonizante teñido de rojo.

«Bueno, llegó mi hora. Y no por fuego amigo».

Sonrió.

«No, no voy a aplicarme un resu-pack. Eso queda para ellos; para mí esta puta guerra acaba aquí».

No reparó en la figura hasta que le cubrió con un abrazo. El relanzador vio unos labios que musitaban algo: ¿«Tú también», quizá?

El soldado, aún incompleto, hizo que sus nanos fluyeran sobre Droy.

—¡No, no quiero ser relanzado! —gimió el relanzador.

Pero las nanomáquinas eran sordas. Como él.

Acerca de ‘El relanzador’

No hay hola.

Este cuento fue el segundo intento de ataque al reto 23 de Inventízate II de ELDE. El primero se cayó debido a que ‘su médico’ usaba tecnología demasiado alejada de lo ‘real’ como para poder considerarse tal, un médico. Una vez apartado del reto, ese relato original sufrió una remodelación que lo llevó a superar las 1.700 palabras. Y así quedó mucho mejor que con las 500 originales, palabra de padresito. Le daré unos días de barbecho y luego lo colgaré en esta web, dado su nulo recorrido más allá de la convocatoria.

Pero toca hablar de ‘El relanzador’. Dos días después de recibir la negativa a mi médico original ya tenía este segundo relato. Empecé con él de la manera más sencilla: usando la idea inicial del otro, y sobre todo el escenario. Así, no me alejé de un lugar muy semejante al de los campos de batalla de la I Guerra Mundial: trincheras, nubes de tierra triturada por la lluvia de obuses, campos convertidos en desiertos surcados de cráteres… y hombres malviviendo en zanjas, arriesgando su vida cada vez que asomaban la cabeza. Puta I Guerra Mundial. Bueno, en general, puta guerra.

Pero para este cuento decidí convertir la pseudo-magia en nanotecnología: nanomáquinas que hacían buena parte del trabajo de los cirujanos, con éstos limitándose a supervisarlas.

Un detalle que se quedó en el tintero: al inicio del cuento hablo de las células de fusión. Tenía pensado hablar de ellas, de cómo servían de fuente de potencia para las nano. Pero al final la extensión me dejó sin espacio para ello. Vamos, lo de siempre.

Otra cosica en la que puede que se fije alguien: la relativa a la enorme duración de la guerra. Esta, junto a la mención a un Imperio anónimo, vienen del cuento original. Como muchas otras veces, todavía no tienen un marco concreto de desarrollo. Se quedan como simples pinceladas que quizá algún día sirvan para futuras historias. Pero, a modo de apunte, debo admitir que quizá su presencia tienen su origen en mis recientes lecturas de las wikis de ese universo grandilocuente llamado Warhammer 40k.

Pero no todo en ‘El relanzador’ viene heredado de su antecesor. En el otro cuento las taras del protagonista venían desde su nacimiento; en cambio, en ‘El relanzador’ tienen su origen en un conflicto entre las tropas de a pie y el propio Cuerpo de Relanzadores. Además, ese conflicto desata parte de la tensión del cuento y el posterior desenlace.

Espero que no os defraude esta pequeña historia bélica.

No hay adiós.

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