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Una novedad más en la web: encuestas

No hay hola.

Pues tal y como reza en el asunto de esta entrada he colgado varias encuestas en la web. Esta misma mañana he descubierto esto llamado PollDaddy y no he podido evitarlo: ya están a vuestra disposición tres encuestas. Por ahora tenéis a vuestra disposición tres:

  • Una para saber vuestro relato favorito de entre los que he enviado a Literautas. Relatos disponibles a través de Textos publicados.
  • Otra para descubrir qué microrrelato os ha gustado más. Relatos disponibles a través de la etiqueta ‘microrrelato’.
  • Y una tercera similar a la anterior pero relativa a los cuentos más largos. Relatos disponibles a través de Textos publicados.

La primera de las tres la he dejado colgada en la parte inferior de la página de Textos publicados y las otras dos están a vuestra disposición de manera permanente en la barra lateral izquierda.

Por supuesto decir que espero vuestras opiniones. Ya sabéis que las tengo muy en cuenta y que me encanta oíros. Además votar no os llevará ni un segundo, y lo os lo agradeceré muy muchosois la gasolina que me hace seguir.

No hay adiós.

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De cómo yo solito me meto en jardines (y disfruto haciéndolo)

No hay hola.

En la anterior entrada hablaba de cómo me he metido a la reescritura de los cuentos que he enviado a Literautas. Pues bien, el primero al que estoy metiendo mano es ‘Salvaje melodía de un mal sueño’ y, como dije la otra vez, se me está poniendo cuesta arriba.

Entendedme: no se me ha esfumado la inspiración ni nada similar, sino más bien todo lo contrario. El condenado está adquiriendo voz propia y derivando en un cuento con un fuerte toque gótico, y en su vertiente ‘arquitectónica’, como yo digo. Con eso me quiero referir a un cuento en el que la presencia y descripción de las construcciones poseen gran peso en el texto, tanto en lo relativo a la ambientación como en el desarrollo de la trama.

En ello estoy, y de las setecientas cincuenta palabras iniciales ya he pasado a las siete mil. Y ando sólo por la mitad del cuento. La huella de la segunda mitad de Fuerza de mascarón se deja notar.

Además, intentando sumergirme en el aspecto sonoro del texto (quien haya leído el cuento original entenderá la importancia de ese tipo de descripciones), me estoy dando un repaso a mi ya muy olvidada métrica y nomenclatura musical. No sé si eso supondrá un pro o un contra, pero me da que el texto final tendrá bastante de ‘borgesiano’.

Sé que ese concepto de relato, ‘borgesiano’, asusta a más de uno. Pero me da igual.

Lo admito, tiendo a huir del lenguaje común y usar términos que algunos llaman ‘raros’, otros ‘pedantes’ y otros directamente ‘molestos’ (me refiero a esa gente a la que usar el diccionario les supone un gran sacrificio, lectores a los que no se les puede sacar del puñado de cientos de palabras básicas del castellano). Como ejemplo muy sencillo de esto de lo que hablo decir que escribiendo Fuerza de mascarón me he metido bastante jerga marinera, sobre todo en lo relativo a nombres propios de objetos de a bordo. Podría decir ‘cuerda’ cara casi todo, pero escribí ‘jarcia’, ‘driza’ o ‘soga’; de igual manera en vez del simplón ‘palo’ usé ‘mástil’, ‘verga’, ‘percha’ o ‘botalón’, según resultara más apropiado.

De igual manera me gusta de vez en cuando (no siempre) esconder ‘huevos de pascua’ en los textos, en las tramas, en los trasfondos de las historias… Admito que eso, el jugar con diversos niveles de lectura, puede suponer que el lector medio no acabe de comprender los textos. E incluso que no le gusten. Pero también está la otra cara de la moneda. Me han llegado a decir ‘el cuento se me hizo pesado de leer en un primer momento pero, al llegar al final y descubrir ese giro, me he visto obligado a leerlo de nuevo, desde el principio, y… y entonces he comprendido más cosas. Muchas más cosas. Y me ha gustado mucho’. Eso me hace sentirme mucho más satisfecho que si escribiera un cuento de estilo ‘sencillo y directo’, lo que yo llamo literatura de Metro (dígase la que no requiere del lector un esfuerzo, prestar un mínimo de atención). Cuando alguien lee un texto mío y empieza a descubrir las ‘fintas en las fintas de las fintas’ (como diría Herbert) que en él he trazado –que van desde referencias a mitos más o menos clásicos, pasando por historia, cine, literatura, o ‘simples’ dobles lecturas–, estoy seguro que disfruta tanto o más que yo desentrañando ese resultado final.

Bueno. No voy a divagar más sobre mis pajas mentales/estilísticas. Quien quiera leer el ejemplo más reciente de estos juegos dentro de mis textos que se pase por el último cuento que escribí para Literautas.

No hay adiós.

Pinto, pinto, gorgorito, a este cuento le doy un repasito. O no: ¿tú cual prefieres?

No hay hola.

Para fastidio mío (me obligaba a escribir, lo que ya de por sí es mucho) ha llegado llega el momento en que el taller de Literautas cierra por vacaciones. Pero deja una tarea pendiente: la posibilidad de escoger y mejorar uno de los textos enviados para optar a participar en el segundo recopilatorio de textos del taller. Ni que decir tiene que quiero participar. La pregunta es ¿con cuál?

Yendo a la página de textos publicados he delimitado con dos marcas los que podrían optar a ello, pero de entrada se me caen algunos:

  • No me voy a poner a hacer una segunda versión de ‘La extraña conquista de BaradSar’ cuando ya mismo tengo empezada una novelización. Sí, apenas voy tres capítulos pero tampoco me ha dado tiempo a más. ¿Por qué? Sigue leyendo y lo sabrás.
  • En semejante tesitura está ‘Fuerza de mascarón’, el cual ahora mismo está apareciendo en forma de serial. Este cuento se está convirtiendo en ‘mi monstruo’. Las 750 palabras iniciales pasaron a un borrador previo de 10.000, que con las semanas de desarrollo e inspiración acaba de superar ayer mismo las 46.000. Este pequeño mostrenco lo podéis leer en la web de Tierra Quebrada. A día de hoy calculo que todavía le quedan, por lo menos, seis entregas. Seis semanas de estrés tratando que los textos, escritos en gran parte a vuelapluma, tengan ese mínimo de calidad que intento aportar a los cuentos del taller.
  • Luego está el caso del último relato que he enviado al taller, ‘El castigo’: al haberse ceñido a un ejercicio con la limitación de la ausencia de adjetivos el cuento se vuelve tan coyuntural que carece casi de sentido si se desvincula del propio ejercicio.

Según esto me queda un abanico de apenas cinco cuentos. De entre ellos quizá el que más me atrae sea el de ‘La cuenta atrás del relojero’: creo que la nueva horquilla de 1.500 palabras puede permitir darle un poco más de fondo sin acabar ahogado en la nueva extensión. Esos ‘ahogos’ en el límite de palabras me tienen ya algo cansado. Hay historias, como por ejemplo la de ‘La risa del músico’, que teniendo en cuenta lo que tengo en mente con facilidad pueden llegar a las diez o quince mil palabras, si no dar para una novela entera. Esto me pasa por pensar ‘a lo grande’, en plan ‘encajarlo todo dentro del universo de La Voluntad. Que la jodía da para mucho, no sé si demasiado.

Pero bueno, al fin y al cabo esa es mi opinión. ¿Y la vuestra? Si alguno de los otros relatos os parece más apropiado para pasar por el proceso de remozado decidlo en los comentarios. No os aseguro que os haga caso (la sinceridad ante todo ;)) pero sin duda tendré en cuenta esos comentarios para la compilación de cuentos que tengo en mente.

Espero vuestras palabras, queridos lectores. Todos a la vez no, por favor 🙂

No hay adiós.

Y sin quererlo a alguien le ha gustado ‘Copos de nieve’

No hay hola.

Admito que de todos estos líos de las redes sociales (facebook, twitter y las demás) no tengo ni la más remota idea. Más aun, no me agradan, sobre todo cuando contemplo día a día los drogadictos que generan, todo el tiempo pendientes del móvil o del ordenador a ver ‘qué ha pasado’ o ‘qué ha dicho’.

Pero una cosa es que no me gusten las redes sociales y otra muy diferente tratar de ignorarlas de manera activa: por ahora no intento eso último. Por esa misma razón en el blog he puesto todas esas opciones de compartir, incluido el de ‘Me gusta’ WordPress. Ignoraba de su existencia hasta que me monté el blog, y me ha sorprendido ver que se usa.

¿Cómo me he enterado? Pues porque me ha llegado un correo diciendo que a alguien le ha gustado el relato ‘Copos de nieve’: ese alguien ha pulsado el botoncito de marras.

Para los malpensados: no, no tengo el placer de conocer a Jack Romero, ni es un amigo, ni un familiar ni nada. Se trata de alguien que no sé cómo ha llegado al blog, se ha tomado la molestia de leer el cuento (que rondando las tres mil palabrillas ya requiere un poco de esfuerzo y dedicación) y ha pulsado el ‘me gusta’. Por supuesto que le agradezco el gesto, y le agradecería más aun si me dijera cómo llegó al mismo, y si tiene algún comentario al texto. Sí, Jack tiene correo al que le puedo preguntar todo eso (e incluso un blog), pero me parece una ingerencia por mi parte.

Quizá algún día dé ese paso y le mande un correo para intentar hablar con él y que me aclare esas dudas. Mientras tanto, esté donde esté Jack y haga lo que haga, le doy las gracias. Y si le ha gustado tanto el relato como para querer difundirlo, pues más gracias aún.

Por ahora nada más.

No hay adiós.

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