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Nuevo cuento mío, esta vez en ‘Libros Libres Nº5: Una Odisea hacia las estrellas’

No hay hola.

Ya tenéis a vuestra disposición un nuevo número de Libros Libres: este número 5 está dedicado a ese subgénero de la ciencia ficción llamado space opera. En él encontraréis, junto a muchos otros cuentos y toda una colección de ilustraciones, una nueva historia mía.

Libros Libres 5

Libros Libres 5

Podéis conseguir la revista de varias maneras:

  1. A través de Lektu, como en otras ocasiones.
  2. Con su versión de Issuu (esto es una novedad muy agradable).
  3. Pidiendo una copia física a sus editores.

La nueva revista se presentó en la tertulia que anuncié hace unos días, y la que no pude acudir por tener que cumplir con los deberes más mundanos que uno se pueda imaginar: hacer la compra y preparar la comida 😛 De todas maneras tenéis a vuestra disposición un resumen de lo que se hizo en esa fiesta.

Ahora me toca hablar un poco de mi aportación. La historia, titulada ‘Ese planeta dorado’, está inspirada de manera directa en un clásico televisivo, uno que ha generado toda una estirpe de aficionados a la ciencia ficción. Releyendo el cuento creo que debo admitir que el subconsciente me la ha jugado, creando un vínculo entre mi historia y la segunda película (tras la serie original se produjo toda una saga de filmes), y eso que esa no me gusta en especial.

No voy a decir más del cuento. Leedlo y a ver si tras ello adivináis a qué serie me refiero y a qué películas.

No hay adiós.

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Tertulia en Blanco (19/5): Space Opera

Tertulia en Blanco - Space opera

Tertulia en Blanco – Space opera

No hay hola.

Atención, gente: la asociación cultural Página en Blanco tiene preparado un nuevo evento, esta vez de carácter doble. El próximo día 19 de mayo (sábado), entre las 11 y las 13 horas, se celebrará una tertulia con el género del space opera como hilo conductor. Además, en ese mismo acto se realizará la presentación del número 5 de la revista Libros Libres. Por supuesto, todos estáis invitados a venir y participar.

Debido a la coincidencia de ambos eventos, seguro que alguno de los autores que participan en la revista estarán por ahí. Caza-autógrafos, ya sabéis dónde ir 😉

Tenéis el cuándo y el qué. Ahora solo falta el dónde: todo esto sucederá en La ría de chocolate, sita en c/ Moraña, 7, Leganés.

Para los despistados, reúno aquí los datos:

Evento: tertulia.

Día: 19 de mayo.

Hora: de 11 a 13 horas.

Sitio: La ría de chocolate, c/ Moraña, 7, Leganés.

Tema: space opera, una odisea a las estrellas.

Extra: presentación del número 5 de la revista Libros Libres.

Así que ya sabéis. Si estás en la zona esa mañana y te gusta la ciencia ficción (y las tartas) no tienes excusa.

No hay adiós.

Libros Libres se despliega en Facebook

No hay hola.

Pues justo lo que indica el asunto de esta entrada: la revista Libros Libres hace acto de presencia en FaceBook. Han creado una página en la que podéis hacer todas las cosas que se suelen hacer en FaceBook y que yo, que admito no usar esa web, desconozco.

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Dentro de FaceBook.

 

Así disponéis de otra manera de estar al día de sus novedades, de entrar en contacto con la gente que lo lleva y de leer. Eso es lo más importante: leer.

Poco más os puedo decir: quedáis invitados a entrar en la página y, si os gusta lo que encontráis en ella, darle al famoso «Me gusta».

No hay adiós.

Libros Libres #04: Magia y hechicería

No hay hola.

Sé que llego tarde, pero mejor tarde que nunca. Hace unos días ha salido el último número de Libros Libres, el número 04.

Libros Libres nº 4

Libros Libres nº 4

En esta ocasión está dedicado a la magia y hechicería. No cuenta con un cuento mío, pero debéis haceros con él. No voy a repetir lo que ya dicen ellos: que existe una versión electrónica y gratuita en Lektu, y que podéis haceros con un ejemplar físico mandándoles un correo (es 1’5 € nada más).

Pero todo eso lo leeréis si accedéis al enlace que he puesto ahí arriba. Yo me limito a recordarlo. Y deciros otra vez (no será por falta de insistencia :P) que si compráis un ejemplar físico ayudáis a que se mantenga vivo (y que incluso crezca) el proyecto.

Venga, desde aquí os invito a descubrir este nuevo número. ¿Dónde? Pues solo debes seguir el enlace y acudir a la llamada.

No hay adiós.

Ya está disponible Libros Libres 3: «Cronostasis a través del tiempo»

No hay hola.

Libros Libres 3: «Cronostasis a través del tiempo»

Libros Libres 3: «Cronostasis a través del tiempo»

El nuevo número de Libros Libres, el tercero, ya ha salido al público. Como otras veces, lo tenéis a vuestra disposición en formato digital y gratis en Lektu. Si deseáis ayudar al proyecto y adquirir un ejemplar físico por 1’50 € solo tenéis que dirigiros a sus editores.

Hablemos un poco del número. Tiene por tema central los viajes en el tiempo, algo que queda bastante claro con su título: «Cronostasis a través del tiempo». Todo su contenido orbita en torno a ese subgénero tan sugerente y que ha dado más de un quebradero de cabeza a los lectores con sus giros y paradojas. La revista incluye un grueso puñado de relatos que os recomiendo leer, además de un par de artículos e incluso una jugosa receta de cocina, por no mencionar la galería de ilustraciones. Espero que la lectura de todo ello no os deje jaqueca como la que puede provocar una enrevesada historia de viajes en el tiempo 😉

Como en los dos anteriores lanzamientos de la revista, este número incluye un cuento mío: ‘La fiesta’. ¿Qué decir de él? Como no podía ser de otra manera, habla de un viajero en el tiempo. Pero el auténtico protagonista de la historia es otro: un acontecimiento tan real como curioso. Se celebró hace unos años en Inglaterra, y tras él se escondía una de las mentes más lucidas y preclaras (por no decir digna de auténtica admiración) que han visto los siglos XX y XXI. Supongo que lo recordarán la mayoría de los aficionados a la física, así como a más de uno de los no aficionados: salió en varios medios de comunicación, más que nada por su extravagancia. Aunque, debo admitirlo, algunos esperamos a su celebración no sin concierta ansiedad. E incluso con una ínfima chispa de esperanza: ¿saltaría la liebre y su promotor podría descorchar satisfecho el champán?

Pero no voy a decir nada más. Si queréis saber de qué va la historia sólo puedo hacer una cosa: invitaros a ‘La fiesta’. Si podéis llegar, claro.

No hay adiós.

El rugido en la espesura – #EdiLega2018

No hay hola.

Ayer se celebró el 1º Encuentro de Creativos y Profesionales de la Edición y Publicación – #EdiLega2018. Me pasé por la mañana para saber qué se cocía en ese evento, además de para conocer a algunas personas. Tras poner cara al responsable de Libros Libres, así como al de la asociación Página en Blanco, pude disfrutar de la charla de Desireé Bressend dedicada a eso que se llama transmedia.

Pero antes de la charla, y acompañado tanto de Ángel como de un dibujante (que me perdone pero al final se me olvidó anotarme su nombre, y eso que me quedé alucinado con su trabajo, sobre todo el hecho a bolígrafo. Tenía apellido navarro, de eso sí que me acuerdo Ya lo conseguí encontrar: se llama Felipe Arambarri, y aquí uno de los ejemplos de dibujo a boli que me dejó anonadado), participé en un breve juego de escritura ‘en vivo’. ¿De qué va eso? Pues de que te plantean unos temas aleatorios y debes escribir algo en unos cinco minutos. Los temas aleatorios los eligió Ángel con unos dados: ammonite, mamut y nido con huevos. Con eso debía escribir algo.

Soy de mente algo cuadriculada, así que al principio en mi cabeza no me entraba cómo narices juntar criaturas tan dispares (y me refiero sobre todo a ammonites y a mamuts).

Mientras no lograba poner una sola palabras sobre el papel, veía cómo el dibujante trazaba más y más lineas sobre el folio.

Mierda.

Pero al fin se me ocurrió algo… y cuando llevaba garrapateado con mi letra horrible una cara de folio nos recordaron que empezaba la charla de Desireé. Con las prisas me dejé el folio sobre la mesa. Y ya al salir ni me acordé de ello.

Total, que hoy, que he encontrado un pequeño tiempo libre, he tirado de memoria y he tratado de recuperar el relato abandonado. Aquí lo tenéis, apenas editado: se puede decir que lo que leéis aquí está escrito a vuelapluma (salvando las horas pasadas entre ayer y ahora, en las que no ha hecho nada de escritura, lo juro), con todo lo bueno y lo malo que ello tiene.

Espero que os guste un poco.

No hay adiós.


Un rugido brotó en la jungla. Tomás se volvió hacia la dirección de la que provenía, a la derecha, pero la niebla que anegaba la espesura le impidió ver nada.

—¡Por todos los…! —exclamó mientras amartillaba su rifle automático. Sus ojos desorbitados recorrieron la caótica masa de troncos, ramas y liana que le rodeaba, pero la gasa de vapor apenas les permitía ver unos metros más allá de su posición.

—Tranquilo, hombre. Si no me equivoco se debe tratar de un elefante.

—¿Ese rugido?

—No era un rugido. Se trataba de un «barrito» —explicó Clara con seguridad. No había movido el subfusil de su posición inicial, colgado a su espalda. La mujer siguió avanzando con calma por entre la foresta. Apartaba de su camino lianas y enormes hierbajos con golpes resueltos de su machete. Tomás la observaba sus movimientos fluidos y seguros admirado. Y, por qué negarlo, excitado.

—¿Un «barrito»? ¿Eso qué es? ¿Un bar pequeño?

—Idiota. Sí, Tomás: un «barrito». —Clara se detuvo y se volvió hacia su compañero—. Los elefantes no rugen, sino que barritan. Ambos sonidos se diferencian con mucha facilidad.

—Perdone su excelencia…

—Menos sorna y más atento a lo nos encontramos.

Tomás se dio cuenta del ligero desprecio que subyacía en la mirada de la mujer. Ese detalle no le agradó. Informaría de ello cuando regresaran. No por haber estado en la anomalía más veces que él se podía permitir tratar así al resto del personal, menos a alguien como él, personal especialista.

—Sigamos —dijo la rubia ignorando al geólogo, y continuó adentrándose entre la maleza sin molestarse en mirar atrás. Tomás sacudió la cabeza de nuevo contrariado, pero se apresuró a seguir los pasos de la experta en supervivencia.

Al cabo de un tiempo llegaron a una zona donde la espesura clareaba, como si la jungla se agitase ante su propia intensidad y exuberancia.

—Llegamos a terreno despejado —anunció Clara. Tomás agradeció el cambio de terreno con bufido sonoro.

Durante el tiempo dedicado a atravesar la selva se había escuchado un par de veces más aquel sonido. El «barrito», según Clara: para Tomás un rugido aterrador. El hombre esperaba que fuera de ella al menos dejaran atrás a la criatura que lo profería. No se imaginaba a ningún elefante normal capaz de producir semejante sonido.

Más allá de la frontera de la jungla se abría un terreno despejado cubierto de yerba vigorosa. Les llegaba casi a la cintura. Poseía un color verde vivo, salpicado de vetas longitudinales de un precioso morado. La niebla parecía amarrada a la jungla, de tal manera que cuanto más se alejaban de la masa de árboles menos densa era la nube. Unos metros más allá se deshacía del todo para descubrir un horizonte se perdía en una línea perfecta y azul oscuro.

—¡Un mar! ¡Imposible, pero si estamos en Burgos!

—Joder, Tomás. ¿Pero es que no te das cuenta de que la anomalía lo cambia todo? Olvida que la base está en Burgos y haz tu trabajo: intenta arrancar algo que nos permita saber adónde demonios lleva este desgarro.

La piel del geólogo un tono casi a juego con las vetas de las hierbas. Pese a ello no dijo nada y se limitó a avanzar hasta la orilla. Se encontró con una playa en su mayor parte pedregosa. Solo encontró arena al escarbar un poco con la culata del arma. «Suelo antiguo», pensó, mientras su cerebro empezaba a analizar el tipo de roca, su forma, rugosidad…

De repente la culata se topó con algo inesperado: bajo una muy fina capa de roca, apenas enterrado, había una forma circular y calcárea. La descubrió del todo y se encontró ante una especie de rueda espiral, resplandeciente y lustrosa, que se cerraba sobre sí misma.

—¡Imposible!

—¿Qué pasa?

—Esto es… esto es ¡un ammonite!

—Vale, has encontrado un fósil. ¿Y?

—Que no es una forma fósil —exclamó Tomás arrastrando la descomunal concha fuera de su lecho de arena y roca—. Mira: aun tiene restos de carne. Está casi fresco.

—Vale. ¿Qué más?

—¿Como que «Qué más»? Los ammonites se extinguieron en el Devónico Medio, hace cosa de 400 millones de años. —La cara de Clara se asemejaba a la del propio Tomás cuando aquel físico empezó a hablarle de teoría de cuerdas y de cómo el portal de la anomalía podía demostrar la existencia de una hipersimetría en la séptima dimensión—. O se trata de un caso como el de los celecantos, que revolucionaría la zoología, o si no…

El sonido que habían oído en la jungla se repitió, aunque esta vez mucho más cerca, por el lado derecho de la orilla. Clara y Tomás se giraron para ver cómo una forma desproporcionada emergía de la espesura. Al contemplarla el geólogo notó como su pantalón se humedecía. Clara no reaccionó con la misma parálisis pasmada de su compañero. Se llevó el arma a las manos y quitó el seguro. Algo en su movimiento hizo detenerse a la montaña de pelo. La criatura alzo la cabeza, abriendo una boca negra de la que emergían dos impresionantes colmillos en espiral.

—Tomás. No te muevas. Ni un pelo.

El hombre ni siquiera se atrevía a respirar. Aquello no era un elefante: doblaba en tamaño a todos los que había visto. Además, estaba recubierto por completo de una melena oscura y lanuda. Tomás notó que en su cabeza daban vueltas de manera alocada tres palabras: «mamut, ammonite, Burgos». Trataba de conjugarlas, pero nada encajaba, nada que no implicara locura o algo tan aberrante como antinatural.

La anomalía.

De repente notó una mano sobre su hombro:

—Atrás. Con lentitud. Camina hacia atrás, siguiendo la orilla. Y no le des la espalda.

El tono de Clara resultaba tranquilo y suave.

«¿De qué está hecha esta mujer». La pregunta restalló en su mente, pero se obligó a dejarla a un lado y a obedecer.

Clara caminaba tal y como le había pedido, sin darle la espalda al mamut. Seguía esgrimiendo el rifle de una manera ostensible. Obligó a Tomás a caminar delante de ella, hacia la izquierda. La bestia les seguía al mismo ritmo lento, como si sintiera una mezcla de curiosidad y precaución.

Los dos exploradores siguieron avanzando por la orilla de ese mar imposible durante un rato. Poco a poco el mamut quedó detrás. La criatura no dejaba de mirarles, pero cada vez con lo que parecía menor interés.

En un momento dado, con el  mamut ya a un centenar de metros, Clara se detuvo.

—Creo que nos hemos librado, Tomás.

—¿Segura?

—¿Qué quieres decir?

En ese momento la mujer dejó de mirar al elefante lanudo y se volvió hacia donde señalaba el geólogo. A no más de dos metros, también cerca de la orilla, se desplegaba algo que parecía sacado de una película de terror: una gran extensión de terreno sembrada de huevos multicolores. Todos ellos tenían un tamaño sorprendente, algunos incluso de un metro de altura.

—¿Qué es esto?

—¡Una guardería, Clara! Una jodida guardería.

—Una… ¿guardería?

—Sí. Debemos salir de aquí. Y hacerlo rápido. Ya. Antes de que…

Un nuevo rugido —esta vez Tomás estuvo seguro de sí que se trataba de eso— emergió de las sombras de la jungla.

—Dios, que no sea tarde. Corre, Clara. Corre —gritó el geólogo partiendo por la orilla en dirección al mamut.

—Pero… ¿qué haces?

—Salvar la vida. Correr antes de que una de esas madres nos alcance.

La mancha de sus pantalones se había agrandado, pero eso no le impidió empezar un sprint.

El rugido se repitió. Las copas de los árboles de la linde de la selva se agitaron abriendo paso a una forma sacada de una pesadilla, toda ella escamas, colmillos y garras.

En ese momento la mujer comprendió lo que decía su compañero. Mejor enfrentarse a la curiosidad de un mamífero herbívoro antes que a la furia materna y ciega de un reptil capaz de destrozar un autobús con sus mandíbulas.

Acerca de ‘La última ofrenda’

No hay hola.

Bueno, hace mucho que no escribo uno de estos ‘Acerca de’ y ya toca.

Esta vez voy a hablar de ‘La última ofrenda’, el cuento que me acaban de publicar en el número 2 de Libros Libres.

Libros Libres 2

Libros Libres 2

Tras hablar con el editor, me dijo que para ese número necesitaban relatos con temática de distopías. Como sabéis, me va la fantasía más o menos oscura, con toques de terror u horror, pero para nada la distopía: ese subgénero no lo suelo practicar. Vamos, que cuando me dijeron que el relato debía ir por ahí me eché un poco para atrás.

Pero decidí aceptar el reto y me puse a ello.

Desde mi punto de vista plantear bien una distopía requiere espacio, palabras. Con un máximo de mil quinientas lo vi crudo desde un primer momento. Además no quería tirar de tópicos ya manoseados como 1984 y similares para economizar conceptos y acercar al lector a la historia. Debía usar una distopía cien por cien de mi factura.

Chungo. Debía intentarlo, pero lo veía chungo.

En eso que recordé que ya tenía una especie de distopía esbozada en un cuento, uno más o menos reciente: ‘La marea de sombras’. En él planteaba una España en la que el franquismo no se deshizo ‘formalmente’ en 1977 y aún seguía presente. Sí, en ese cuento la distopía se mezcla con la ucronía.

Nota: desde mi punto de vista puede haber una relación muy íntima entre distopía y ucronía. Una distopía muy bien puede nacer de una ucronía. A la mente me viene ahora mismo como ejemplo El hombre en el castillo, de Dick. El que el franquismo no diera paso a la llamada transición (ahí la ucronía) muy bien podría suponer una utopía para unos y una distopía para otros.

Vale, ya tenía ese cuento como base: muy cercano a la realidad actual, y en él jugaba con nombres y lugares conocidos por todos. La mejor manera de meter en salsa al lector. ¿Podía tirar del hilo y escarbar algo más? Si para Literautas saqué bien la idea con setecientas cincuenta palabras (ayudado de un claro homenaje a los Beatles), ¿podría sacar algo digno relacionado en el doble de palabras?

Me puse a ello. Al poco tenía un argumento… y un serio problema: el guión por sí solo ya ocupaba mil palabras. Malo. La historia me parecía interesante, con más personajes conocidos metidos en situaciones imposibles de imaginar en nuestra realidad. Empecé con un primer borrador y vi que se me iba. Dos mil, dos mil quinientas palabras… dios, eso no había tijeras que lo recortase. Pero la historia me gustaba: muy ácida, llena de mala leche.

Se me iba de las manos. Joder, lo de siempre. No lograba recortar sin amputar datos y escenas serias. Decidí, muy a mi pesar, dejarla a un lado la historia. ‘La venganza se sirve fría’, así se llamaba el cuento en un principio, acabó en la nevera. Fría, muy fría debería servirse la protagonista su venganza.

Debía buscar una nueva idea. Para mi desgracia, por más vueltas que le daba no lograba nada tangible. O, mejor dicho, nada que entrase bien en las mil quinientas palabras de marras. Lo intenté en mi lugar favorito de crear historias: la cama, en plena noche. Resultado: nada. Pasaron unos días y estuve tentado de mandar a la mierda el trabajo. Hasta que me di cuenta de que cada día, en el telediario, me lo estaban plantando delante de los ojos. Llevar a la realidad lo que unos llevan pidiendo años: eso que llaman ‘libertad de elegir independizarse’. Sí, hablo de algo tan actual como el independentismo/secesionismo.

Antes de que alguien salte, me adelanto y describo mi postura ante esos movimientos: yo estoy siempre en contra de todo separatismo/independentismo. Forma parte de mi manera de concebir el mundo y las relaciones humanas, y me considero muy cercano al internacionalismo o al mundialismo. Para mí el Hombre es una especie, ni más ni menos, y por tanto un solo y único pueblo. Desde mi punto de vista lo lógico seria la cooperación y la unidad: el bien de todos beneficia al individuo, y el individuo debe hacer que con su bien personal se desarrolle y mejore el grupo. Esa es mi manera de ver la vida. Pero a día de hoy la inmensa mayoría del pueblo está alienado en lo geográfico mediante fronteras, a lo que se suman otros inconvenientes no integradores en la forma de idiomas y sistemas políticos. Mi utopía personal describe un mundo en el que se vive en unidad y paz, con nada que nos separe más allá de la inevitable distancia geográfica.

Por eso mismo considero a todos los nacionalismos (insisto: a todos) como lacras, tumores sociales que esconden miedo al ajeno y un terrible egocentrismo. Todo nacionalismo oculta un sentimiento maligno de superioridad, un ensalzamiento cobarde de lo propio que demasiadas veces acaba deparando discriminación e incluso racismo. Es que cuesta mucho reconocer en el ajeno al hermano. Eso por no hablar que la mayoría de los nacionalismos están auspiciados por grupos económicos de poder: individuos podridos de egoísmo y avaricia que en el fondo solo desean incrementar su beneficio propio. Si hay fronteras el comercio se fortalece, y sus bolsillos engordan mediante toda la burocracia del mercado. Patriotas de ese tipo, con cuentas bancarias en paraísos fiscales, dirigen partidos políticos que enarbolan banderas nacionales y llaman al alzamiento de barreras.

Barreras ficticias. Como suelo decir: sobre una mesa de operaciones un cirujano no puede diferenciar si su paciente es europeo, africano o asiático más allá de la mera raza; no puede saber si trata a un cristiano, un ateo, un nazi o un comunista. Un médico solo ve un cuerpo humano, una persona necesitada de ayuda a la que hay que curar. Todos deberíamos ver a los demás de semejante manera, con ojos de cirujano. Ver en el otro a ese igual al que hay que ayudar. Si el prospera, tú también.

En pocas palabras, que si no me enrollo: nacionalismo → caca.

Una vez explicada la generalidad del concepto, voy a lo concreto, lo que me toca más cerca. Son igual de perniciosos los nacionalismos ‘regionales’ de aquí (vasco, cántabro, leonés, catalán, etc.) que el ‘estatal’. Me parece tan ridículo como triste el que los ‘españolistas’ pongan a parir a los separatistas cuando ellos mismos se negarían a la disolución de España para su integración absoluta en unos Estados Unidos de Europa, o en unos Estados Unidos de La Tierra. Sí, me refiero a esos partidos de falsa izquierda (PSOE) y derecha y ultraderecha (PP, Vox, Ciudadanos) que enarbolan la bandera roja y amarilla pero al mismo tiempo cierran fronteras con el sur. Ese nacionalismo estatal oculta un sentimiento de superioridad. Se sienten superiores a, por decir nombres al azar, Francia, Senegal, Cuba, Inglaterra, EE.UU., Bolivia, India o Portugal (país que, por cierto, ha demostrado en estos años muchas más luces y eficacia que España. Voto ya por la unión de Portugal con España. Debemos aprender mucho de nuestros hermanos).

Regresemos al relato.

Con un esbozo de idea en la cabeza me puse a escribir a toda leche un borrador. ¿Qué sociedad podrían crear esos nacionalismos si triunfasen? ¿Qué consecuencias tendrían para los ciudadanos esas nuevas fronteras? No, no iba a hablar de cosas épicas ni macroeconomía: para vender esa moto ya están los que ahora mismo defienden esas ideas. Yo quería contar una historia más humilde, uno de los dramas de guerra… y de posguerra.

Necesitaba una región con una frontera llena de recovecos, confusa. Por fortuna conocía una que encajaba a la perfección. Además, esa región me permitía huir de lo fácil, del enfrentamiento catalán. Y eso sin perder el detalle de estar rodeada por otras zonas con componente nacionalista. Vamos, que me parecía idónea para el relato.

Una vez elegida la región, otros detalles vinieron solos. Conocía varias poblaciones que me venían que ni pintadas para el argumento. Así entraron en la historia Pomar de Valdivia, Cezura y Helecha. Además podría usar lugares tan reales como el Monte Bernorio y la Iglesia de Santiago. Sí, la anodina y nada televisiva Montaña Palentina también puede acabar azotada por enfrentamientos nacionalistas.

Con todo ello tejí una historia sencilla pero que creo que cuaja, que tiene algo que decir.

En cuanto al estilo, la brevedad me obligó de nuevo a emular a Tiptree. Todo un gusto, la verdad.

El resultado ya lo podéis leer. Encontraréis encontrar ‘La última ofrenda’ en formato electrónico en Lektu. También lo podéis conseguir en papel pidiéndoselo al editor, Libros Libres. Y por supuesto comentad.

Antes de acabar os invito a conocer esa tierra maravillosa, de clima duro pero gran bella. No os quedéis solo en Aguilar de Campoo. Que sí, que Aguilar es muy bonito y turístico, sí. Que el pantano mola, y que se come muy bien, pero hay más. Descubrid pueblos como Pomar o aldeas como Cezura. Disfrutareis de la experiencia sin duda.

Si os gustan los paisajes podéis Visitad La Lora (y de paso la Cueva de los Franceses). Si os gusta lo antiguo con mayúsculas descubrid el menhir de Canto Ito. Si os llama la atención las caídas de agua, conoced Covalagua. Perdeos por esa región y disfrutad. Si vais en verano podréis gozar de sus noches frescas, por no decir deliciosas.

Ya paro, que parece que le estoy haciendo publicidad. ¿Se nota mucho que me tira esa zona?

No hay adiós.

Wolfdux's Lair

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