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Trees of Eternity – Hour of the Nightingale

No hay hola.

Antes de que acabe el año quiero hablar de este disco. Lo he descubierto hace menos de un mes y para mí ya se ha convertido en una joya que debo visitar con frecuencia.

En la anterior entrada hablé de una disco que se puede considerar un clásico por derecho propio (y por antigüedad), lleno de energía y frescura. Como contrapunto ahora hablo de este muy reciente primer —y con toda seguridad único— disco de Trees of Eternity. A mi entender Hour of the Nightingale se merece entrar en ese grupo de discos por méritos propios: posee tal halo de tristeza y angustia que para mí ya ha ascendido a la cumbre de ese género que tanto me apasiona llamado doom.

He descubierto este disco a través de youtube. Estaba oyendo el disco de otro grupo (otro caso de obsesión en los últimos días), acabó y vi en el lateral una portada que me llamó la atención. Pinché en ella y… por dios, ¡qué belleza! Por sí sola la portada ya me parece hermosa, una auténtica preciosidad: sencilla pero poderosa. Además encajaba casi a la perfección con lo que estaba escribiendo. Pero la música… la palabra ‘hermosa’ se queda muy corta.

Escuchar los temas de Trees of Eternity, acompañado de la trágica voz de Aleah, me ha servido para crear el ambiente perfecto para cierto proyecto en el que llevo tiempo liado. Temas de tristeza tan indescriptible como ‘A Million Tears’ o ‘Sinking Ships’ permiten generar la atmósfera ideal para narrar belleza, impotencia y tragedia.

La palabra ‘tragedia’ define en gran parte a Trees of Eternity. A los que como yo descubran el grupo y les hechice la voz contenida y susurrante de Aleah Stanbrigde ya se pueden solazar con este Hour of the Nightingale, porque no habrá nunca nada más. Aleah Stanbrigde murió de cáncer antes de ver este disco editado. Ese detalle hace que temas como ‘My Requiem’ adquieran un doble significado. El disco entero parece un canto de cisne, el regalo para los oídos que nos hace alguien que sabe que no va a ver acabado su trabajo.

Aquí lo dejo.

Si a alguien le gusta lo que se oye en Hour of the Nightingale que no se pierda el grupo del otro compositor: Swallow the Sun. Hay pasajes de Hour of the Nightingale que parecen sacados de un disco de Swallow the Sun. Pero cuidado con oír a esa gente: puede que entres en su música y no sepas cómo salir. O no quieras hacerlo.

Admito que en este caso el disco no es apto para todos los gustos: este tipo de música triste, lánguida y depresiva aburre e incluso incomoda a más de uno. Pero yo la adoro. De hecho, según escribo esto el disco me está llamando para oírlo otra vez. Debo volver a estremecerme con temas como ‘A Million Tears’, el triste ‘Hour of the Nightingale’, el oscuro ‘Eye of Night’ o el emocionante ‘Gallows Bird’ (que incluye la majestuosa voz de Nick Holmes).

Allá voy.

“Every tear I cry

Burns a way through my eyes

Where I see through my lies

 

Every tear I cry

Makes trails in the ice

Where I am warm inside”

A Million Tears

Casi parecen los últimos pensamientos de cierto castigado.

Qué pena. Nunca les podré ver en directo, nunca podré estremecerme oyendo en vivo esa voz suya…

No hay adiós.

PD (26/03/2017): Al fin. Lo tengo. Es mío. Me pertenece. Sí. Ya está en mi estantería, con todos los demás.

Trees of Eternity - Hour of the Nightingale

Trees of Eternity – Hour of the Nightingale

Y sigue siendo una maravilla de disco, sí. De cabo a rabo.

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Dokken – Beast from the East

No hay hola.

Lo prometido es deuda.

Este discazo vio la luz en el ya algo lejano 1988. Beast from the East llegó a mis manos el año siguiente gracias a un amigo que alucinaba con el guitarrista, y poco menos que con la noticia de la separación del grupo. Así que para mí este increíble directo supuso al mismo tiempo descubrimiento y despedida de una banda que tuvo unos pocos años de gloria en los ochenta. Al menos me permitió conocer a un guitarrista de los que te dejan la mandíbula por los  suelos, George Lynch.

Han pasado años desde la última vez que lo escuché y de repente hace unas semanas me acordé de él. Busqué este Beast from the East y lo puse… y seguí poniéndolo más y más veces, esta vez ya con el más cómodo youtube. He descubierto que no sólo me gusta como ya lo hacía antes, sino que me ahora me deja patidifuso. No se trata sólo de la indudable calidad de Lynch, sino que posee una brillantez general tanto en las canciones como en la ejecución que me han obligado a ponerlo una y otra vez como música de fondo mientras escribía unos pasajes más o menos cañeros, entre ellos alguno que ya se ha podido leer.

Sin duda alguna, si se quiere conocer a los Dokken en su mejor época, se debe acudir a este directo: la colección de temas, aun con ese tufillo comercial en algunos de ellos, te puede llegar a absorber y obsesionar. Doy fe.

Ahí lo dejo, la misma edición en doble vinilo que descubrí  en su día, para quien le pique la curiosidad:

A modo de curiosidad personal decir que sí, al menos en mi caso este disco supuso el final. Ni Lynch Mob (incluso con el atrayente de Lynch) ni el proyecto en solitario de Don Dokken me acabaron de enganchar. Para entonces yo ya estaba explorando otro tipo de sonidos.

Ahora, como viejuno, me llamaría verlos en una de esas reuniones que están tan de moda. Pero, la verdad, la cosa me atrae a medias: Don nunca tuvo una voz asombrosa, y los excesos y las enfermedades se han cargado su voz. Al menos la base rítmica de Pilson/Brown sigue funcionando con la misma eficacia de entonces. Y LynchLynch sigue siendo el genio salvaje de entonces.

Pero siempre nos quedara este asombroso Beast from the East que me he puesto de manera casi enfermiza estos días.

No hay adiós.

PD: ¿Qué habrá sido del tío que se hizo el tatuaje de la portada (porque se supone que es de verdad un tatuaje, no simple pintura corporal. O así nos lo vendían en las revistas de la época)? ¿Seguirá con los problemas por llevar un tatuaje semejante a los de la Yakuza, tal y como se decía cuando salió el disco?

La música obsesiva

No hay hola.

Con esta entrada voy a iniciar una sección que quiero (espero) tenga continuidad: la de la música obsesivo—inspiradora.

Cuando escribo intento ponerme de fondo ‘algo’, muchas veces sin preocuparme lo que se trate siempre y cuando que entre dentro de mis gustos más o menos viejunos. Más por comodidad que por otra cosa, desde hace unos años tiro de youtube para ese menester: me permite escuchar mis discos enteros sin tener que levantarme cada equis tiempo a enredar en la cadena, levantarme a rebuscar en el armario de los CDs, etc. Además, lo que en mi caso supone un plus, con las sugerencias de vez en cuando descubro novedades, rarezas o piezas del underground que de otra manera no conocería.

Entre los discos así escuchados algunos acaban sonando una, dos, diez, veinte veces. De ellos voy a hablar. Por supuesto que no voy a dedicarme a mostrar toda la música que pongo o dejo de poner: no poseo tal afán de protagonismo, aparte de que dada la gente que entra en esta web eso rozaría el ridículo más absoluto. Pero sí quiero poner de vez en cuando discos que, de una manera u otra, me han ayudado a escribir provocando o creando una atmósfera propicia para ello. Cuando estoy metido ‘en harina’ y el cuerpo me pide repetir y repetir un mismo disco eso significa que ese disco tiene algo. Por supuesto tampoco pretendo saber qué es ese algo: a veces, cuando lo intuya, lo diré; otras sólo me limitaré a colocarlo aquí. Pero quizá esa lista de obras le sirva a alguien para inspirarse. Si eso ocurre esta sección ya habrá demostrado poseer un mínimo de utilidad.

Así que en breve empezaré con esta sección: ya tengo seleccionados dos discos que me han acompañado de manera casi obsesiva en las últimas treinta mil palabras escritas. Uno de ellos, con casi veinte años a su espalda,  a mi gusto ya se ha convertido en todo un clásico. El otro lo he descubierto por puro azar: ha visto la luz apenas hace mes y medio y creo que con todo derecho podría alcanzar el rango de clásico dentro de su género (al menos a mí me parece una joya como esa sobre la que llevo tres semanas escribiendo).

Se acabó lo que se daba.

No hay adiós.

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