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El hombre que deseó diluirse

No hay hola.

Hoy (en concreto ahora mismo) hace justo un año de la ceremonia de entrega del IV PREMIO LITERARIO DE CUENTO CORTO: “MADRID SKY”. Participé en él y, como era de esperar, logré el resultado esperado 😛

Os dejo el texto tal cual lo mandé. Se trata de un cuento que combina la ciencia ficción sucia (podría decirse que tiene algo, o mucho, de ciberpunk) con la fantasía a mi estilo (el de La Voluntad). Esa mezcla de estilos se debe a que el cuento está insertado dentro de un arco argumental (la guerra Hombre—Voluntad) que poco a poco voy bosquejando en algunos cuentos. Tengo más textos ambientados en esa guerra, pero la mayoría de ellos todavía andan demasiado en pañales como para sacarlos a la luz.

Hablo un poco más de él en su Acerca de. Aquí os dejo el cuento.

No hay adiós.


No acostumbro a entrar si no hay clientes. Sólo voy al pub cuando sé que está, al menos, medio lleno. Y todo por esquivar a Rash y a su ojo ciego y supurante. No le soporto.

—Nadie apoya la causa del Hombre igual que yo. De hecho, fíjate: lloro por Él —suele decir eso mientras su ojo rezuma un líquido glauco y denso. Algunos se tragan la bola; los más pardillos incluso contemplan la catarata tumefacta con una mezcla de fascinación y asco.

Jodido farsante. Me enerva. Conozco su discurso de ‘mira cómo lloro por el Hombre’ desde hace años. El muy cretino cree que lucir esa ridícula infección (que un omniMed curaría en un nano—sec) le da caché de rebelde proHombre; no comprende que en realidad parece un engendro de preguerra. Pero ahí sigue, un borrachín tuerto y que llora lágrimas purulentas.

Cruzo el vestíbulo a toda prisa. Entonces me doy cuenta y me paro. Joder, podría lanzar fuegos artificiales y tocar el trompacord a todo volumen, que aun así Rash no me vería. El jodío está absorto con una rubia. O, mejor dicho, perdido entre sus tetas. La niñata viste una túnica de flecos, desastrada, traslúcida y tan escotada que apenas deja algo a la imaginación. Una Discípula Pálida de Nergüi. Me dan asco: niñatas abducidas por la Voluntad y su promesa de poder fácil. Juegan a ser brujas sexuales. La rehuyo. Rash no: ha olido un posible polVol. Pese a su fachada de proHombre ahí está, a pico y pala, intentando camelarse a la bruja. Y la nergüita le sigue el juego: sonríe y le pone ojos mientras sus dedos de manicura juguetean con la camisa. Se apoya sobre la barra con el codo derecho de tal manera que el brazo comprime sus enormes tetas. Todo calculado, claro: la cascada de carne se derrama, tentadora. Rash, pensando con la polla, clava en ella su ojo sano. La tetona ríe y yo alucino: el muy hipócrita, la supuesta plañidera de la Humanidad, va a vender sus lentejas por un poco de sexo—Vol.

Indignado, dejo atrás al cíclope llorón con su zorra mágica y fluyo bar adentro.

—¡Jorn! ¡Jorn, aquí!

Esquivo, tropiezo, escupo un ‘perdón’, trastabillo y al fin estoy en el reservado de Meri.

—Bonito espectáculo de trompicones, Jorni —dice luciendo su sonrisa de metal.

—De nada, mascacables. —Me paga el piropo con un beso—. ¿Qué hay? ¿Algún culo Voludo que patear? ¿El Contubernio ha diseñado un nuevo rompe—almas?

Meri entrecierra los ojos. Su mano señala el otro asiento del reservado.

—No, querido. Nada de culos, ni otro puto rompe—almas. Hoy toca algo más… radical.

—Desembucha ya, jodía. No me gusta cómo has soltado ese «radical».

—Jorn, ¿te parecen formas de hablarle a una dama?

—Hace mucho que ni tú no yo somos damas o damos. Y no me mires así. Suéltalo.

—Ok. —Se sube la manga derecha—. El último repo vomitado por OpCentral. —Sobre su antebrazo fluye un arabesco de colores, números y grafos. Lo miro molesto: ese no me ha llegado—. La integridad de la red de JgVols ha superado el Umbral de Sabotaje. Ahora son inmunes a nuestros sistemas. A todos. Ni siquiera podemos dañarles con cyber—razzias.

El asiento empieza a molestarme. ¿No hace demasiado calor en este antro?

—Sigue… —Intento ocultar mis nervios. Meri esboza una sonrisa: me ha cazado.

—Esto te joderá —parpadea—. Tenemos órdenes de eVolucionar, de Volplicarnos.

Durante un segundo me quedo sin habla. No me lo puedo creer. Luego estallo:

—¿Qué? ¿Implicarnos con Vol? Somos Humanos, joder: ¡estamos en guerra con la Vol!

—Ya sabes: «fight fire with fire». Para ganar no nos queda otra. Eso o desistir. Y morir.

—¡Ostia puta! ¡Eso es traición! —Mi asiento arde—. Déjame pensarlo. Necesito tiempo.

—Una semana. El Contubernio no da más. Si no aceptas… entras en BlackSpot. Sorry.

—Vale. Joder. ¡No! ¡Ostia puta! ¡No puede ser! ¡Eso es subvertir el espíritu de la lucha!

Me levanto. Ni me despido de Meri. Me abro camino entre los parroquianos. Empujo, insulto, maldigo. Mis ojos centellean; nadie osa interponerse. Sobre la barra, envueltos en un halo de Voluntad, Rash y la nergüita se devoran como caníbales en celo. ¡Por todo lo…! Su carne se derrite, ¡se mezcla! He aquí el proHombre, vendido a lo Inhumano. ¿Debo imitarle, abrazar eso que tanto odio? Así lo ordena el Contubernio, pero no deseo traicionar al Hombre.

Salgo a la calle. La lluvia cae en fina manta. Me acoge, cálida y maternal. Desearía diluirme en ella, desaparecer. Apartar de mí la tentación. Sigo corriendo.

El escozor de ojos me detiene. No lo sabía, pero estoy llorando. Lágrimas diluidas en lluvia, lágrimas que me definen: soy y seré Humano. Siempre. Vuelvo a correr. No miro atrás.

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Acerca de ‘El hombre que deseó diluirse’

No hay hola.

Llegué al IV Concurso de Madrid Sky como quien dice de carambola: navegando y yendo de una página a otra, me topé con él. No soy nada dado a concursos (jamás consigo sintonizar con lo que se busca, dado que escribo sólo pensando en mí y en mis ideas), pero me obligué a intentar algo.

IV Concurso de Madrid Sky

IV Concurso de Madrid Sky

Pero de entrada debía decir que no me gustaba nada la premisa inicial: el cuento debe empezar con un «No acostumbro a entrar si no hay clientes». Y así sucedió lo que sucedió: acabé con un cuento que tenía plena convicción que no gustaría a los del concurso. La historia, influenciada muchísimo por el estilo Tiptree, acabó derivando en un diminuto inserto en mi mundo de ficción de La Voluntad, en la etapa posterior a la guerra que se entrevé en ‘Hija del sol nocturno’. Con esa premisa (cuento de fantasía ambientado en un universo personal) sabía que un concurso como ese, de gente de gustos ‘normales’, iban a mandar mi texto a la basura a la primera de cambio.

La idea de  la clientela me hizo pensar en un bar, y eso en una escena con corte de novela negra: un tugurio lleno, con un camarero impresentable y un ambiente de conspiración. El aspecto de Rash, el camarero, surgió sólo: sin querer me encontré con el detalle de su ojo. No quise eliminarlo, ya que daba una idea de la repulsión y al mismo tiempo atracción que sufrían ciertos individuos en ese mundo de posguerra.

Sabía que quería describir una diminuta escena de la guerra entre el Hombre y La Voluntad. Y hacerlo de manera tangencial, a lo Tiptree. Por eso me puse a redactar un diálogo como el que se lee en la segunda mitad del cuento. Pero antes de llegar a ese momento surgió otro detalle: la chica. Ella y su relación con La Voluntad, y la manera en que camelaba a Rash (o cómo éste se dejaba camelar). Todo con ese aire de tugurio en el que todo vale. No necesité mucha imaginación. He estado en antros similares, en los que una pareja se pone a follar contra una esquina del local mientras los parroquianos siguen apoyados en la barra, a escaso metro y medio de ellos, pidiendo una ronda más de tercios. Y todo como si nada.

Además, descubrí que se había creado un juego de relaciones, de eso que ahora llaman sinergias. Rash y la muchacha; Rash y Jorn, el protagonista; Jorn y Meri, su compañera de la resistencia; la lucha entre hombres que luchan por mantener su Humanidad y los que se dejan arrastrar por La Voluntad.

Mezclando todo un poco (no mucho que la limitación de extensión del relato no daba para más), y añadiendo cierto detalle aportado por Meri, ya tenía relato.

Me puse a ello y en unos días estaba listo. ¿El qué? Pues eso, un texto que no gustaría ni de lejos a alguien no acostumbrado a la fantasía. Pero ya estaba escrito, así que era tontería no mandarlo.

Lo envié.

Como se podía esperar, la fecha pasó del concurso y el cuento no recibió nada de nada. Ahora os lo dejo aquí, para quien quiera leerlo. Bueno, ahora, lo que se dice ahora, no. Esperad a mañana, que con la cantidad tan grande de entradas que tiene el blog no quiero ponerlas todas a la vez.

No hay adiós.

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La desdicha de ser salmón

Pequeñas Literaturas por Aurora Losa

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Relatos perversos, macabros y peculiares.

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