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Nuevo cuento mío, esta vez en ‘Libros Libres Nº5: Una Odisea hacia las estrellas’

No hay hola.

Ya tenéis a vuestra disposición un nuevo número de Libros Libres: este número 5 está dedicado a ese subgénero de la ciencia ficción llamado space opera. En él encontraréis, junto a muchos otros cuentos y toda una colección de ilustraciones, una nueva historia mía.

Libros Libres 5

Libros Libres 5

Podéis conseguir la revista de varias maneras:

  1. A través de Lektu, como en otras ocasiones.
  2. Con su versión de Issuu (esto es una novedad muy agradable).
  3. Pidiendo una copia física a sus editores.

La nueva revista se presentó en la tertulia que anuncié hace unos días, y la que no pude acudir por tener que cumplir con los deberes más mundanos que uno se pueda imaginar: hacer la compra y preparar la comida 😛 De todas maneras tenéis a vuestra disposición un resumen de lo que se hizo en esa fiesta.

Ahora me toca hablar un poco de mi aportación. La historia, titulada ‘Ese planeta dorado’, está inspirada de manera directa en un clásico televisivo, uno que ha generado toda una estirpe de aficionados a la ciencia ficción. Releyendo el cuento creo que debo admitir que el subconsciente me la ha jugado, creando un vínculo entre mi historia y la segunda película (tras la serie original se produjo toda una saga de filmes), y eso que esa no me gusta en especial.

No voy a decir más del cuento. Leedlo y a ver si tras ello adivináis a qué serie me refiero y a qué películas.

No hay adiós.

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Ya está disponible Libros Libres 3: «Cronostasis a través del tiempo»

No hay hola.

Libros Libres 3: «Cronostasis a través del tiempo»

Libros Libres 3: «Cronostasis a través del tiempo»

El nuevo número de Libros Libres, el tercero, ya ha salido al público. Como otras veces, lo tenéis a vuestra disposición en formato digital y gratis en Lektu. Si deseáis ayudar al proyecto y adquirir un ejemplar físico por 1’50 € solo tenéis que dirigiros a sus editores.

Hablemos un poco del número. Tiene por tema central los viajes en el tiempo, algo que queda bastante claro con su título: «Cronostasis a través del tiempo». Todo su contenido orbita en torno a ese subgénero tan sugerente y que ha dado más de un quebradero de cabeza a los lectores con sus giros y paradojas. La revista incluye un grueso puñado de relatos que os recomiendo leer, además de un par de artículos e incluso una jugosa receta de cocina, por no mencionar la galería de ilustraciones. Espero que la lectura de todo ello no os deje jaqueca como la que puede provocar una enrevesada historia de viajes en el tiempo 😉

Como en los dos anteriores lanzamientos de la revista, este número incluye un cuento mío: ‘La fiesta’. ¿Qué decir de él? Como no podía ser de otra manera, habla de un viajero en el tiempo. Pero el auténtico protagonista de la historia es otro: un acontecimiento tan real como curioso. Se celebró hace unos años en Inglaterra, y tras él se escondía una de las mentes más lucidas y preclaras (por no decir digna de auténtica admiración) que han visto los siglos XX y XXI. Supongo que lo recordarán la mayoría de los aficionados a la física, así como a más de uno de los no aficionados: salió en varios medios de comunicación, más que nada por su extravagancia. Aunque, debo admitirlo, algunos esperamos a su celebración no sin concierta ansiedad. E incluso con una ínfima chispa de esperanza: ¿saltaría la liebre y su promotor podría descorchar satisfecho el champán?

Pero no voy a decir nada más. Si queréis saber de qué va la historia sólo puedo hacer una cosa: invitaros a ‘La fiesta’. Si podéis llegar, claro.

No hay adiós.

Aparezco en Libros Libres nº 2: ‘La última ofrenda’

No hay hola.

Llevo ya varios meses como quien dice desaparecido, sin participar en talleres ni subir aquí nada que no sean entradas preprogramadas. ¿Por qué? Pues porque me he estado centrando en acabar mi primera novela. Y sí, lo he conseguido.

¡Yuju!

En realidad se trata del primer, segundo, tercer, cuarto intento de lograr algo que de verdad se pueda considerar novela. Me ha costado un año de trabajo de manera intermitente, pero al fin lo he logrado. El resultado ha supuesto un texto final de unas 110.000 palabrejas de nada. Una extensión ni muy larga ni muy corta, pero destacable, sobre todo porque partía de una idea que creía que se iba a quedar en unas 50.000. Vamos, que a medida que la labor de escritura se desarrollaba y el texto adquiría forma, la historia ha duplicado la extensión prevista.

Pero no voy a hablar de eso ahora, sino de lo que ha pasado en esos tres meses que he estado en modo ermitaño: como pude, saqué tiempo para escribir y presentar un nuevo relato a la revista Libros Libres.

Libros Libres 2

Libros Libres 2

El número 2 de Libros Libres se trata de un especial distopías, un subgénero que no suelo practicar. Como sabéis, me va más la fantasía más o menos oscura. No se me da muy bien meterme en tirar del hilo del ‘Y si hubiera pasado esto…’, aunque ya he practicado un poco el género, como habéis podido leer hace poco.

Me puse a ello y, tras desechar una idea relacionada de manera directa con ‘La marea de sombras’, surgió la idea que daría lugar a este cuento. Ya podéis leer el resultado de ese trabajo: ‘La última ofrenda’, un relato que juega con algo tan actual como el independentismo/secesionismo. O más bien con sus consecuencias en la gente normal, de a pie.

El cuento apenas tiene componente especulativo, por eso lo he catalogado con la etiqueta realismo. Al contrario, tiene mucho (¿demasiado?) de posible. Recordemos que vivimos en un país en el que los salvapatrias desataron una guerra civil. ¿Que soy muy viejuno por hablare de eso, que queda muy lejos? Pues os dejo un ejemplo más reciente: quienes lean el cuento y no se crean que aquí puede llegar a suceder una escena similar que repasen lo ocurrido con regiones como la ex Yugoslavia.

Siguiendo unos ideales el Hombre puede cometer salvajadas y sentirse orgulloso de ello.

Espero que el cuento os guste y os divierta de la misma manera que me gustó a mí. Debo decir que disfruté al escribirlo: he introducido sitios y escenarios que me son muy queridos. ¿Alguna vez un cuento de ficción especulativa habrá tenido como escenario Cezura, Helecha o Pomar? ¿Los vecinos de Cezura pensarían que su diminuta y coqueta Iglesia de Santiago apareciese en una distopía? Me da que no. Si algún día lo leen espero que también les guste. Al fin y al cabo el cuento está escrito con todo cariño, tanto a la región como a sus gentes.

Podéis haceros con un ejemplar digital de Libros Libres nº 2 en Lektu. Si queréis ayudar al proyecto y comprar un ejemplar físico, tenéis que poneros en contacto con su equipo editorial en libroslibres@acpaginaenblanco.es.

No hay adiós.

Aparezco en el «Especial Día del Libro 2018» de Libros Libres

No hay hola.

 

Libros Libres «Especial Día del Libro 2018»

Libros Libres «Especial Día del Libro 2018»

Como sabrá quien sigue este blog, llevo ya bastante tiempo escribiendo solo entradas relativas a talleres. Pero ha llegado la hora de cambiar de tercio y hablar de que me han publicado un cuento. En esta ocasión me ha elegido la gente de Libros Libres, un proyecto de la asociación cultural Página en Blanco. En los enlaces que os acabo de poner está la información de ambas iniciativas.

He entrado como uno de los partícipes en el «Especial Día del Libro 2018». Siempre me ha agradado este día, y si participo de esta manera tan humilde, pues ya es algo 🙂

Por lo que a mí me toca, debo decir que el trato recibido de la gente de Libros Libres ha resultado más que correcto. No solo ha habido una comunicación fluida y cordial, sino que (por segunda vez en mi vida) he podido disfrutar de un proceso de galeradas. Lo que se dice perfecto para dejar un texto de buen nivel.

¿Qué cuento me han publicado? Pues uno titulado «El partir de las hijas», escrito ex profeso para esta publicación. Dentro de unos días dejaré por aquí el correspondiente ‘Acerca de’ hablando de su proceso de creación.

¿Qué puedo decir aquí de «El partir de las hijas»? La verdad, poco: no quiero destripar nada de la historia. Aunque ya adelanté algo en Twitter:

En efecto, la historia relaciona a Pinocho con Morgana le Fay, los tardígrados y un ascensor espacial. ¿Que eso no tiene mucho sentido? Bueno, os lo dejo a vuestra opinión.

Solo diré un detalle más. Tal y como reza la nota en la portada de la revista, los cuentos contendidos deben ser aptos «para todos los públicos». La idea consistía en que los pudiesen leer niños, o que alguien se los leyera. Y que la historia no les causara traumas 😛 Quien me conozca sabe que me gusta narrar historias con cierta mala leche. Así pasó, que el primer texto que envié me lo rechazaron por rebasar esa barrera de «Apto». Por fortuna, esta segunda idea me la aceptaron ya sin reparos.

Podéis conseguir la revista en Letku (gratis a través del pago social). También, si queréis ayudar a esta iniciativa cultural, podéis comprar un ejemplar físico: para eso debéis poneros en contacto con los editores.

Ya acabo. Si alguno se atreve a comentar algo relativo a la historia, a la iniciativa de Libros Libres o a lo que quiera, será bienvenido.

No hay adiós.

PD: una amiga estuvo en la presentación y me ha mandado este montaje fotográfico con lo que vio y consiguió.

Presentación Libros Libres DdL2018

Presentación Libros Libres DdL2018

Gracias a ella y a la gente de Libros Libres.

De celeridades y otras desgracias

No hay hola.

Bueno, este mes pasado no pude participar en los talleres por falta de tiempo. Eso implica no disponer de cuentos que colgar en el blog, ni con ningún ‘Acerca de’. Para cubrir esos huecos aquí os dejo un texto que ha quedado libre de derechos hace cosa de un año. El cuento, un poco viejo, tiene su origen en el primer taller de relato corto en el que participé, y con diferencia el más serio y útil. De uno de los ejercicios, bajo la premisa de ‘la vi pasar con prisa’, surgió este ‘De celeridades y otras desgracias’. Supone un nuevo regreso a una temática que desde crío me ha llamado la atención: la mitología judeocristiana. El cuento en su día le gustó al profesor, si bien noté que le había dejado descolocado: supongo que el mensaje interno no acaba de agradar a un cristiano creyente.

Tras varios años de permanecer en el olvido, el cuento (revisado y ampliado) formó parte de la primera recopilación de la ya extinta Editorial Argonautas. Dado que los derechos de la editorial estaban reservados hasta 2017, ya lo puedo colgar aquí sin problemas.

Espero que os guste.

No hay adiós.


Saludos.

No puedes traspasar este umbral: al palacio sólo acceden los Elegidos y los Principales.

¿Cómo? ¿Ignoras dónde estás? Empecemos por saber adónde quieres ir.

¿Tampoco lo sabes? Pero, ¿cómo has llegado aquí?

¿Ni siquiera estás seguro de eso? ¿Cómo puedes estar tan perdido? A ver, dime lo último que recuerdas.

¿Que te acostaste en tu lecho y despertaste ahí fuera, en la pradera del otro lado del muro? Lo que dices carece de sentido.

Acércate un poco que te pueda contemplar mejor. Más, que esta noche no hay luna y mis ojos no son lo que eran. ¡Pero si aun estás en la flor de la vida! ¿Qué haces aquí?

¿Y toda esta multitud que te sigue? ¡Pero si casi todos son críos!

Esto no tiene sentido, ningún sentido. A menos que… espera. ¡Alabado sea nuestro Señor! Tus rasgos, tu piel morena… Déjame ver tu shenti: de lino de la mejor calidad, y con bordados en oro. Además tu nemes, aunque pequeño posee incrustaciones de lapislázuli. Perteneces a la nobleza, sin duda. ¡Por todo lo sagrado! Eres el hijo del…

Ahora lo entiendo: tu presencia y la de tu séquito. Y los rumores. Por el Poder bajo el domo, ¡los rumores!

Todo encaja.

Eso explica la manera tan apresurada en que Ella salió de palacio, y el torrente de sensaciones imposibles que me provocó al pasar a mi lado.

Y lo que vi en sus ojos.

Creerás que desvarío. No me comprendes, ¿verdad? Lo mejor será que os cuente lo que he visto esta mañana. No justificará el porqué estáis aquí, pero ojalá sirva para evitar que la culpéis: al fin y al cabo Ella sólo obedece órdenes. Recordadlo, por favor: Ella no tiene la culpa de nada, sólo acata lo que el Poder manda.

Venga, salgamos al exterior del recinto. Eso, en la pradera entramos todos sin problemas. Ale, sentaos a mi alrededor.

¿Por dónde puedo empezar? Quizá por aquello que me llamó la atención en un primer momento, lo que me hizo notar que algo extraño estaba sucediendo: esta mañana salió del palacio deprisa. Muy deprisa. Y la forma en la que lo hizo… Me atemorizó, me dejó paralizado.

Sí, suena ridículo: sentir miedo porque Ella camine rápido. Pero vosotros no visteis la manera en que lo hizo. Tampoco la conocéis, todavía no tenéis ni idea de la disciplina tan severa a la que se ha sometido desde siempre. Lo hace con el único objetivo de no exteriorizar los sentimientos. O de que eso sucediera las menos de las veces. Sí, se somete a sí misma a una rutina poco menos que maquinal. Nada ni nadie altera su forma de proceder. Siempre constante, siempre segura. Una de sus normas no escritas reza “nunca correr”: hay tiempo para todo, y todo tiene su tiempo.

Sin embargo esta mañana sucedió algo que la hizo… no me atrevo a usar la palabra “huir” porque, ¿qué podría hacerla huir a Ella? No me lo hubiera podido imaginar. Aunque ahora que os veo, ahora que asocio vuestra presencia a los rumores…

Cuando pasó tenía un aspecto extraño. Jamás la he visto así. Diría que avanzaba insegura, casi indefensa. Desvalida. Creo que esa palabra encaja a la perfección con cómo la vi: desvalida.

Como os he dicho verla así me afectó tanto como para dejarme paralizado de horror. Y eso que la conozco desde más tiempo del que podáis imaginar.

Eso ocurrió esta mañana, poco después del amanecer. Ahora, cuando un nuevo día está a punto de nacer, os tengo aquí ante mí.

Os noto tensos, dubitativos. Normal. No sé cómo puedo tranquilizaros. Aunque tampoco está en mi mano hacerlo: yo sólo aguardo aquí, en mi garita ante la puerta del recinto palaciego, vigilando que sólo entre quien tiene derecho a ello. Una tarea monótona y aburrida, sí, pero viendo vuestros ojos llenos de temor, agradezco esa falta de responsabilidad.

Alguien os explicará el porqué de vuestro destino. Yo no.

Creedme: todo tiene su sentido. Siempre. Todo está justificado, orientado a alcanzar un final apropiado y maravilloso. Aunque ahora resulte difícil de entender o creer.

Vuestros ojos os delatan: buscáis un culpable y vais a hacer recaer en ella todo el peso de vuestra situación. No lo hagáis: eso no sería justo. Bastante tiene con su carga, ya de por sí ingrata, como para que vosotros se la echéis en cara.

Por favor, escuchad lo que os voy a contar. Dejadme explicaros lo que vi. Seguro que una vez me hayáis escuchado la comprenderéis.

Los de ahí atrás, ¿me oís? Bien.

Yo estaba en mi puesto. Faltaba muy poco para el alba y todo indicaba que el día iba a transcurrir con total normalidad. Vuestra amada Sothis relumbraba reinando en el cielo nocturno. Bajo la cúpula que marca el corazón del palacio –allí al fondo lo podéis ver, aquel domo de oro con una constelación de diamantes engarzados– la reunión de los Principales aguardaba las órdenes del Poder. Por supuesto, entre los Principales se encontraba Ella. Como todos los días, justo antes del amanecer, el Poder reparte las comandas. Jamás he estado en esa sala, pero sé a la perfección lo que ocurre tras la maciza puerta de marfil: los Principales escuchan las órdenes, las interiorizan y, tras las obligadas alabanzas y jaculatorias parten para cumplirlas. Después la reunión se disuelve.

Esta mañana, como cualquier otra, Ella se debió levantar de su escaño, cubrió su rostro con la cogulla y, sin pronunciar palabra (nunca escucharéis escapar de sus labios pero o queja alguna) salió de la sala. De entre todos los Principales Ella es la que con más rapidez parte a cumplir las órdenes. El resto suelen quedarse un poco a comentan las órdenes formando corrillos. Sin embargo Ella rehúye esas conversaciones y, humilde y sumisa, se limita a cumplir su trabajo.

Al llegar ante la puerta de la sala de juntas su mano debió ondear un saludo al pregonero. Le conozco (no por nada pertenecemos al mismo gremio, lo que nos brinda un vínculo esencial) y me lo ha comentado más de una vez: Ella, a diferencia del resto de Principales, siempre le dedica un gesto de reconocimiento. El pregonero ha debido devolverle el saludo con una inclinación la cabeza llena de respeto (los comentarios de conmiseración quedan reservados a conversaciones más íntimas, entre otros miembros del gremio. Confío en que sepáis guardarme este pequeño secreto, chicos. ¿Lo haréis? Muy bien).

Tras devolver el saludo, cuando Ella apenas hubiera salido del salón, el pregonero procedió a cumplir su misión: se llevó la trompeta a los labios y sopló. Las notas empezaron a sonar propagándose por toda la ciudad. Mientras tanto Ella ya ha iniciado su recorrido a través de las incontables estancias del palacio.

El toque dorado de la trompa cruzó salas, habitaciones y jardines. La escuché sonar sobre mí, rebasar el muro, recorrer esta misma pradera para luego empezar a recorrer las calles. Visitó casas, tiendas y almacenes hasta llegar a las almenas de la muralla. Allí la nota vibró con especial intensidad: a fin de cuentas es el salvoconducto que permite al sol asomarse sobre el horizonte. Como respuesta un primer haz de luz saltó la muralla y se posó raudo sobre el domo. Cada mañana, antes del amanecer, el sol rinde pleitesía al Poder arrancando destellos de gloria en la cúpula de oro y diamantes. El torrente de luz bailoteó durante unos instantes sobre la cúpula, regodeándose de una comunión efímera con el Poder. Éste bendijo la luz del astro rey, ungiéndola con sus comandas. Una vez saturada de información, la cascada dorada se derramó sobre el resto de la ciudad. De esta manera, como todas las mañanas, la urbe despierta.

En el preciso momento en el que el torrente de luz se vertía sobre el Barrio Bajo Ella ya traspasaba el umbral de la última estancia del palacio. Yo todavía no la podía ver. Como podéis apreciar los jardines que lo circundan tienen una extensión enorme. Aun así, como el resto de mañanas, percibí su presencia desde lejos. Solía avanzar con paso seguro, envuelta en un halo de lúgubre majestuosidad más o menos denso según la gravedad de las órdenes que le han encomendado. Mientras recorre los jardines el sol conquista la noche. Las flores desperezan y reciben al día saludándolo con un torrente de aromas, con una cascada de colores que sólo se puede describir como lujuriante.

Sin embargo Ella se muestra indiferente: para Ella sólo existe el trabajo. Su trabajo, uno que paraliza corazones y decide destinos, conjura tragedias e inspira epopeyas. Las glorias y momentos culminantes de otros suponen para Ella el día a día.

Mi puesto se encuentra al final de la avenida de rosales, su favorita. Si os fijáis podéis verla a través de la puerta, esa misma por la que no os he dejado pasar. Hermosa avenida, ¿no?

Nunca me lo ha dicho pero lo sé: pese a su aparente indiferencia a Ella le gusta partir a cumplir su misión envuelta con la fragancia que anega esta parte del palacio. Cada mañana la contemplo cuando pasa ante mí. Disfruto del contrapunto que supone su presencia terrible frente a la vivacidad y alegría de las rosas. La Creación está repleta de contrastes, pero algo en ése en concreto me parece poco menos que sublime. Pero dado que mis tareas distan muchos de las de los poetas este tipo de ideas ésta me la dejo para mí. Así que ya sabéis: de esto tampoco digáis nada.

¿Cómo se me ocurre confesarme ante vosotros, si no os conozco de nada? No lo entiendo. Quizá se deba a ese aroma a inocencia desgarrada que emanáis.

Sea como fuere cada mañana Ella pasa ante mi puesto y yo aguardo su llegada, firme ante mi garita.

La suelo ver cuando ya ha recorrido dos tercios de los jardines. A veces se presenta tal cual, sin parafernalia alguna, una figura alta y delgada embozada en negro. Sé que hay quienes la idealizan como una mujer de belleza letal, mientras que para otros se asemeja a una bruja vieja y escuálida. Supongo que eso dependerá de los ojos con los que uno la mire. No, no os voy a decir con qué ojos la contemplo yo. Sólo os diré una cosa: no emana maldad. Recordad eso: ella no es mala.

Al llegar a mi sitio suele girar la cabeza para dedicarme una sonrisa, un gesto teñido de tristeza demasiadas veces. En otras ocasiones, cuando se siente más afligida, prefiere escudarse bajo una capa de bruma que rezuma desasosiego y fatalidad. Y a eso se suele limitar sus demostraciones de sentimientos.

Pero hoy ha sido distinto. Mucho peor: la calima de los días de mayor tristeza se había convertido en una galerna furibunda, un turbulento vórtice oscuro y opresivo. La visión de semejante espectáculo aterrorizaría a cualquier mortal, pero a mí no debía haber podido afectarme: entre mis órdenes no está el verme acongojado ante Ella. Y sin embargo algo se retorció en mi interior al enfrentarme a esa manifestación de poder ciego y apenas sometido. Noté algo que, incluso contra Su voluntad, sólo podía calificar como temor. Yo, un Guardián, sentí pánico.

Por favor, no se lo digáis a nadie.

El frente de la galerna se acercaba con extrema rapidez. Tenía la forma de un manchón cuya tonalidad bailaba entre el azul oscuro y el negro, una confusión burbujeante que ocultaba algo que no estaba seguro de querer descubrir. Avanzaba muy rápido. ¿Qué era aquello? Tan pronto como formulé la pregunta obtuve la respuesta gracias a un destello de intuición: se trataba de Ella, y huía. Pero yo debía estar equivocado. Tenía que estarlo: aquella explicación rozaba el ridículo. Nada en la Creación la puede hacer huir. Nada.

Pero, ¿qué había sucedido en el domo como para que se ocultara de esa manera? Para que corriese así ¿qué órdenes había recibido?

El cuajarón de tinieblas me envolvió. Apenas veía nada. En lo más profundo de la tormenta pude ver un súbito destello, frío y metálico: el filo del dalle. Y bajo la hoja, Ella, compacta y letal.

Estaba casi a mi lado.

Noté cómo el pánico me poseía, el más intenso pavor que jamás he experimentado. No podía, no debía temer nada de ella, ¡pero irradiaba tal energía! Me quedé paralizado, tan asombrado como aterrado. Sólo atiné a bajar la mirada rehuyendo su rostro.

Allí estaba, en el centro de la oscuridad. Pero había vuelto la cabeza al pasar a mi lado. Y supe (lo sentí como un estilete clavado en lo más profundo de mi ser) que me miraba. Me vi obligado a alzar la vista: algo en mí me decía que Ella, la más temida, me imploraba. A mí, a un simple y humilde Guardián, Ella se rebajaba a suplicar que le prestara mi atención.

¡Oh, chicos, no os podéis imaginar lo que había en esa mirada! Sus ojos. Sus ojos poseían un brillo especial, acuoso. Estaban anegados en lágrimas. Al contemplar esos ojos sentí como me derretía de horror. Me revolví presa de la incredulidad. Por un instante pensé que sufría alucinaciones. Pero entre mis órdenes tampoco estaba el imaginar. ¿Qué había podido provocar su llanto?

Ahora os tengo ante mí, os contemplo, y… Mejor vuelvo a mi narración.

Ella siguió avanzando. Como ya os he dicho, Ella caminaba muy rápido. Corría. Con la misma velocidad que había llegado la galerna pasó, dejando un rastro de rosas desgarradas y rosales arrancados. La tormenta rebasó los muros del palacio, cruzó esta pradera y se adentró en el Barrio Bajo. Luego llegó a la muralla, la rebasó y se perdió en el exterior, en vuestro mundo.

Y con ello la historia, vuestra historia, cambió para siempre.

Permanecí un rato hipnotizado, contemplando el punto en el que había desaparecido. El sol proseguía su ascenso, envalentonado ahora que Ella había partido. Su calor disipó mis temores. Me acomodé en mi garita y traté de apartar de mi mente lo que había visto.

La mañana transcurrió anodina. Los jardineros llegaron y se dispersaron cual zánganos por entre los rosales reparando los destrozos con una eficiencia indolente. Para mi sorpresa ni se preocuparon en saber qué había sucedido, qué había destrozado la avenida. Se limitaron a trabajar. Se limitaron a cotorrear entre ellos con su habitual cháchara alegre y distendida.

Pero uno de los rumores que les escuché llamó mi atención. Sumé ese rumor a otros que ya había oído de un tiempo acá, comentarios a los que hasta ahora no había prestado atención, y una luz se hizo en mi interior. Una terrible sospecha que ahora se materializa con vuestra presencia, niños.

Todos esos rumores hablaban de una serie de pruebas a las que el Poder había sometido a un distante pueblo, Kemet. Sí, el mismísimo Kemet: vuestro país, chicos. Los rumores que había oído describían nueve desafíos, nueve retos que el Poder ha planteado al gobernante de ese país. A tu padre, chico. Sí, a tu padre. Nueve tareas que habían supuesto trabajo adicional para Ella. Proezas relativas a mosquitos, ranas, alimañas y langostas, a granizo y fuego, llagas, sangre y oscuridad. Supongo que vosotros, como habitantes de Kemet, ya los conoceréis.

Pues bien: el rumor de esta mañana hablaba de una prueba más. En esta ocasión no se retorcían las leyes de la naturaleza generando plagas animales, ni se invocaba la acción de los reyes elementales. No, esta vez sólo se ha convocado un poder: el de Ella. Porque, como ya sabéis, Ella se ha convertido en la mano ejecutora de esa nueva prueba. Una prueba para demostrar la tozudez de tu padre, chaval. Una prueba para que tu pueblo descubra, de nuevo, el poder del Verbo.

Una prueba que os ha traído aquí, mis queridos niños, mis primogénitos.

No estuve en ese salón, el que se encuentra en el corazón del palacio que veis, bajo ese domo dorado e incrustado de diamantes. No vi cómo reaccionó Ella al escuchar las órdenes. Pero la conozco y sé lo que sintió. He visto el resultado de su sufrimiento. Ha pasado delante de mí convertida en un vórtice de celeridades, un torbellino de desgracias que restallaban llenas de furia.

La conozco y sé que esas órdenes han provocado sus lágrimas. Lágrimas suyas y las de muchos otros, de gentes humildes e inocentes, gentes que viven al otro lado de la ciudad.

No está dentro de mis órdenes el comprender lo que pasa. Pero sí os digo una cosa: pese a su poder, terrible y enorme, Ella sólo es un simple peón. Sólo obedece órdenes. No tiene la culpa de lo que ha sucedido.

Recordadlo: Ella no tiene la culpa. El filo de su dalle está manchado con vuestra sangre, sí, pero no os quedéis en ese detalle. Ella empuña el arma que os ha matado, pero sus manos están atadas y otro tira de los hilos.

Por favor, no lo olvidéis: Ella sólo acata las órdenes de un poder superior.

Ahora partid, niños. Con la luz de esta preciosa mañana me han llegado nuevas órdenes: según ellas acabáis de entrar en la lista de los Elegidos, lo que os permite pasar al interior del palacio.

Ale, mis niños, entrad en el palacio y buscad las respuestas. Espero que os acordéis de mí y me hagáis alguna visita, que las guardias se me hacen muy solitarias desde que… bueno, otro día os cuento esa historia.

Venga, id.

Pero si ahí dentro os dan la explicación a lo que ha pasado recordad mis palabras. Hacedme el favor de, si os encontréis con Ella en un futuro, tened en cuenta lo que os he dicho: hoy la vi huir, hoy descubrí sus lágrimas, unas lágrimas que evidencian un dolor demasiado intenso como para poderlo sublimar. Ella, como buen soldado obediente, sólo cumple las órdenes que le imponen. Aunque acatarlas suponga desgarrar su alma.

Recordadlo cuando la veáis.

Y no la culpéis.

Recopilatorio Literautas 2017

No hay hola.

Pues sí, tal y como reza el asunto de esta entrada, ya ha salido la edición 2017 del recopilatorio de cuentos del taller de Literautas. Como no podía ser menos 😛 hay un cuento mío, la versión reposada de ‘Un paseo por el bosque’, un cuento algo tramposete (en parte porque no cumplo el reto propuesto por el taller, pero más que nada porque se trata de una adaptación de un texto viejo de verdad). Os invito a leerlo, así como el resto de cuentos del libro.

Libro Taller ‘Montame una escena – 2017’

Libro Taller ‘Montame una escena – 2017’

Existen cuatro ediciones, pero una de ellas tiene algo especial: los ingresos obtenidos de la versión en papel del recopilatorio irán a una ONG. Por ello invito (al menos a los que la economía se lo permita) a adquirir esa edición en concreto. Para los demás, pobres como yo, quedan las versiones digitales y gratuitas. Tenéis todas a vuestra disposición en la web.

Bueno, feliz lectura e inicio de curso.

No hay adiós.

PD: sí, tengo una versión de respaldo del pdf: Libro Taller Móntame Una Escena 5 Literautas.

Acaba 2016 y aparezco otra vez en el recopilatorio de Literautas

No hay hola.

¿Cuánto tiempo, no? Pues sí, ha pasado un poco. Cosas de haber dejado aparte este rollo inútil de la escritura 😛 Pese a ello aún quedan algunas tonterías pendientes. Quizá incluso haya algún proyecto, que con lentitud y sin el menor compromiso, salga adelante. Cosas de no tener ni fuerzas, ni tiempo ni capacidad social para llegar a más.

Pero, a pesar de esta nueva postura, todavía quedan asuntos por cerrar. Uno de ellos es este cuarto recopilatorio de Literautas.

Libro Taller 'Montame una escena - 4'

Libro Taller ‘Montame una escena – 4’

Como en las otras ocasiones, y a pesar de que participé en el taller de manera testimonial, me permití el lujo de intentar colar un texto. Por eso busqué el que más me agradaba, el menos indigno de entre las cuatro escasas y miserables aportaciones (la última de ellas de pura broma). Escogí ‘Ese poema llamado alma’. Una vez hecho esto me puso con lo de siempre: relectura, reescritura más o menos completa, barbecho y últimas correcciones. ¡Listo! Y lo más importante: mandarlo a probar suerte.

No voy a negar que lo envié con una mezcla de sentimientos: me gustaba la idea de verlo publicado (sí, es mierda; pero es mí mierda y en el fondo la quiero). Por aquella época, allá por inicio de verano, consideré ese texto en algo semejante a una despedida. Como si me hubiera convertido en Mato, había decidido retirarme, tirar la toalla, recoger mi sobre y tratar de recuperar mi alma frente al autoengaño de la escritura.

Desde entonces han transcurrido meses; han pasado algunas cosas. Unas buenas, otras malas, y una que de la manera más inesperada ha marcado un punto de inflexión.

Así he llegado al día de hoy, en el que me he acordado de esto del recopilatorio del taller de Literautas. No sin cierto nerviosismo (estúpido de mí) he abierto el archivo esperando ver mi texto está entre los elegidos. ¡Y sí! Ahí os dejo el enlace a la página de Literautas dedicada al recopilatorio, y aquí las copias de respaldo del libro en formato pdf, por si alguna vez se cae Literautas.

Espero que a alguno le guste… No, con total sinceridad: sé que al mundo poco le importa que guste o no. Va a seguir rodando igual.

Tras estas palabrillas regreso a mi caverna, no sin antes deciros ad… ah, no, que aquí

no hay adiós.

Wolfdux's Lair

Blog de relatos

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La desdicha de ser salmón

Pequeñas Literaturas por Aurora Losa

Miss Iracunda

Relatos perversos, macabros y peculiares.

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