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Un lío creado por no saber usar los dos puntos (:)

 

No hay hola.

No tenía pensado poner nada en el blog hasta dentro de unos días, pero acabo de leer una noticia que me parece tan ridícula (al tiempo que indicativa y alarmante) que voy a escribir unas palabras.

Apareció en Diario 16, pero llegué a ella a través de menéame.

Todo empezó con esto:

Vaya tontería, ¿no? Pues se ve que esa tontería ha armado un lío increíble. El padre en internet, que se declara ingeniero de minas, en su afán de defender a su hijo de siete años, dijo que las respuestas que dio el niño estaban bien y que «quien no lo ha entendido bien es el profe» (sic).

Supongo que como ingeniero de minas Ignacio Bárcena sabe mucho de excavar la tierra. Sin embargo su interpretación del ejercicio me demuestra que no ha excavado mucho en lo que se refiere a la montaña de los fundamentos del uso de la lengua española.

Estamos ante un enunciado de seis palabras, seguido de 5 casos a resolver. ¿Complicado de leer y comprender? Pues parece que sí. Pero, ¿por qué? ¿Por qué ni Ignacio Bárcena ni muchos otros no lo han sabido comprender? Pues porque él, como el resto que le apoya, no saben cómo funciona el signo ortográfico dos puntos (:).

¿Quién nos dice cómo funciona ese incomprendido? Pues, por supuesto, la RAE. Aquí dejo el texto donde se explica su uso. Citaré su inicio:

«dos puntos. Signo de puntuación (:) que representa una pausa mayor que la de la coma y menor que la del punto. Detienen el discurso para llamar la atención sobre lo que sigue, que siempre está en estrecha relación con el texto precedente. Se escriben pegados a la palabra o el signo que los antecede, y separados por un espacio de la palabra o el signo que los sigue.

1. Usos lingüísticos

1.1. Preceden a una enumeración de carácter explicativo: Ayer me compré dos libros: uno de Carlos Fuentes y otro de Cortázar».

Su se usase la comprensión lectora (especie en vías de extinción, al menos más allá de los 140 caracteres), se hubiera leía y entendido el punto 1.1, lo que impediría debates ridículos como el descrito en la noticia.

¿Qué se infiere del punto 1.1? Que los dos puntos indican que debes expresar/ampliar/detallar/hablar-de el concepto que los antecede. Tal y como dice la RAE, tras ellos debe ir una ‘enumeración de carácter explicativo’.

Yo lo veo claro y conciso: «Diez: 10».

Si en vez de dos puntos (:), tras ’10’ hubiera una coma (,) ya sería otro cantar y se podría dudar de si estamos ante una secuencia del tipo «Diez: 11» o qué. Pero los dos puntos no dejan hueco a la duda: hay que explicar lo que viene delante de ellos.

En definitiva, el twit supone otro ejemplo de cómo ese código de comunicación entre personas llamado idioma español (y al que le tengo tanto cariño) se degrada debido al aumento de la falta de cultura lingüística. Eso sí, ayudado por el odioso y perjudicial ‘pero me sentyende norl?‘.

No hay adiós.

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Se acabó el serial #LCAdR: ¿y ahora qué?

No hay hola.

Voy a desparramar un poco, así que avisado estás.

El pasado lunes acabó ‘La cuenta atrás del relojero’. Tras veinte semanas (veintiún capítulos) la historia llegó a su final. Veinte semanas. Cinco meses.

Me di ese tiempo para tener un texto definitivo de una novela. Parecía mucho, ¿no? Pues no. A día de hoy ni siquiera he acabado el primer borrador. Llevo escritas más de cien mil palabras, que calculo que suponen en torno a unos dos tercios de la extensión. Y estoy hablando de la extensión del primer borrador, que no del texto final: a medida que he ido avanzando me han surgido más y más notas de ambientación, notas que deberé introducir en la primera revisión. La mayor parte de esas notas no se refieren a naderías sino que consisten en pinceladas básicas (y necesarias) para poder dibujar el mundo tan complejo en el que me he sumergido con esta novela.

¿Cuánto tiempo me llevará acabarla? No me atrevo a dar una fecha, la verdad. Ojalá para navidad la pueda empezar a mover por editoriales o agentes. Ojalá.

El guion inicial (las tarjetas de base) consistía en treintaiún capítulos con once interludios, un prólogo y un epílogo. La obra actual ya cuenta con cuarenta capítulos y los interludios han pasado a ser diecinueve. Espero que esto sirva para hacerse una idea de cómo está engordando el original.

¿Cómo voy de avanzado? Ahora mismo tengo acabados los borradores (e insisto en ello: hablo de borradores, textos esbozados y temporales) de todos los interludios, y los veintisiete primeros capítulos. Eso me sitúa en que me queda más o menos por redactar un tercio de la obra.

Luego llega la ingrata y costosa labor de pulir y reescribir. Porque ya mismo sé que hay secciones enteras horribles: tienen su origen en los días en los que, pese a no estar nada inspirado, me he obligado a avanzar. Esos días he acabado perpetrando textos que apenas sirven como mero armazón de acontecimientos: requieren una reescritura absoluta, hecha con un mínimo de inspiración y no simple fuerza bruta.

Algunos pueden decir ¿por qué tanto esfuerzo, tantas horas? Sobre todo porque quiero hacer algo de lo que me sienta orgulloso. Intentaré que esta primera novela muestre mi manera de escribir y no se limite a algo hecho de manera apresurada. La historia de base podría haberse narrado en (a lo sumo) cincuenta mil palabras, pero lo que entonces tendría entre manos apenas podría calificarse de lectura ligera, carente ni de trasfondo, ni de ambientación, ni de atmósfera ni de personajes. No quiero que el primer título bajo mi nombre se asocie a obra de cartón piedra, como algunos ejemplos que ahora mismo tengo en mente y que me niego a nombrar. A día de hoy uno no resulta difícil encontrar lanzamientos editoriales que a mí me provocan vergüenza ajena. La calidad literaria ha dejado de ser un requisito. Mejor no hablemos de que estén escritas sin faltas de ortografía: hay editoriales y autores a los que les da igual que sus obras no superen la criba de una redacción de 2º de Primaria. El ‘pero me se entiende no?’ ya se ha instaurado incluso en la editoriales. Yo intentaré que en mi caso no me puedan echar en cara nada similar. Si para ello me debo tirar todo un año revisando, lo haré. Por todo esto que os cuento voy a seguir con la novela. Y voy a hacerlo hasta que acabe. Eso implica que hasta entonces esta web tendrá pocos contenidos.

Y hablando de contenidos ahora debo hablar de otra cosa que afecta lo que hasta ahora se leía en esta web: los cambios en Literautas.

En buena parte este blog empezó como resultado de mi relación con Literautas. Gracias a Literautas salí de un bloqueo creativo de en torno a diez años. La norma de los tres comentarios anónimos se me hacía de lo más interesante. Tanto es así que desde el primer momento he valorado más los tres comentarios anónimos que los que aparecían en la parte inferior del cuento (aunque no voy a negar que los otros no los recibiera mal). En el blog he ido colgando los comentarios, las impresiones a la hora de afrontar los retos.

Pero ahora esa ‘relación’ ha dado un giro de ciento ochenta grados: el taller ha pedido todo el interés, al menos para mí. ¿Qué ha pasado? Si no me equivoco lo de Literautas me parece la crónica de una muerte anunciada: una muerte de éxito. Se les está yendo de las manos, demasiado poblado. Ahora que los usuarios se han ¿duplicado? ¿triplicado? desde que yo llegara han dado el paso de ‘liberalizar’ el ecosistema: la norma de las tres críticas obligatorias y anónimas ha desaparecido. Para los responsables de la web sin duda supone una menor carga de trabajo. Pero me da en la nariz que va a tener sus consecuencias. Palabra de anticapitalista 😉 La desregulación libegal siempre tiene resultados nefastos. En este caso me temo que ocurrirá será que el taller convertirá en un patio de colegio poblado por grupitos endogámicos. Los miembros de esos grupos empezarán el consabido ritual de ‘cómo me gusto/cómo me gustas/comámonos uno a otro lo comible’, incapaces de decir a la cara ‘esto está mal por esta razón y por esta otra’. Porque ¿para qué me voy a esforzar en hacer una crítica constrictiva y elaborada para un desconocido cuando tengo mi círculo de amigos que me doran la píldora y yo se la doro a ellos? Eso sí, para los gestores resulta de los más cómodo. Se limitan a moderar los comentarios si alguno se sube de tono y ale, listo.

En definitiva, Literautas apunta a convertirse en una nueva y pequeña red social de amistades/contactos. Y a mí eso no me va (lo intenté con Scrites, pero no pude: esto del caralibro y similares me supera). No me va nada.

Lo dije desde el primer día: Literautas me ha servido de revulsivo, de acicate, de vigorizante. Me permitió salir del caparazón del bloqueo creativo, y de paso de mi cuarto oscuro, de esa dinámica de escribir sólo para mí. Todo ello se lo agradeceré siempre: si algún día me publican de verdad me siento en la obligación de incluirles en mi primera sección de Agradecimientos. Al César lo que es del César.

Pero el cambio en la dinámica del taller me hace alejarme de ellos. Casi con total seguridad no volveré a participar.

Así que sin aportaciones del taller ni serial ¿en qué quedará este blog? Pues en poco más que un escaparate de lo que vaya publicando por ahí, si consigo publicar algo. ¿De nuevo a la oscuridad de mi cuarto, a escribir en un 95% sólo para mí mismo? No lo sé. Al menos estoy seguro de que en esas tinieblas y en esa soledad me encuentro cómodo. El viaje fuera de ellas ha durado unos tres años, con un par de frutos destacables. No sé durante cuanto más se prolongará.

Hoy, más que nunca, tiene especial importancia la frase que cierra todas las entradas de este blog:

No hay adiós.

Que me han dado un TCCBA

No hay hola.

Así sin quererlo me han nominado a un premio de estos que se dan entre esas gentes rarunas que responden al nombre de blogueros. El premio en cuestión es un The Cracking Chrispmouse Bloogywog Award. El funcionamiento parece sencillo, así que lo voy a hacer todo de una sola tirada.

Mostrar el premio en el blog.

Imagen

Hecho.

Anunciar el premio y darle las gracias a quien te lo ha concedido.

Hablando de Wolfdux y su blog ese requisito queda satisfecho.

Nominar a 15 blogs.

Ahí radica el problema, porque desde hace años no leo blogs. Ninguno. Nada. Mi faceta asocial ha triunfado frente a la gregaria, o quizá el asco ante este mundo, y me he encerrado en mi concha. Así que voy a poner nada más alguno de las perdonas que ‘sigo’ en la única red social que uso, twitter.

Y no tengo más.

Poner un enlace a los blogs nominados y comunicárselo con un comentario.

Hecho y marchando.

Comentar siete cosas sobre uno mismo.

Lo admito: soy un condenado drogadicto. Todos los días visito a mi camello para que me de mi dosis. Pero nunca he intentado desintoxicarme; muy al contrario, he intentado meter en ese círculo a otros (¡he llegado a tratar de influir a niños!). La adicción me ha llevado a perder contacto con la realidad, a descuidar las relaciones con los demás, incluso con la familia. Cuando me chuto todo lo demás desaparece, mi universo rediciéndose a mi droga y yo. Además, ya perdido en el vicio (o mejor dicho por culpa de él) me he introducido en otra droga, quizá más dura. Sí, soy un yonki. No lo puedo negar: cada día necesito, con tanta urgencia como el agua y si duda más que respecto a la comida, mi dosis de lectura. Y de un tiempo acá también mi tiempo de escritura. Soy un adicto. Y me enorgullezco de ello.

Una vez dicho esto de mí lo demás son simples menudencias: solitario, perfeccionista, maniático, tímido, pesimista, realista.

Creo que con esto ya cumplí.

No hay adiós.

Si me quieres apoyar ya puedes hacerlo (un poco más)

No hay hola.

Puede que no te hayas fijado pero de unos días para acá he añadido un poco de html a algunas entradas, en concreto a las que albergan relatos. ¿Qué he añadido? Pues algo tan sencillo como un texto así:

¿Te ha gustado el cuento? Si quieres me puedes premiar con una donación: PayPal Donate Button

Así, si te ha gustado tanto el texto como para apoyarme ya puedes hacerlo de otra forma: donando aunque sea unos centimillos de euro. Mi ego y mi ánimo para seguir escribiendo os lo agradecerán infinitivamente. Por supuesto que siempre queda la primera opción de apoyo, la del comentario o la difusión por twitter, facebook o google+, algo casi más importante que la mera ayuda económica y que siempre os agradezco.

No hay adiós.

Y de twitter pasamos a Google+

No hay hola.

En la anterior entrada hablé de un concurso de La Esfera Cultural. Pues bien, tras enviar el correspondiente relato me llegó una invitación por parte del responsable de esa web para participar en Google+. Admito que no tengo ni idea de redes sociales, pero me picó la curiosidad y le di que sí. Así resulta que tengo una cuenta en esa red social, sin saber del todo lo que lograré con ello. ¿Mayor difusión de mis textos? Espero que sí.

Por ahora he configurado el blog para que vuelque cada publicación a Google+. Al menos lo mantendré así mientras le vaya cogiendo el punto a esa red social. Si se le cojo. Digo todo esto para que quien la usa sepa que se replicarán los contenidos de aquí allí.

No hay adiós.

Que me he creado una cuenta de twitter. Y gratis, oye.

No hay hola.

Pues eso, que con la tontería del regreso de vacaciones (y como buen ricachón que soy) me he creado una cuenta de twitter. No sé si escribiré mucho o poco en ella (seguro que más de lo último que de lo primero), pero servirá como otra manera de darse a conocer o decir cosas. Una manera más rápida y menos literaria, por desgracia. La cuenta la tenéis por ahí en algún lado de los laterales del blog: Juan F. Valdivia. Sí, muy original, sí.

Me he estrenado con un pardillo spammer/juntaletras que, sin conocerme de nada, se me ha puesto como seguidor sólo para promocionar sus novelas. Se trata de @pascualescritor, su web es pascual-garcia.blogspot.com.es y un ejemplo de su arte (al que le guste olé,  a mí no) lo tienen en esa misma web. Ha hecho un par de comentarios o twits y ha dejado de seguirme.

Tampoco le iba a servir de mucho el que le tuviera como seguidor, la verdad. Su arte me parece de lo más descuidado y burdo, con lo que no le iba a comprar ninguna de las novelas; y la adulación (mutua o no) basada en la falsedad y el interés pues como que no me va nada.

Bueno, a ver cómo se me da esto del twitter.

No hay adiós.

Y sin quererlo a alguien le ha gustado ‘Copos de nieve’

No hay hola.

Admito que de todos estos líos de las redes sociales (facebook, twitter y las demás) no tengo ni la más remota idea. Más aun, no me agradan, sobre todo cuando contemplo día a día los drogadictos que generan, todo el tiempo pendientes del móvil o del ordenador a ver ‘qué ha pasado’ o ‘qué ha dicho’.

Pero una cosa es que no me gusten las redes sociales y otra muy diferente tratar de ignorarlas de manera activa: por ahora no intento eso último. Por esa misma razón en el blog he puesto todas esas opciones de compartir, incluido el de ‘Me gusta’ WordPress. Ignoraba de su existencia hasta que me monté el blog, y me ha sorprendido ver que se usa.

¿Cómo me he enterado? Pues porque me ha llegado un correo diciendo que a alguien le ha gustado el relato ‘Copos de nieve’: ese alguien ha pulsado el botoncito de marras.

Para los malpensados: no, no tengo el placer de conocer a Jack Romero, ni es un amigo, ni un familiar ni nada. Se trata de alguien que no sé cómo ha llegado al blog, se ha tomado la molestia de leer el cuento (que rondando las tres mil palabrillas ya requiere un poco de esfuerzo y dedicación) y ha pulsado el ‘me gusta’. Por supuesto que le agradezco el gesto, y le agradecería más aun si me dijera cómo llegó al mismo, y si tiene algún comentario al texto. Sí, Jack tiene correo al que le puedo preguntar todo eso (e incluso un blog), pero me parece una ingerencia por mi parte.

Quizá algún día dé ese paso y le mande un correo para intentar hablar con él y que me aclare esas dudas. Mientras tanto, esté donde esté Jack y haga lo que haga, le doy las gracias. Y si le ha gustado tanto el relato como para querer difundirlo, pues más gracias aún.

Por ahora nada más.

No hay adiós.

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