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¿Qué pasó con Fuerza de mascarón?

No hay hola.

Hace ya cerca de un año acabé el serial de Fuerza de mascarón. Cada semana aparecía una entrega en Tierra Quebrada. Tras terminar la historia me dije de intentar publicarla. Incluso un ilustrador (Sergio Peña) se ofreció a realizar una ilustración de la portada, de la que mostré un pequeño avance.

Pero de eso han pasado ya casi un año. ¿Qué ha pasado? Lo voy a explicar en las siguientes líneas.

Acabé el serial en pleno verano. Me dije que antes de darle un repaso a la novelette no sería mala idea dejar pasar unos meses. A mediados de otoño empecé a revisarla y vi que no. El texto evidenciaba lo que viví durante esos meses: apresuramiento, improvisación y una redacción muy, pero que muy mejorable. Apenas revisaba el texto dos veces, dos veces en las que reescribía y reescribía de manera salvaje. Nada reposado ni ‘barbechado’. Eso supuso unas 70.000 palabras de cuerpo de texto, un cuerpo que –insisto– como mínimo se puede calificar de ‘mejorable’.

¿Y qué hacía con ese esfuerzo de varios meses?

Vi dos opciones:

  • Revisar y casi reescribir el texto, reorganizando párrafos, recortando otros y eliminando algunos más, pero dejando la historia base íntegra, o…
  • Pasado el tiempo se me había ‘reordenado en la mente’ la historia (con un guion cuya redacción final con facilidad duplicaría la extensión del texto origen). Me tentaba la idea de usar todas esas nuevas ideas y darle a la historia toda la dimensión que de verdad se merecía.

Estuve pensando en ello tiempo y tras mucho meditarlo opté por la opción dos. Me puse a ello, redacté un nuevo inicio, reescribí alguno de los episodios y entonces vi el gran ‘pero’ que envolvía a todo este asunto. Un pero muy gordo: esa tarea (redactar 70.000 palabras más, encajarlas con las anteriores, reorganizar y adecentar) conociendo mi manera de trabajar, en espiral, supondría con facilidad un año de dedicación exclusiva a la novela. Un año sin redactar nada más aparte de la novela, sin mover ni un solo texto por ningún lado. Atascado en toda la definición de la palabra. No me parece la mejor de las opciones. Un sacrificio enorme para quizá encontrarme con que no ha valido para nada, sobre todo si ninguna editorial lo acepta.

Así que ha quedado ahí este Fuerza de mascarón, en el limbo. En el disco duro duerme el nuevo guion (con más historia, más acción, más trasfondo, más de todo), listo para desarrollarse. Algún día me pondré a con él. Supongo. Pero cuando vea que hay un panorama más dispuesto a recibir mis cosicas, como los dos relatos que me han publicado en Argonautas.

No hay adiós.

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Fuerza de mascarón: se acabó lo que se daba

No hay hola.

La hora ha llegado: acabé de escribir las entregas de Fuerza de mascarón, el serial. No puedo negar que ha supuesto toda una experiencia, de la que he aprendido algunas cosas. Entre ellas el perder el miedo a las largas distancias y que en esas largas distancias hay que evitar la improvisación. Al menos no permitir que ella nos domine.

Fuerza de mascarón, el serial ha acabado contando con un cuerpo de poco más de setenta mil palabras. De lejos, de muy lejos, lo más largo que he escrito en mi vida. Y sin duda merece más extensión: sólo hay que ver cómo han evolucionado las entregas, desde las iniciales de poco más del millar de palabras a las finales que, por fuerza y por recomendación de la amable gente de Tierra Quebrada, he tenido que dividir en subentregas.

Una vez que Tierra Quebrada acabe de publicar el serial lo editaré en formato de libro electrónico, lo más seguro que incluyendo novedades que se os harán muy interesantes. Ya os informaré de ello.

Escribir Fuerza de mascarón, el serial ha supuesto para mí un antes y un después. Llevaba años pergeñando ese universo de fantasía mío, La Voluntad, pero siempre tratando de no hacerlo ‘un marco de fantasmadas y dragonadas donde la magia impera y aplasta todo’. Lo admito sin ninguna vergüenza: como lector no me declaro fan de la fantasía. Quizá he sabido elegir mal mis lecturas, pero me da la impresión que bajo las capas de hechizos, criaturas extrañas y combates de magos y guerreros se oculta un terrible vacío. Espero que cuando me ponga a ller la nueva hornada de autores (al menos para mí) como Abercrombie, Martin o Sanderson, por poner unos nombres, consigan los que Powers, Tolkien o Zelazny (salvo de la quema al delicioso Vance, al menos en lo relativo a Emphyrio o la Tierra moribunda, que no a Lyonesse) no lograron. He intentado, desde mi falta de experiencia, crear una historia en la que el componente mágico sólo sea uno más que encaje con un todo más humano (quizá la palabra apropiada sea ‘mundano’). Me gustaría creer que se puede quitar la magia (por ejemplo cambiad la criatura final por un ‘sencillo’ abordaje de piratas, si queréis) y aun así sigue existiendo una historia de personajes, de vida y muerte, de miserias personales y sueños cumplidos a pesar incluso del soñador. Espero haber logrado un poco de ello.

Supongo que el lector que ha seguido esto desde que empezó se ha dado cuenta, al igual que yo, de que más allá de la idea inicial (esa esbozada hace casi en un año en Literautas) Fuerza de mascarón ocultaba mucha historia. El Mar de Ashrae, las gentes que lo surcan y las naciones que lo bordean (con toda su historia y trasfondo) constituyen simples ejemplos de aspectos de la narración que muy bien pueden dar origen a sagas. La misma historia de ese último viaje de la Orgullo de Ashrae oculta en su sentina tal cantidad de subtramas y personajes (cada uno con un bagaje personal a sus espaldas) que ni siquiera este serial los ha podido sacar a la luz con la merecida extensión. El recurso de in medias res utilizado, heredado del microrrelato inicial, ha impedido narrar una serie de acontecimientos que ya acabado el serial considero importantes, si no vitales. Esos hechos, sobre los que he pasado poco menos que de puntillas, los narraré en la versión definitiva, ya ab ovo.

Mientras esa versión definitiva de la novela llega (espero que esta ya sea editada de manera profesional, con editor y dinero de por medio), si Sergio Penya se anima, iré desgranando nuevos contenidos. Acerca de Sergio Penya quería decir que me ha preparado una primera portada para la novela de la que me siento de verdad satisfecho. Por ahora no la voy a mostrar, pero que sepáis que seguro que os va a gustar al menos tanto como a mí. O más.

Espero que esta novela sea la primera de muchas, y yo que me convierta (si me dejáis) en el George R. R. Martin español. Por aspirar alto que quede. Editores, no sabéis la joya en bruto que podéis tener entre manos. A no ser que querráis hacer un Patrick Rothfuss.

No hay adiós.

Pinto, pinto, gorgorito, a este cuento le doy un repasito. O no: ¿tú cual prefieres?

No hay hola.

Para fastidio mío (me obligaba a escribir, lo que ya de por sí es mucho) ha llegado llega el momento en que el taller de Literautas cierra por vacaciones. Pero deja una tarea pendiente: la posibilidad de escoger y mejorar uno de los textos enviados para optar a participar en el segundo recopilatorio de textos del taller. Ni que decir tiene que quiero participar. La pregunta es ¿con cuál?

Yendo a la página de textos publicados he delimitado con dos marcas los que podrían optar a ello, pero de entrada se me caen algunos:

  • No me voy a poner a hacer una segunda versión de ‘La extraña conquista de BaradSar’ cuando ya mismo tengo empezada una novelización. Sí, apenas voy tres capítulos pero tampoco me ha dado tiempo a más. ¿Por qué? Sigue leyendo y lo sabrás.
  • En semejante tesitura está ‘Fuerza de mascarón’, el cual ahora mismo está apareciendo en forma de serial. Este cuento se está convirtiendo en ‘mi monstruo’. Las 750 palabras iniciales pasaron a un borrador previo de 10.000, que con las semanas de desarrollo e inspiración acaba de superar ayer mismo las 46.000. Este pequeño mostrenco lo podéis leer en la web de Tierra Quebrada. A día de hoy calculo que todavía le quedan, por lo menos, seis entregas. Seis semanas de estrés tratando que los textos, escritos en gran parte a vuelapluma, tengan ese mínimo de calidad que intento aportar a los cuentos del taller.
  • Luego está el caso del último relato que he enviado al taller, ‘El castigo’: al haberse ceñido a un ejercicio con la limitación de la ausencia de adjetivos el cuento se vuelve tan coyuntural que carece casi de sentido si se desvincula del propio ejercicio.

Según esto me queda un abanico de apenas cinco cuentos. De entre ellos quizá el que más me atrae sea el de ‘La cuenta atrás del relojero’: creo que la nueva horquilla de 1.500 palabras puede permitir darle un poco más de fondo sin acabar ahogado en la nueva extensión. Esos ‘ahogos’ en el límite de palabras me tienen ya algo cansado. Hay historias, como por ejemplo la de ‘La risa del músico’, que teniendo en cuenta lo que tengo en mente con facilidad pueden llegar a las diez o quince mil palabras, si no dar para una novela entera. Esto me pasa por pensar ‘a lo grande’, en plan ‘encajarlo todo dentro del universo de La Voluntad. Que la jodía da para mucho, no sé si demasiado.

Pero bueno, al fin y al cabo esa es mi opinión. ¿Y la vuestra? Si alguno de los otros relatos os parece más apropiado para pasar por el proceso de remozado decidlo en los comentarios. No os aseguro que os haga caso (la sinceridad ante todo ;)) pero sin duda tendré en cuenta esos comentarios para la compilación de cuentos que tengo en mente.

Espero vuestras palabras, queridos lectores. Todos a la vez no, por favor 🙂

No hay adiós.

‘Fuerza de mascarón’, de Literautas a Tierra Quebrada (en forma de serial)

No hay hola.

Pues sí, tal y como reza el asunto de esta entrada mi cuento ‘La fuerza del mascarón’, rebautizado a ‘Fuerza de mascarón’ y dejando las setecientas cincuenta palabras de Literautas para superar de largo las dieciséis mil, aterriza en forma de historia seriada en la web Tierra Quebrada. Se publicará por capítulos con periodicidad semanal todos los viernes a las 11:11. Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de las entregas no llegan a las mil palabras de longitud, los viernes dispondréis de una lectura corta y amena que se puede disfrutar en cualquier momento y lugar. El primer capítulo ya está en la red, con una presentación inicial del protagonista y en el que escucharemos el grito que desencadena la historia (grito que los lectores de la versión anterior ya conocerán).

No voy a decir que el relato actual tiene poco que ver con el original, no. La verdad sea dicha, esas dieciséis mil palabras han crecido en torno al texto original, creando un escenario mucho más detallado, tratamiento de personajes incluido. El protagonista se he vuelto más de carne y hueso, así como –creo haberlo logrado– el capitán y los propios mascarones, junto al barco pirata. Se han añadido escenas que sitúan el trasfondo del viaje e incluso se ha insertado una escena por completo nueva y que atestigua la amenaza que escondía el bajel pirata. Vamos, que lo añadido creo que no dejará indiferentes a los lectores de la primera versión, espero que gustándoles esta mucho más.

Escribir este cuento ha supuesto un esfuerzo añadido, sobre todo en el apartado de documentación: siempre me ha encantado leer a William Hope Hodgson y sus historias de terror marino, pero afrontar una historia ambientada en un barco de época, narrada por un marinero y que tanto su manera de reaccionar y de halar quede creíble ha implicado leer decenas de textos más o menos técnicos. Sé que alguien que lea el cuento y tenga experiencia en navegación encontrará fallos en el mismo: lo siento mucho, pero he hecho todo lo posible por ceñirme a lo que he creído entender de ese mundo tan complejo y hermoso como es el de la navegación. Si algún día se me permite dedicarme profesionalmente a esto de la escritura sin duda le dedicaré más tiempo a la documentación en algo tan ajeno a mí como los buques de vela de época.

Como pequeño aliciente a los que ya empiezan a conocer mis textos y estilo (que ya sé que haberlos haylos , gracias al taller de Literautas) aclarar que el cuento sirve para adentrarse un poco más en ese universo mágico mío llamado La Voluntad. Este poder aparece en acción en el cuento de dos maneras: una directa y nombrada, y otra intuida; la primera creadora y hermosa, la segunda violenta y fantasmal. Puede que toda ella sea lo mismo. O quizá no: sólo el capitán Lupus Larsenbar vio lo que vio. E incluso así quizá ni siquiera él sabe lo que vio.

No me voy a extender más, prefiriendo dar paso a esta primera entrega de ‘Fuerza de mascarón’, un cuento ambientado en el mar en el que la magia sólo es un elemento más dentro de una lucha de supervivencia. Espero que os agrade. Como siempre, espero vuestros comentarios.

No hay adiós.

2º premio y Quebrantin de Plata para ‘El alma del fantasma negro’

No hay hola.

Ayer se determinaron los ganadores del primer concurso ‘Continua una escena’ organizado por Bukus. Yo había enviado al mismo un relato, ‘El alma del fantasma negro’, un fanfiction inspirado en la saga de Elric.

No voy a negar que me atraía el ganar el premio principal, un Kindle (por ciertas razones que no entraré a detallar necesito un lector de Amazon como que ya mismo), pero también quería ver hasta qué punto podía llegar ahora que volvía a escribir.

Escribí el borrador del relato como quien dice en un plis plás y me encontré de nuevo contra las cuerdas de la longitud máxima: otra vez me veía obligado a tirar de tijera y eliminar párrafos, descripciones, referencias y detalles. Está visto que me pongan como límite la extensión que me pongan, algo en mi cabeza me lleva a redactar los borradores siempre al límite de esa extensión o a superarla, lo que me obliga a recortar.

Sea como fuere en un par de días conseguí encajar un texto del que me sentía más o menos orgulloso y lo envié a Bukus.

Debo hablar con sinceridad: no esperaba ganar nada, pero el que mi texto se difundiera ya suponía suficiente premio.

Así pasaron las semanas hasta la noche de ayer: Bukus nombraba los ganadores y mi relato no estaba por ningún sitio. Qué se iba a hacer: continuar y tirar para adelante, que el mundo no se acaba.

Sin embargo esta mañana me encontrado con una pequeña alegría: mi texto ha recibido por parte de Tierra Quebrada un segundo premio, un Quebrantín de Plata.

Desde aquí agradecer a la gente de Bukus y de Tierra Quebrada el premio.

Hay que decir que había pensado, como hago con los relatos del taller de Literautas, darle un repaso al texto una vez que hubiera salido como flamante no–ganador. Ahora que veo que se ha llevado un premio voy a optar por dejarle tal cual. Sólo si alguien alguna vez me lo requiere (¿un editor, por ejemplo?) lo retomaré. Al fin y al cabo se trata de una fanfiction, estilo literario que suelo rehuir por las limitaciones y falta de originalidad que supone.

No hay adiós.

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