• Libros Libres, magazine pulp

    Banner de la revista Libros Libres
  • Visiones fugaces: recopilación de microcuentos

    Visiones fugaces: recopilación de microcuentos
  • Renaissance: El nuevo ciclo de los mitos

    Renaissance: El nuevo ciclo de los mitos
  • Argonautas: I Antología y I Artbook

    Argonautas: I Antología y I Artbook. Nuevos ilustradores, nuevos autores. Y entre ellos este humilde servidor. ¡Sí!
  • Estoy en GoodReads

  • Esquirlas de Vacío

  • Si has caído en la sima ¿donas?

    PayPal Donate Button
  • Licencia Creative Commons

    Safe Creative #1410200141127

  • Anuncios

Una tontería, pero que quizá con el paso del tiempo resulta útil

No hay hola.

Ayer, con esa mierdecilla que viene en el móvil y que me selecciona noticias en función de mi supuesto perfil de google (hola, Gran Googlermano. ¿Qué tal va tu Policía del Pensamiento?), me apareció esta noticia: Brandon Sanderson destripa el Cosmere, su técnica narrativa, que incluye una hoja de Excel, y el momento que lo convirtió en escritor.

Admito que jamás he leído nada de Sanderson, pero sé que es uno de los gordos actuales del fantástico. Pero no, no me llamó la atención el poder conocer algo de su obra, vida y milagros: para mí es un autor que no existe. Pero en el título de la noticia hablaban de Excel. ¿Qué narices pintaba el Excel en todo eso? Solo por eso me tragué todo el artículo.

Tras leerlo al completo, y aconsejo hacerlo, me enteré un poco de lo que iban sus libros. Quizá algún día, si llega uno a mis manos, le dé una oportunidad. También descubrí a lo que había venido: la tontería del Excel. Me resultó un detalle tan curioso que he empezado a hacer algo similar. A modo de primer apunte, hoy he sacado 2582 palabras. A ver si consigo mantener la media de las 2000 que sugería King. Tendré la Excel como prueba de ello.

No hay adiós.

Anuncios

Parece ser que se rompió la maldición

No hay hola.

Mi anterior entrada hacía referencia a una maldición casi tan poderosa como la de la página en blanco: la procrastinación. Durante meses me he visto bajo su influjo: viendo series, leyendo libros, jugando con el móvil, escribiendo microrrelatos… mil y un escusas para no retomar el trabajo duro de verdad que tengo pendiente, la novela.

He de admitir que incluso me ha dado miedo no poder ponerme ante ella. No sé si se trataba de un tipo raro de bloqueo o qué, pero ahí estaba, no pudiendo plantarme ante el Word.

Sé que una parte de esa reticencia (una muy pequeña, pero que ahí está) puede que se deba a la ansiedad que me está entrando por la cercanía de publicación de mi primera novela. Se me acumulan las dudas. ¿Cómo la recibirá la gente? ¿Gustará? ¿O no? ¿Recibirá críticas buenas? ¿Malas? ¿Acaso habrá críticas? ¿Me la arrojarán a la cara?

Ese asunto apenas debe suponer una parte ínfima del problema de la procrastinación, lo sé. ¿A qué se debe esta? La verdad, lo ignoro.

Pero hoy puedo decir que parece que se ha roto la maldición: no hay nada mejor que una bronca familiar para encerrarme en el cuarto y darle al teclado. Como se suele decir, no hay mal que por bien no venga.

Sí, hoy he vuelto a meter mano a la novela. ¿Cómo? Repasando y ampliando lo último que escribí (cuatro miserables páginas) hace ya más de tres meses. Pero menos da una piedra. Espero retomar poco a poco el ritmo y acabar como cuando estaba con la otra, escribiendo una media de unas tres o cuatro horas diarias.

Aquí os dejo la prueba del delito: el inicio del capítulo que he repasado.

Se acabó la procrastinación.

Se acabó la procrastinación.

Viendo la imagen de arriba… puede que otra de las cosas que me ha hecho reticente a ponerme con la novela se deba al volumen que esta está adquiriendo. Si os fijáis en la imagen, estoy aún con el primer borrador (eso significa lo de “V1” en el título del capítulo), y ya me he plantado en la página 211.

Se dice pronto: doscientas once páginas.

De un primer borrador.

Y eso que la historia está en un punto más o menos intermedio.

¿El primer borrador llegará a las quinientas páginas? Teniendo en cuenta que mis segundos borradores siempre suelen aumentar en palabras (más subtramas, más detalles, más diálogos) en torno a un veinte por ciento, ¿el borrador definitivo llegará a las seiscientas páginas? ¿Quién cojones va a querer publicar semejante mostrenco?

Prefiero no pensar en eso. La acabaré. Encontraré un editor. Gustará. Y me sacará de pobre.

Hay que mostrarse positivo. Y por ahora hay algo muy real: vuelvo al trabajo, a tejer historias. A la vida de verdad. Porque sé que si escribo estoy vivo.

No hay adiós.

Procrastinación

Del lat. procrastinatio, -ōnis.

1. f. Acción y efecto de procrastinar.

2. f. Maldición vermiforme y adictiva que se aloja en el cerebro, donde devora de manera silenciosa el tiempo y la voluntad.

Nuevo cuento mío, esta vez en ‘Libros Libres Nº5: Una Odisea hacia las estrellas’

No hay hola.

Ya tenéis a vuestra disposición un nuevo número de Libros Libres: este número 5 está dedicado a ese subgénero de la ciencia ficción llamado space opera. En él encontraréis, junto a muchos otros cuentos y toda una colección de ilustraciones, una nueva historia mía.

Libros Libres 5

Libros Libres 5

Podéis conseguir la revista de varias maneras:

  1. A través de Lektu, como en otras ocasiones.
  2. Con su versión de Issuu (esto es una novedad muy agradable).
  3. Pidiendo una copia física a sus editores.

La nueva revista se presentó en la tertulia que anuncié hace unos días, y la que no pude acudir por tener que cumplir con los deberes más mundanos que uno se pueda imaginar: hacer la compra y preparar la comida 😛 De todas maneras tenéis a vuestra disposición un resumen de lo que se hizo en esa fiesta.

Ahora me toca hablar un poco de mi aportación. La historia, titulada ‘Ese planeta dorado’, está inspirada de manera directa en un clásico televisivo, uno que ha generado toda una estirpe de aficionados a la ciencia ficción. Releyendo el cuento creo que debo admitir que el subconsciente me la ha jugado, creando un vínculo entre mi historia y la segunda película (tras la serie original se produjo toda una saga de filmes), y eso que esa no me gusta en especial.

No voy a decir más del cuento. Leedlo y a ver si tras ello adivináis a qué serie me refiero y a qué películas.

No hay adiós.

Tertulia en Blanco (19/5): Space Opera

Tertulia en Blanco - Space opera

Tertulia en Blanco – Space opera

No hay hola.

Atención, gente: la asociación cultural Página en Blanco tiene preparado un nuevo evento, esta vez de carácter doble. El próximo día 19 de mayo (sábado), entre las 11 y las 13 horas, se celebrará una tertulia con el género del space opera como hilo conductor. Además, en ese mismo acto se realizará la presentación del número 5 de la revista Libros Libres. Por supuesto, todos estáis invitados a venir y participar.

Debido a la coincidencia de ambos eventos, seguro que alguno de los autores que participan en la revista estarán por ahí. Caza-autógrafos, ya sabéis dónde ir 😉

Tenéis el cuándo y el qué. Ahora solo falta el dónde: todo esto sucederá en La ría de chocolate, sita en c/ Moraña, 7, Leganés.

Para los despistados, reúno aquí los datos:

Evento: tertulia.

Día: 19 de mayo.

Hora: de 11 a 13 horas.

Sitio: La ría de chocolate, c/ Moraña, 7, Leganés.

Tema: space opera, una odisea a las estrellas.

Extra: presentación del número 5 de la revista Libros Libres.

Así que ya sabéis. Si estás en la zona esa mañana y te gusta la ciencia ficción (y las tartas) no tienes excusa.

No hay adiós.

Canción del alba

No hay hola.

Envié este cuento para participar en el I Certamen de Microrrelatos “Miguel Hernández”. Lo escribí a saltacaballo el último día del plazo de entrega, entregándolo poco menos que sobre el límite.

El día de la entrega de premios (el pasado 27 de abril) estuve en el colegio donde se celebró el evento, a ver si había un poco de suerte. Pero no, mi cuento no ganó 😦

Entrega Premios I Certamen de Microrrelatos “Miguel Hernández”

Entrega Premios I Certamen de Microrrelatos “Miguel Hernández”.

Voy a hablar un poco de mi ‘Canción del alba’. Se trata de una historia sin toque fantástico alguno: decidí eliminar todo elemento fantasioso u oscuro para así no espantar al jurado. Lo hice porque me esperaba que fuera de un corte más tradicional que el que suele participar en concursos de género. Por eso elegí una historia como la presente. De ella decir que la orienté de manera premeditada hacia el autor que da nombre al premio, Miguel Hernández. Quien conozca un poco su vida y obra de captará los guiños que le hago al poeta, y sobre todo a su obra más famosa, Las nanas de la cebolla. Pensaba que así conseguiría caer en gracia, pero se ve que esa táctica no funcionó 😛

En la ceremonia de entrega, aparte de leer el cuento ganador, se leyeron algunos de los relatos finalistas. Para mi sorpresa, entre ellos había mucha mala leche: que contaban historias de odio, rabia e incluso humor negro. Y pensar que yo me esforcé en escribir un relato ligero y blanco, uno que no asustase ni por imágenes macabras ni de corte depresivo 😛 Está visto que tengo una capacidad nula para leer lo que busca un jurado. Así me va con los concursos.

Qué se va a hacer.

Nota: una vez fui jurado de un concurso de cortos. La experiencia se me hizo muy desagradable porque, pese a la criba previa (me entregaron una veintena de relatos finalistas, de un centenar recibidos), me encontré con cuentos redactados mal no, lo siguiente. El tema de la puntuación, que yo intento cumplir a rajatabla, se saltaba del todo por alto. Me pregunto si, entre esas historias finalistas (con un fondo duro e interesante), habrá alguna que yo hubiera descartado por tener una forma mala: problemas de sintaxis, de puntuación o faltas de ortografía. Sí, sigo siento un intransigente en ese aspecto: tanto para mis textos como para los de los demás. Y yo mismo me doy cuenta de que cometo muchos errores de ese tipo, que conste. Sobre todo en texto a vuelapluma como este.

Bueno, no me enrollo más, que ya ocupa más esta introducción que el propio relato que presenta. Aquí os dejo mi cuento. Espero que esta ‘Canción del alba’ os guste más que al jurado.

No hay adiós.


Los primeros rayos de sol despuntaban sobre la sierra cuando Manuel llegó al huerto. La mañana de enero, fría e inhóspita, le retaba a regresar a su casa:

—Manuel, aquí solo hay negrura y escarcha —parecía decir la madrugada—. Vuelve, desiste.

Pero él amaba su campo, su huerta.

En el pequeño cobertizo, repleto de aperos, había una llave de paso. Al girarla escuchó el murmullo alegre del agua al fluir libre. Cogió una azadilla: incluso en esa época del año los hierbajos no concedían tregua.

Cuando salió del chamizo el sol ya cubría el terreno con una manta de claridad fantasmal. Bajo ella descubrió el huerto tapizado de flores blancas. Indiferentes al espectáculo, los aspersores arrojaban una lluvia que desgranaba los rayos solares en niebla arcoíris.

El espectáculo sacudió a Manuel:

—El huerto llora y sonríe —murmuró—. Y el sol lo bendice con besos multicolores.

De repente le invadió una imagen de rejas, hambre y soledad. Tras ella fluyó una melodía tierna, cadenciosa.

Se adentró entre las flores. Lo hizo tatareando la canción dulce, arrulladora. Paternal.

Una espina se desgajó de su corazón.

Manuel esbozó una sonrisa. Reconfortado, se dispuso a cuidar de su huerto, su amado cebollar.

Té rojo

No hay hola.

Voy a colgar en la web un relato tal cual como lo escribí hace cosa de quince años. Lo dicho: tal cual, sin cambiar una sola coma, sin corregir un solo error ni mejorar defecto alguno. No suelo hacer esto: cuando retomo un cuento antiguo lo vuelvo a pulir de cabo a rabo. Muchas veces la cosa acaba con una reescritura completa. Pero este no va a ser el caso. Lo voy a hacer de manera premeditada, todo a raíz del robo de un cuento mío, algo de lo que ya hablé hace unos días.

Años atrás me dijeron que, si en dos webs distintas hay el mismo contenido, Google es muy listo y las borra de sus registros.

Pues bien: voy a colgar mi texto de «Té rojo» tal y como lo escribí hace años, que en un 99 % es idéntico al de la tal Isis.desvelada, ladrona de cuentos. A ver si así Google hace que ambas entradas desaparezcan de sus índices.

Sé que puede sonar algo infantil, pero si lo consigo me doy con un canto en lo dientes. Ni para ti ni para mí, Isis.desvelada.

No hay adiós.

Entré por primera vez en aquel local durante una gélida y tormentosa noche de invierno, en la que las almas se encogían temerosas de la dentellada glaciar del viento. Tomé asiento en una esquina, oscura y recóndita, y pedí un té rojo. La camarera, una anciana de blanca piel -casi apergaminada- y de gesto adusto, regresó con un vaso de cristal tallado y una diminuta tetera: de su interior emanaba un fuerte e intenso aroma. La infusión, de sabor especial aunque con cierto matiz familiar, me hizo renacer.

Cuando la primavera desbordaba color ridiculizando mi existencia gris, regresé. El rincón me esperaba. Misma camarera, igual silencio, idéntico y soberbio té. Lo bebí inmerso entre las sombras, denso y herrumbroso líquido. Su lava recorrió mis venas y sentí cómo mi alma se coloreaba.

Agosto derretía los cuerpos cuando mi deambular me trajo de nuevo a la tetería. El sudor empapaba mi cuerpo, pegajosa manta que volvía todos mis movimientos lentos, reptilescos. No hubo palabras: mi asiento, mi mesa, mi esquina; la pálida mujer, la tetera y el vaso de cristal tallado. La tórrida bruma del té me desperezó, exorcizando el aturdimiento.

La campiña se disfrazaba de ocres elíseos cuando descendí los lóbregos escalones. La tristeza del otoño, volando de hoja en hoja, se había adueñado de mi espíritu. No pedí té: me limité a caminar hacia la barra y mirar a los ojos a la camarera. Ella, sin pronunciar palabra, escudriñó en mi alma. Tal y como esperaba, leyó aquello que yo temía decir: mi tiempo había concluido. Sonrió por primera vez, y temblé ante su mueca lasciva. Deslizó su mano hacia el vestido para descubrir un pecho mustio. Una uña, larga y negra como garra de pantera, trazó un arco rojo en la lívida piel. Así bebí otra vez su té: denso, cálido, intenso. Vida.

Wolfdux's Lair

Blog de relatos

Las lecturas de Miss Iracunda

Libros que leo y otras historias

La desdicha de ser salmón

Pequeñas Literaturas por Aurora Losa

Miss Iracunda

Relatos perversos, macabros y peculiares.

A %d blogueros les gusta esto: